Al filo de Fleitas

El oficio de afilador fue traído a nuestro país a principios del Siglo XX por los europeos; se aprendía generalmente
en talleres.
Se caracteriza por ofrecer los servicios de afilados de cuchillas y tijeras de uso doméstico recorriendo las calles con una bicicleta especialmente equipada y anunciando la presencia con el sonido de una armónica.
Es un oficio poco abundante y quedan pocos aprendices. El afilador de bicicleta va desapareciendo por el uso generalizado de tijeras y sierras eléctricas y por la disminución de sastres, modistas, talleres zapateros y otros oficios donde se requieren herramientas con filo.
También existe el afilador instalado en su taller, que principalmente afila sierras: es el caso de Heliberto Fleitas, uno de los pocos afiladores del país y tal vez el único
de San José.

ESTELA SELLANES

Heliberto con su afiladora. La afiladora lleva un motor, unos ejes y el disco afilador. «Marcha sola, uno solo tiene que nivelar la hoja... Generalmente se le da dos vueltas a la hoja. Sólo tengo que estar atento para sacar la sierra cuando esté por terminar de afilarse». El afilador sabe cuando una sierra está pronta por el ruido de la máquina: «Yo siento el ruido de la afiladora y ya sé, porque cuando termina agarra poquitito, ya casi no la toca... Y la primera vuelta tengo que respetarla (...) porque primero va afilando de atrás... La última vuelta, aunque esté más rato, no pasa nada; puede estar una hora dando vuelta y no pasa nada». Si en la primera vuelta se pasa de tiempo, se come el diente... por eso hay que estar muy atento. La hoja más común, de carnicero, se afila entre 15 y 17 minutos aproximadamente. Lleva dos vueltas. El tiempo depende del tamaño de la hoja y los dientes.

Heliberto Fleitas (67) hace 42 años que trabaja como afilador. Tiene su taller por calle Bengoa (entre Rincón y Oribe); empezó en la cuadra de enfrente, en el taller de su hermano. Luego estuvo un tiempo en Montevideo, trabajando para un taller donde aprendió bien el oficio. «Yo empecé por un amigo que venía a cazar a la casa de mi padre. Tenía taller en Montevideo, nos empezó a llevar y después nos habilitó con las máquinas. Él tenía ocho o nueve empleados (…) Después me vine para San José y seguí con el taller de mi hermano».
Fleitas instaló su taller en una pequeña habitación de su casa. Tiene dos afiladoras, una soldadora, una moladora fija, dos ejes y una trabadora.
A simple vista, se nota que el trabajo no le falta. El pequeño taller está atestado de sierras de todos los tamaños…
Trabaja ocho horas y media o nueve por día: «Trabajo hay; en invierno mucho más. Estoy siempre en el taller».
Los trabajos más comunes son los de las sierras de carnicero, carpintería y aserradero. También llevan cuchillos de carnicero, serruchos, sierras de cortar leña, tijeras, machetes y discos para afilar.
Las sierras de aserradero miden entre 6 y 8 metros; afilarlas lleva unos 15 minutos, igual que las de carnicero porque la distancias entre dientes son mayores que las de las sierras más chicas.
En promedio, Fleitas afila unas 30 piezas por día. Un cuchillo, «si no está muy feo», lleva unos ocho minutos… «Si está muy grueso lleva un poco más de tiempo».
La vida útil de una hoja de sierra depende muchas veces del estado de la máquina; «si la máquina está mala de repente rompe una sierra en 15 días».
Lo que más trabajo da, es afilar las sierras de aserradero, que pueden llegar a medir más de 8 metros. No es fácil dominarlas.
Para afilar se usa un disco de piedra de esmeril, que hay que cambiar cada dos meses porque se gasta con el uso.
Heliberto también se dedica a hacer sierras para máquinas. El rollo viene de 50 metros y hay que cortarlo y soldarlo a la medida que el cliente necesite. El fleje (la hoja) se compra en Montevideo; hay cuatro o cinco importadoras que lo venden. Viene sin afilar, la hoja sólo se afila después de elaborada la sierra.
En el taller hay una guillotina para cortar las hojas grandes y un par de ejes para arreglar hojas de mano.
Para alguien que corta y hace una sierra, las medidas deben ser exactas: «Yo, si no sé las medidas de la máquina, no trabajo. Según la medida que el cliente me pida, yo corto y sueldo una hoja, que puede medir desde 1,43 hasta 8,50 de largo… Ahora por lo general las máquinas vienen todas con la misma medida, son todas standard…»
«Yo siempre les digo a los clientes que si alguna sierra les queda mal (la orientación de los dientes), que me la traigan que yo les hago otra… Generalmente no me pasa».

