«La justicia para mí empieza por la verdad»

Nos encontramos en Montevideo, el lunes 26 de abril, en el Centro Cultural de la Embajada Argentina. Nos inquietaba saber un poco más de su vida en San José. No se le conocían amigos maragatos.
En una extensa entrevista nos cuenta su historia, su encuentro con Pablo Galimberti, su decisión de presentar una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, qué piensa de la Justicia uruguaya y sobre que la Ley de Caducidad continúe vigente.

ESTELA SELLANES

MACARENA GELMAN.

¿Qué edad tenías cuando vivías en San José?
-Yo nunca viví en San José. Iba y volvía, no vivía allá.

-Pero la casa de tus padres era en San José…
-Mis padres estaban allá en ocasión del cargo de papá y en la casa que correspondía por ser el Jefe de Policía.

-¿Viajabas a visitarlos entonces?
-Viajaba varias veces en la semana, iba y volvía pero yo estaba haciendo Facultad acá (en Montevideo) y tenía mi casa acá porque nosotros siempre vivimos acá.

-¿Qué edad tenías cuando tus padres estuvieron en San José?
-18 años.

-¿Y ellos cuántos años estuvieron en San José por el cargo?
-Cinco años casi, hasta que papá falleció.

-¿Tenías amigos en San José? ¿Hacías alguna actividad allá?
-No, si salía lo hacía con mis amigas de Montevideo.

-Estudiabas bioquímica.
-Sí; pero todavía no me he recibido.

-¿Después tu madre volvió a Montevideo a vivir con vos?
-Sí, cuando papá falleció, a fines del año 99.

-¿Ahora vivís con tu madre?
-Sí.

-¿Cómo es tu relación con Esmeralda?
-Bien, de madre a hija.

-¿Cómo llegó Pablo Galimberti a tu vida y qué rol jugó desde el principio?

-Galimberti es a quien mi abuelo paterno le pide que interceda o que se acerque a mi mamá para plantear lo que él presumía luego de una investigación muy pormenorizada y bastante importante. Y bueno, Galimberti así lo hace. Alguna vez nos habíamos cruzado en algún evento pero yo no había tenido conversaciones con él. Cuando mi mamá me dice que Galimberti había ido a plantearle eso, me dijo que lo que yo quisiera saber se lo podía preguntar a él que era quien más información tenía.
Yo me reúno con él y es él el que me cuenta toda la historia que después se supo y que fue de público conocimiento.

-Hasta ese momento vos no tenías ni idea de tu origen…
-No, para nada.

-¿Qué sentiste?
-Obviamente un gran impacto, un shock, que duró bastante. Después él me fue acompañando en las distintas etapas. Yo seguía conversando con él; es una persona a la que yo respeto mucho y a mí me servía realmente conversar algunas cosas, algunas decisiones. A veces simplemente desahogarme. Eso se sostuvo y al día de hoy, con menos frecuencia, sigo el contacto con él.

-¿Esa charla fue poco después de que falleciera tu padre?
-Sí, a los cuatro meses.

-Ahora que ha pasado el tiempo, ¿qué sentimientos tenés?
-Es bastante difícil contestar. Creo que a medida que ha ido pasando el tiempo y de acuerdo a cómo se han desarrollado las cosas, los sentimientos fueron cambiando. Hay un poco de cansancio; siempre la misma expectativa; la decepción de pronto un poco por lo que no se ha podido avanzar… Obviamente voy a seguir haciendo lo posible para lograr lo que surge como una necesidad personal, mía y de mi familia. Así que bueno, siempre la expectativa, apostando a recorrer todos los caminos que sean posible, ahora con la presentación ante la Corte Interamericana. Un poco está depositado ahí lo que hemos venido planteando desde hace muchos años.

-¿Por qué presentás el caso ante la Corte Interamericana? ¿Creés que la Justicia de nuestro país no da respuestas?
-Creo que la Justicia en este momento no da respuestas. (…) Simplemente creo que como está planteada la Justicia en este momento, se hace muy difícil la investigación, por lo tanto evidentemente no puede dar respuestas; lo que sí puede hacer es establecer la responsabilidad. Yo creo que la responsabilidad viene siendo ampliamente demostrada desde que me encontraron a mí y el tema central es que no hemos podido avanzar nada, no desde las investigaciones de mi abuelo sino de las del Estado. Las investigaciones del Estado no aportaron más de lo que ya sabíamos (…) el Estado no ha dado respuestas satisfactorias, la Justicia no ha dado ninguna respuesta satisfactoria y esto no significa que yo estoy esperando que condenen rápidamente, esto significa que yo quiero una investigación y la investigación en los términos en que está planteada no se puede dar y eso constituye uno de los reclamos ante la Corte. El tema de la Corte viene a raíz del traslado que le dio la Comisión (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). Nosotros venimos en este proceso hace cuatro años, no es nuevo. La presentación ante la Corte surge naturalmente cuando el Estado no ha respondido satisfactoriamente a las recomendaciones que le hiciera la Comisión en las anteriores instancias.

