“El Gordo” se llamaba Alberto De León

El martes se conmemoró el «Día Internacional del Detenido Desaparecido». En San José, esta fecha tiene mucho significado, sobre todo para quienes conocieron a un joven socialista que a los 22 años se exilió en Buenos Aires y un día no se supo más de él.
Carmen Dagnino (57 años), militante frenteamplista y socialista dice: «Para mí el 30 de agosto tiene nombre y apellido: Alberto De León».

Ni bien le propusimos hablar de Alberto aceptó. Apenas unas frases y la emoción emerge al recordar a un compañero querido: «Fuimos compañeros de Liceo de primero a cuarto año. Además, los dos integrábamos la Asociación Maragata de Estudiantes Liceales (AMEL). En la lista de clases él siempre me seguía, ‘Dagnino, De León’… entonces casi siempre nos sentábamos juntos. Así fue que nos hicimos muy compinches con «El gordo». Le decíamos así cariñosamente y a él no le molestaba. Era un muchacho muy querible, cariñoso con todos y de perfil bajo. Yo personalmente le decía «Osito» porque a él nunca le faltaba un abrazo cuando alguien lo necesitaba (…) Fuimos estudiantes y militantes en años muy difíciles, cuando ya había un movimiento estudiantil importante en San José. Nosotros éramos los chiquitos de primero, que seguíamos a los líderes más grandes. Con Alberto congeniamos enseguida y años después coincidimos también militando en el Partido Socialista, en las brigadas juveniles. Él ya tenía una raíz política que la heredó principalmente de su hermano, el «Pepe» De León».

Un día en que Vivián Trías visitó San José, muchos jóvenes entusiastas, compañeros de Alberto De León del Partido Socialista, lo rodean: Gonzalo Betarte, Beatriz Sosa, Alexis Turconi, César Peraza, Ariel Britos, Artigas De León, Vivián Trías, Raúl Bassini, Mario Sóñora, Carmen Dagnino, Julio Benedet, William Pérez, Silvia Villalba, Yermén Peraza, Mario Grasso, Graciela Ibarra, Aída Altieri, Alicia Revetria, Marta Squera, Luis Malespina, Hugo Bravo, María Perera, Ana Guelvenzu, Oscar Peraza.

Surgen más y más recuerdos gratos: «Alberto era muy callado y muy humilde. Me parece verlo en su bicicleta vieja, que por cierto no era muy linda (y sonríe), con los libros en la parrilla… Era tranquilo, de perfil bajo, pero a medida que lo ibas conociendo te dabas cuenta de que era muy decidido y tenía una ‘polenta’ bárbara cuando se ponía a hablar. Tenía muy claro lo que quería. Y eso sí, en la clase se destacaba como el chistoso. Ese que tiene una respuesta enseguida, una chispa y espontaneidad que te hacía reír como loca».

El tono de la entrevista varía. Ya ni siquiera percibimos los comentarios de su nieto Nahuel, que juega junto a nosotros. Carmen recuerda cómo fue perdiendo de vista al «Gordo»: «Eran tiempos donde todos los días escuchábamos en la radio la musiquita de las Fuerzas Conjuntas y temblábamos esperando escuchar los nombres de los compañeros detenidos. A muchos los conocíamos… Fue muy duro (…) Hacía tiempo que Alberto se había ido a trabajar a Buenos Aires, junto con Humberto Armando. Yo no sé qué hacía allá pero sí recuerdo que era ambicioso y muy solidario a la hora de pensar en hacer por los demás (…) Cuando venía de visita siempre pasaba por casa a saludarnos y a charlar, pero no contaba mucho y nosotros tampoco preguntábamos. Intuíamos que algo había y en cierta manera, no queríamos saberlo. Sentíamos miedo a saber (…) Sí estábamos al tanto de que él militaba fuertemente en Argentina».
Comenzaron los rumores de que Alberto estaba detenido: «Teníamos preso en Montevideo al compañero «Chocoto» Tortosa y él y yo nos carteábamos; aún guardo sus cartas, escritas con una letra muy chiquititita (y nos hace señas hacia un aparador). Un día por escrito preguntó si sabíamos algo de Alberto (…) El ‘Gordo’ se borró del mapa para todos nosotros. Dejó de venir y tampoco volvió a la pensión que ocupaba en Buenos Aires. Ya todos imaginamos lo que estaba pasando, hasta que por otros compañeros nos enteramos que había caído preso. No recuerdo bien cómo me enteré yo, pero seguramente fue cuando se corrió la voz en San José (…) Aparentemente habría andado un tiempo por Perú, o por lo menos eso fue lo que siempre sospechamos. Él había empezado una relación con una joven peruana, hija de un dirigente revolucionario de ese país; pero no supimos nada más (…) Es increíble, pero hay gente de San José que no sabe esta historia y piensa que no hubo desparecidos en nuestra ciudad. Lamentablemente, sufrimos la desaparición de un chiquilín de 22 años, que buscó lo mejor para los demás».

«Alberto no dejó rastros. O mejor dicho, dejó rastros emocionales en sus compañeros de San José. Fue un tipo muy querido; nadie te puede decir lo contrario porque todos lo recuerdan así, como un buen tipo».

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2 Responses to “El Gordo” se llamaba Alberto De León

  1. MIGUEL GARETA DE LEON says:

    Sra. Alejandra Fuentes :
    El articulo sobre Alberto De León me emociono mucho porque lo conocí y de algo estoy seguro que era un buen tipo.-
    Si podés agradecele a la Sra. Dagnino por recordarlo, así como era , nosotros sus 7 sobrinos y sus 2 hermanos José y Amalia lo recordamos todos los días.-
    atte.-
    MIGUEL GARETA DE LEON

    • Anónimo says:

      Muchas gracias Miguel y por supuesto que le mandaré saludos a Carmen. Desde aquí un saludo cordial para ustedes.
      Alejandra

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