Debates y dilemas de nuestro tiempo

El Frente Amplio cambió la cultura política de los orientales, pero la cultura política ha cambiado al Frente.

Culminación de una etapa y comienzo de otra nueva y distinta, en 1971 se conformó el Frente Amplio de los uruguayos. Se sintieron convocados mujeres y hombres de izquierda con definición anticapitalista, pero también sectores de raíz nacionalista, cristiana, batllista… Se puede definirlos como ‘progresistas’.
En el panorama político se perfiló como fuerza de neta oposición a la derecha; su crecimiento significó reducir espacios similares dentro de los Partidos Tradicionales. Blancos y Colorados sufrieron la ‘derechización’ de sus colectividades hasta que cobra fuerza la confluencia de esas dos colectividades unidas con el propósito de frenar el avance de la izquierda.
Por su parte la izquierda constata que la estrategia de crecimiento electoral más eficiente consiste en correr su discurso hacia el centro, tejer acuerdos con referentes de los partidos tradicionales y tener amplitud y generosidad a la hora de ofrecer responsabilidades de gobierno.
El Frente crece e incorpora, con la nueva gente, la vieja cultura política que termina por integrarse totalmente. Los ‘viejos izquierdistas’ pasamos a tener los ‘figurines’ atrasados casi sin darnos cuenta. Los que consideramos pilares fundamentales de una propuesta alternativa se diluyen. Ya no se trata de cambiar un sistema injusto sino de hacerlo ‘más justo’. Se argumenta además que el FA nunca fue socialista, aunque nadie dijo nunca que lo haya sido. Que en la izquierda hay quienes no son anticapitalistas y que eso siempre fue así. Cierto, pero hay un aspecto que resulta sustancial: hubo una etapa inicial en la que la ideología predominante en el Frente era claramente anticapitalista. En aquel entonces, muchos hoy  incorporados a esta fuerza política, no querían adherirse precisamente por eso.
El Frente nace ofreciendo a la población «programa y candidato único». Cuatro décadas después, los aspectos programáticos se ven relativizados por las necesidades pragmáticas de una cultura de gobierno que hereda aspectos importantes de la política tradicional. A nivel departamental la elaboración de Programa ha sido pobre y la participación en ella limitada. Las candidaturas múltiples a las intendencias han sido legitimadas para el interior, por los mismos argumentos que hace 40 años consideramos «tramposos». Abrir el abanico para rastrillar votos ahora está bien, pero estaba mal antes.
Si volvemos a lo programático vale recordar que el Frente nace con algunas consignas básicas: Reforma Agraria, Nacionalización de la Banca y del Comercio Exterior por ejemplo.
Vale preguntarse si el sentido de aquellas consignas ha perdido vigencia. ¿Tenemos problemas con la tenencia y el uso de la tierra? ¿Las sucesivas crisis bancarias muestran o no la necesidad de tener una política hacia el sector financiero que proteja la economía real, controle la fuga de capitales y oriente los recursos hacia la producción? Las cadenas productivas que constituyen los pilares de nuestras exportaciones han sufrido un proceso de extranjerización (arroz y carne por ejemplo) que podría ser motivo de preocupaciones… o quizá no. Pero por algo hay quienes plantean tener un frigorífico que oficie de ente  testigo, proteja al productor y al consumo nacional.
Como telón de fondo de estos debates legítimos y necesarios, están las opciones y la legitimidad del sistema, cuestionado por sus resultados y por jerarquizar los derechos referidos a la propiedad por encima de los derechos humanos.
El celo excesivo por ofrecer «seguridad» al capital y al inversor, tiene como contracara la imposibilidad de atender en tiempo y forma las necesidades sociales más acuciantes.
Mientras las ganancias suben en forma sostenida y rápida, asalariados, jubilados, trabajadores por cuenta propia y pequeños empresarios esperan y desesperan porque les llegue el turno de ver mejorar su situación.
Como frutilla de la torta, desde la izquierda surgen cada vez con más fuerza las advertencias respecto a que las mejoras, insuficientes pero tangibles que han tenido los sectores más humildes, han sido financiadas más por los sectores medios y medios altos que por los que realmente se benefician del sistema. Sencillamente dentro del sistema no hay reparto justo posible: es un problema de poder.
D.R.

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