-¿Qué sentís frente al ocultamiento de información y la mentira de los militares?

-Una gran indignación, una gran impotencia porque estoy plenamente segura de que la información la tienen. Creo que queda más que demostrado cuando los dos hallazgos que hubo de cuerpos, que fueron Fernando Miranda y Chávez Sosa: los dos casos fueron por informaciones muy concretas y muy precisas, inclusive lo de Chávez Sosa fue por información que aportó la Fuerza Aérea, así que creo que todo eso va en el sentido de confirmar que la información la tienen y es que no existe la voluntad de darla.
Obviamente que no den la información genera una gran frustración y creo que es lo que ha impedido hasta ahora una reconciliación de la que tanto se habla. Yo creo que la reconciliación con la sociedad puede empezar una vez que nos manejemos en un marco de verdad. Y eso es lo que las Fuerzas Armadas han negado en todos estos años: han negado la verdad y en estos términos es muy difícil avanzar.

-Imagino que debe haber sido muy difícil para vos, al querer encontrar los restos de tu madre, que primero dijeran una cosa y luego otra…
-Claro, creo que todo refleja la actitud que tienen respecto a este tema. En esta instancia comienza un nuevo gobierno, siempre la expectativa y el voto de confianza está, lo que pasa es que el tiempo me ha enseñado que las cosas no se han dado de la manera más transparente y honesta, me refiero a la negativa a decir la verdad, entonces claro, estoy más escéptica, tengo mi desconfianza, pero bueno, yo siempre creo que hay que apostar a todos los caminos posibles.
Sinceramente cuando recibí la primera información, que fue falsa, confiaba. El sentimiento, cuando pensás que por fin te dijeron la verdad, es de mucha paz. Eso se revirtió rápidamente cuando no se encontraron y además creo que fue intencional, entonces, a la distancia puedo pensar que lo que intentaban era desalentar el impulso con que el gobierno había empezado a trabajar este tema, entonces ¿qué reconciliación es posible en estos términos? Ninguna. No creo que sea imposible. Creo que hacen falta gestos muy contundentes y realmente hasta ahora no los hemos tenido.

-¿Qué expectativas tenés de la Corte Interamericana? ¿Crees que los militares ahí sí van a estar obligados a responder?
-La Corte Interamericana incide sobre el Estado (…) por lo cual, la responsabilidad sigue siendo del Estado, más allá que sean los militares quienes mienten, más allá que sea porque no se investiga adecuadamente. Siempre la responsabilidad es del Estado y no es personal: no es José Mujica, no es Tabaré Vázquez, no es Jorge Batlle. Es el Estado. A mí me costó bastante abstraer eso porque bueno, cuando uno recibe gestos de solidaridad y de acompañamiento en determinadas cosas, uno tiende a decir que la voluntad existe. Yo no dudo que haya existido la voluntad. No fue fructífera y no puedo aceptar esa situación y me parece que es la obligación del Estado cumplir con el rol que tiene. El Estado provocó un daño y es responsabilidad del Estado repararlo en la medida de lo posible. Lo primero que surge en ese sentido es la verdad.

-¿Qué pensás de que no se hayan alcanzado los votos para anular la ley de Caducidad?

-El que no se hayan alcanzado los votos puede tener un millón de interpretaciones… Pero lo que yo rescaté de eso es que el plebiscito surgió ante la falta de respuesta del poder político. Ahora el tema está de vuelta en el campo del Estado y en este caso de todo el Legislativo. Me parece que es nocivo hacer análisis del tipo de reproches de hacia dónde no hubo apoyo o no se hizo lo adecuado. Recordemos además que pocos días antes hubo una declaración de inconstitucionalidad, que en el marco de las elecciones pasó casi desapercibida, pero creo que es de las cosas más importantes que han pasado. Esta Ley contraviene los tratados internacionales. Yo creo que esto amerita una resolución lo más pronto posible. Seguimos dilatando esta situación y no es que se tenga la voluntad de no avanzar y vivir en el pasado. Creo que todos queremos avanzar, lo que pasa es que en la medida que ciertas necesidades no están cubiertas, es difícil. La necesidad de justicia es una, la necesidad de verdad… La justicia para mí empieza por la verdad.
Del plebiscito espero que hayamos aprendido algo; yo no me voy a poner a reprochar, cada uno sabe qué hizo y qué no hizo para colaborar. Siempre hubo falta de información, no fue encarado adecuadamente, no sé, pero la situación ahora y mi planteo se resume en la presentación ante la Corte, por lo cual para mí los temas están más que claros, lo que hace falta es una respuesta.

