San José Hoy estuvo en (la)… …capilla

Danilo Lamenza Mauri

Mariano Albistur Jaunarena (Majau) trepado al andamio, pincel en mano, disfruta el trabajo artístico en la capilla del barrio Industrial.

Y no es un juego de palabras. El emplazamiento provino de una inquieta fotógrafa de la casa. Pero dejémoslo ahí e intentemos la sucinta crónica.

En el lugar, sólo para los más veteranos son un recuerdo los carros de cuatro ruedas –lentos y chirriantes bajo el peso de la dorada carga– que tiraban robustos frisones. Más adelante –siempre el progreso– vendrían los modernos camiones y sus remolques. En algún momento –o quizás siempre– confluyeron ambos medios de carga. El ferrocarril, no muy lejos de allí, también aportó lo suyo. Y un día -¿con piedra de qué color habría de marcarse?- todo faltó: edificaciones, obreros, vehículos y hasta la sierpe articulada que se desplaza sobre acerados carriles.

Ya va para largos años que los habitantes del Barrio Industrial han dejado de entreoír el fragor del viejo molino Gramon, cuando todavía modulaba su salterio canónico de jornales.
Un esmirriado remedo de plazoleta y algunas residencias particulares, sustituyen hoy las otrora construcciones que, en tiempos pasados, prestaron a dicho sector de la ciudad su particular característica de barrio obrero.
Sin obviar al estadio «Casto Martínez Laguarda», tabernáculo profano de esa religión llamada «fútbol», cuatro o cinco enclaves edilicios pugnan por mantener la identidad barrial, en lo que hace a patrimonio arquitectónico.

De entre ellos, hoy quisimos detener la mirada en la sobria capilla lugareña. Una sencilla fachada colonial, en la que el énfasis radica en la cruz y en sendas ojivadas hornacinas, a un lado y otro de la entrada principal, constituyen casi la única prodigalidad ornamental.
Nuestra Señora del Rosario de Pompeya es la advocación del templete y le regentea en la actualidad el Pbro. Javier Hernández.
La generosidad del vecindario, de algunos comercios locales y, sobre todo, la nobleza y extremada sensibilidad del plástico Mariano Albistur, excelente dibujante y mejor colorista, están plasmando una tarea de embellecimiento en el austero frontispicio. En efecto, en una de las ojivas señorea la imagen de la Virgen de advocación, quien da un rosario a un pequeñuelo; en la otra, el carpintero José se inclina sobre su labor.
Símbolos ambos de la fe sencilla que no sabe de las arduas especulaciones teológicas, flanquearán, de ahora en adelante, el ingreso de los fieles que allí concurran. Al caudal de los valores confesionales, se unirá el fuste del siempre posible goce estético.

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