La fibra se corta por lo más fino

La fábrica lleva una década cerrada pero esta semana entraron a la planta los últimos camiones con materia prima que vino de Argentina. La caldera está habilitada y estaba todo pronto, sólo faltaba otro poco de plata para concretar el arranque.
Cuando devaluó Brasil, Polímeros Uruguayos, endeudado, entró en una crisis de la que no podía salir sin nuevas inversiones. Los dueños (inversores) se borraron y no aparecieron nuevos capitalistas que la reabrieran. Pasó el tiempo y surgió la idea, entre sus trabajadores, de hacer una cooperativa.
El proyecto fue estudiado, durante años, por ministerios, bancos, la Justicia y la Corporación Nacional para el Desarrollo. Directores, gerentes y técnicos lo miraron de todos lados: pasó todos los exámenes. En filas del anterior gobierno aparecieron quienes apoyaron la idea, en general gente que cree en la propiedad social, el cooperativismo y la autogestión como elementos para construir una alternativa al capitalismo.
Los cooperativistas tuvieron la paciencia y la tenacidad suficiente para sortear todos los obstáculos, para aclarar todas las dudas y lograron avanzar sustancialmente. La Corporación Nacional para el Desarrollo aportó fondos para una primera etapa, que debía culminar con la fabricación de una partida de fibra y su venta en Brasil.
Hoy está todo parado de nuevo. La gente, que necesita vivir, se va en busca de otro trabajo. Falta dinero para pagar lo que se debe a proveedores y trabajadores. Representantes del movimiento de las empresas recuperadas por sus trabajadores se entrevistaron con el presidente José Mujica y en principio obtuvieron su apoyo. En el caso de Coopima piden, para arrancar, un esfuerzo más: faltan menos de 200 mil dólares para hacer fibra e ir a Brasil a negociarla.
Si se hiciera eso quedaría claro el tema de la viabilidad del emprendimiento.
Mientras Luis Porto (presidente de la CND) designa un gerente y estudia (otra vez) si se sigue apoyando a la cooperativa, el proyecto puede morirse. No resolver ahora puede significar, de facto, decidir liquidarlo.
¿Los estudios anteriores están cuestionados? La opinión de quienes en su momento lo aprobaron política y técnicamente ¿por qué no sirve ahora?
¿El Frente Amplio sigue creyendo en los trabajadores o cree que se construye un buen futuro sólo sobre la base de inversores y mercado capitalista?
En torno a Coopima hay gente. Familias que depositaron esfuerzo, confianza y esperanza. Quien decide sentado cómodo atrás de un escritorio, mirando otra vez números revisados veinte veces, debería ser consciente, por lo menos, que lo que no haga tiene consecuencias, tan serias para la vida de esa gente como lo que decida hacer. El tiempo que le lleve también decide.
D.R.

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