-¿Tenés pensado militar porque se anule la ley?
-Bueno, en la medida que sea necesario sí. Yo no sé la forma jurídica, no es mi responsabilidad ni es mi tema, lo que reclamo y lo hago públicamente -no he dejado de hacerlo desde el día siguiente al plebiscito, cuando había un gran silencio-  es que mi camino es la Corte, allí el Estado responderá y verá qué es lo que resuelve.

-¿Cuál fue tu rol ante Mariana Zaffaroni?
– Mariana hizo su camino sola. (…) Yo lo que hice simplemente fue mandarle un mail para  comunicarle la invitación que le hacía el Ministerio de Educación y Cultura a una actividad que se iba a realizar; justo en ese momento yo viajaba a Buenos Aires y me reuní con ella y le conté cuál era mi experiencia. El camino, su posición, es sólo elaboración de Mariana y de la gente que ha tenido alrededor. Ella tiene una personalidad muy fuerte, es una persona muy inteligente que no necesita que alguien le diga qué hacer ni cómo. Yo simplemente le conté cuál había sido mi experiencia y por qué yo iba a ir, nada más que eso.

-Eso puede haber sido importante para ella.
-Yo creo que por ahí ella no había tenido contacto con mucha gente, tampoco lo sé porque no se lo pregunté. A veces la experiencia de otras personas que pasan por lo mismo que vos o por algo similar       -porque cada caso tiene su singularidad-, sirve. A mí me ha servido. No creo que yo haya tenido ningún rol, simplemente fui una mensajera, si querés llamarlo de alguna manera.

-¿De a poco has logrado ir reconstruyendo la historia de tus padres María Claudia y Marcelo?

-Sí, ha sido bastante difícil, además por las circunstancias que rodearon su desaparición. Ha sido fundamentalmente por amigos, por familia. Me he hecho una idea breve porque la vida de ella fue breve. Fijate que cuando yo me enteré ya era más grande que lo que ella había podido vivir.
Una consecuencia de esto es la poca información que hay. Fotos tampoco hay demasiadas. Entonces lo que he tenido son relatos de amigos muy valiosos porque bueno, ha sido prácticamente la única forma.

-¿En esos relatos te reconocés en gestos?

-Sí, yo creo que sí. A medida que va pasando el tiempo, que vas conociendo un poquito más, sí, me ha pasado.

-Eso viene en los genes ¿no? Viene con uno.

– Y bueno sí, uno es lo que adquirió y lo que vive. Tengo de las dos cosas, como todo el mundo.

-¿Cómo es tener un abuelo poeta? ¿Cómo es tu relación con Juan Gelman?

-Mi relación no parte de la premisa de que es poeta, parte de la premisa de que es mi abuelo y de toda la historia que nos rodea. Yo tengo otro abuelo, al papá de mi mamá, que está vivo, y mi abuela, la mamá de mi papá.
Es bueno el tratar de reencontrarse o de encontrarse con tu familia que no pudo ser tu familia durante muchos años. Como tal, cuesta, pero creo que vale la pena y mal o bien nos ha hecho bien. Es difícil además el tema de la distancia. Él vive en México, mi otro abuelo en España y mi abuela en Argentina, que es la que más cerca está. Tengo familia por todos lados y la distancia complica… Realmente yo estoy contenta con la relación que hemos podido tener: es una relación de afecto. La llevamos como podemos.

-¿Viajás seguido?
-A Argentina viajo muy seguido; a México y España por temas de distancia y de posibilidades es un poco más reducido. Pero bueno, tratamos de vernos todo lo que podemos…

-La Dictadura fue una parte de la historia que mucha gente no conoció; en los programas de estudio del Liceo recién ahora se está incorporando. ¿Qué mensaje le darías a los jóvenes que no la vivieron o que poco saben sobre lo que realmente pasó?
-Yo creo que informarse es lo mejor que uno puede hacer. La información da herramientas que otro tipo de prácticas no. A veces puede ser aburrido, a veces puede no interesar… De pronto a determinada edad sí te comienza a interesar pero está bueno poder conocer el pasado porque me parece que es la única forma de construir un futuro sólido. Sin saber cuál es nuestra historia es muy difícil pensar en un futuro consistente y es muy difícil no repetir errores. De lo que nosotros vivimos en la vida diaria, uno aprende y en la historia es lo mismo: Yo creo que para comprender el presente y para poder avanzar es imprescindible conocer el pasado. Pero el pasado no necesariamente trae odio y angustia. Conocer el pasado como forma de enfrentar el futuro me parece que es fundamental. Y me parece que es fundamental que el sistema educativo recoja eso. Cuando yo salí de la enseñanza secundaria tenía poco y nada de información y (…) yo creo que hay determinadas edades para brindar información y que esa información sea absorbida de una manera mejor. Creo que hay que despojarse de prejuicios para eso. Creo que el sistema educativo necesita mucho revisar esos temas.
-¿De dónde se agarra uno para seguir adelante después de haber vivido una historia como la tuya?
-Creo que cuando te pasa algo que te supera en muchos aspectos y que te trasciende, uno se agarra de donde puede para seguir y una de las herramientas que me ha facilitado la vida es la información. El poder alcanzarla. Y hasta ahora es muy difícil acceder… Creo que todos tenemos que trabajar para eso.
Macarena Gelman (33), nació en cautiverio en Montevideo en noviembre de 1976. Sus padres, Marcelo Gelman y María Claudia García habían sido secuestrados en agosto en Buenos Aires y fueron llevados al «pozo» Automotores Orletti. Marcelo fue asesinado y arrojado en un tonel al Delta del Tigre. María Claudia fue trasladada junto a otros ciudadanos uruguayos en el marco del «segundo vuelo» de Orletti y estuvo detenida en la sede del Servicio de Información y Defensa (SID) de Montevideo hasta que dio a luz en el Hospital Militar.
Permaneció con su hija hasta ser llevada a la «Base Valparaíso» donde se decidió su desaparición. Macarena fue entregada a la familia de un policía con la que se crió y en el año 2000 fue ubicada por su abuelo, el poeta Juan Gelman, en una investigación apoyada por La República. (La República)

La vida de Macarena en San José

Los recuerdos sobre el pasaje de Macarena Gelman por San José, no concuerdan. Algunos dicen que iba al liceo, otros, que viajaba a Montevideo a estudiar. Sí se recuerda que vivía en Herrera Nº13, la casa de la esquina, donde viven y han vivido, desde hace mucho tiempo, autoridades de la Policía.
A Ángel Tauriño, quienes tuvieron más trato con él, lo recuerdan como una persona seria y poco conversadora. A su señora, Esmeralda, como una persona amable…

Herrera Nº 13, la casa donde vivía la Flia. Tauriño.

LUIS PRADO

En aquellos años, pasaba seguido por allí. De Macarena recuerda: «Era una chiquilina que no salía nunca, se la veía muy poco; venía con la madre al almacén.
(…) La sorpresa cuando nos enteramos quién era, fue grande. Él Jefe era un hombre bien, hablaba con la gente. A veces salía a la esquina porque nosotros hacíamos bochinche y nos retaba un poco».

ÓSCAR GANDINI

«Yo hace 40 años que estoy con la herrería en el barrio. Sinceramente, ella acá se veía muy poco. No me acuerdo qué edad tendría, pero no era una niña de escuela, era más grande. (…) En realidad, la conocí en televisión, porque yo acá sólo la veía de lejos… Tampoco me acuerdo de verlo a él, ni a la señora…»

ARIEL PETROSINO

«Yo viví en Villa Trula desde el año 78, con mis padres, hasta el 84. Ellos tenían almacén. Yo era soltero. Después viví dos cuadras más arriba… Seguí con el almacén en el año 93 y estuve ahí hasta el 2000.
En esa casa pasaba gente. En el gobierno de Batlle, él vino como Jefe de Policía y vivió ahí. Angelito -yo le decía Angelito- dejó obras ahí. Las obras de las viviendas policiales se hicieron gracias a él. Ellos cruzaban al almacén. La gurisa nuestra, Manuela (12), nació en esos años; cuando era chica, tendría un año, ellos la llevaban para la casa. Teníamos buen trato con ellos. Allí estuvieron hasta que él murió. La viejita, Esmeralda, era muy de cruzar y estar los ratos con nosotros. Era una veterana macanuda, petisa, canosa y gordita; buena persona, ella siempre estaba para todo. Lo raro es que hablaba del embarazo, contaba cómo la había tenido…
Él era un hombre de buen trato, serio. Era una persona bien.
(…) Cuando me enteré sentí bronca, porque estaba rodeado de una mentira. Pero no por eso voy a dejar de sentir lo que sentí por ellos. Cuando yo anduve muy mal económicamente, en el 2000, Esmeralda me invitaba a ir a una iglesia a la que ella iba en Montevideo, me decía que me iba a servir…
No le conocí amigos a Macarena. Una vez se decía que tuvo un noviecito en el barrio y el veterano lo llamó a la realidad y se lo corrió. Se decía… Y la gurisa no te dejaba dudas de que él fuera el padre, porque tenían los mismos gestos. Eran medio parcos, pero se veía que era una buena muchacha…»

María Rodríguez trabajó por esos años en el almacén del barrio. Poco recordaba de la familia Tauriño. No conversaba mucho con Macarena salvo las veces que ella iba al almacén a comprar algo. A Esmeralda y Ángel los recuerda como «muy mayores».
Nacha Pérez trabajó en la casa de los Tauriño. Recuerda que eran «excelentes personas»; «Macarena era una excelente chiquilina, muy estudiosa y muy buena gente».
«Cuando me enteré me llamó la atención, porque ella tenía mucho parecido con su madre. Me quedé fría, porque fue algo que se disimuló muy bien».
Nacha hablaba mucho con la señora de la casa; era quien la ayudaba con las tareas del hogar y la acompañaba a hacer los mandados.
Recuerda que Macarena viajaba a Montevideo a estudiar. Después que se supo la verdad, un día se la encontró en el Hospital Policial, le preguntó por la madre y ella le respondió: ‘mamá está siempre igual; mi viejita siempre igual…»
La hija de Nacha fue muchas veces a la casa de la familia Tauriño con su madre. También recuerda a Esmeralda como una persona «encantadora», «dulce para hablar». Hacían manualidades juntas.
«Cuando nos enteramos, yo no lo podía creer… porque madre e hija tenían facciones muy parecidas. Sentí mucha sorpresa, me extrañó un montón. Además la familia era muy unida; nunca una discusión, nunca un problema… Ella se sentía orgullosa de sus padres».
«Ellos le dieron todo a Maca -le decían Maca-». «Hasta me acuerdo de las mascotas de la casa: un perro (Negro), una gatita y una lora».


Recuerdos de peluquería

Macarena era una gurisa normal. En el año en que abrió el shopping, ella empezó a ir al local donde funcionaba la peluquería de Marta Leal. Tendría 13 o 14 años, recuerda la peluquera. Iba acompañada por sus «padres». Las primeras veces la acompañaban los dos, después empezó a ir sólo con su madre, quien también se cortaba el cabello o se peinaba. Las peluqueras la notaban como una señora demasiado mayor.
Macarena era muy callada: «te llamaba la atención… Era como antipática, pero le hablabas y contestaba bien. Era muy personal y muy decidida». Tenía el cabello negro y largo: «el prototipo de la chica judía; el pelo oscuro, bien oscuro, los rasgos de la nariz y blanca de cara».
Cuando la familia se mudó a Montevideo, ella continuó viniendo a la peluquería: «la traía un chofer en auto; alguna vez vino con la mamá y una vez vino con un novio, con un chico de Montevideo. (…) Ella se había acostumbrado a que nosotros le arregláramos el cabello. Lo que se hacía era una plancha, se lavaba y se cortaba».
No era una clienta muy asidua; concurría a la peluquería cada tres o cuatro meses. «Correcta, muy reservada; no era conversadora. Me acuerdo que cuando murió el papá volvió a venir y le preguntamos por su mamá: ‘todo bien, tranquilo’, nos dijo. La sorpresa fue grandiosa. (…) Yo no sé si ella sabía que era adoptada, pero pienso que ella miraría a la madre y pensaría en la edad. Era muy mayor».
Hubo un tiempo en que empezó a venir sola; «después ya no vino más… No la vi nunca más», dice Marta. «Nunca habló de sus amigos; era muy reservada. No me acuerdo tampoco si alguna vez vino a peinarse para ir a algún cumpleaños de 15. Tampoco recuerdo si alguna vez le hicieron alguna reunión a ella». (Nota de archivo de San José Hoy).

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