El afilador del pueblo

En San José no queda carnicero que no afile sus sierras y cuchillas con Fleitas: «Carniceros, acá vienen todos; incluso vienen de otros lados también. Ahora no tanto porque hay un afilador en Colonia, en Rosario, pero antes venían desde Ombúes de Lavalle a que yo les afilara».
Según Fleitas, en San José ciudad no quedan afiladores; en Libertad hay uno o dos, «pero se ve que no trabajan mucho porque a mí me traen cosas de allá…» «En el país no hay muchos afiladores tampoco. En el interior, en total deben quedar 10 o 12; en Montevideo hay varios, capaz que 10. En las Piedras hay uno, que es pariente mío, hijo de una prima que aprendió también con el mismo señor que nos enseñó a nosotros. En Flores no hay… Con decirte que a mí me traían trabajos del Chuy…»
Afilar una sierra chica cuesta $50; las grandes de aserradero cuestan $80; un cuchillo cuesta entre $30 y $35 y una tijera $40.

Afiladores en bicicleta
«Quedan algunos sí, pero ellos generalmente afilan tijeras y cuchillos, sierras no hacen porque no tienen máquina. Tienen una piedrita que la hacen marchar mismo con la bicicleta o de repente algunos le ponen una batería». En San José, afiladores de bicicleta había dos, de apellido García. «Uno sé que murió, el otro no sé…» «Generalmente los afiladores que se ven acá vienen de Montevideo. Vienen, cargan todo en una camionetita, la dejan y salen a recorrer la ciudad… A veces pasan por acá y me saludan».

Cábala o superstición

La trabadora, como lo dice su nombre, sirve para trabar, esto es torcer los dientes, unos para un lado, otros para otro. Si uno mira la hoja, puede apreciar que un diente tiene una pequeña inclinación hacia atrás, el que le sigue está inclinado hacia delante y el otro queda derecho. Si los dientes están derechos, cuando alguien intenta cortar algo, se aprietan, por eso es necesario trabar, para que la hoja se deslice bien y no se apriete. La máquina es automática, funciona como con unos pequeños martillos que van trabando los dientes. La moladora es un eje con dos piedras; se usa para afilar tijeras, cuchillos cocineros, cuchillos de máquina y de picar carne y para hacer los chanfles para soldar. El chanfle se hace para que al montar la hoja no quede un salto y al soldarla con bronce, quede exacta, un diente con otro, bien lisa en la unión, sin desperfectos.

Hace un tiempo, con la idea de entrevistar a un afilador, escuché la armónica y paré a uno en la calle: un hombre de mediana edad que venía de Sarandí del Yí. Le pedí para hacer la nota y me dijo que no, que difícilmente iba a encontrar un afilador que quisiera que lo entrevistara. Recuerdo que me dijo: ‘no sé si por cábala, superstición o por qué, pero no vas a encontrar ninguno’. Me aseguró que trabajaba muy bien, que recorría el país trabajando. Ese día, en San José hacía unas pocas horas que estaba en la calle y ya llevaba más de mil pesos trabajados. Me dijo que Omar Gutiérrez también le había pedido para hacer una nota y que él no había querido, que incluso le habían ofrecido plata para que contara su testimonio y aún así no había accedido.

Riesgos
El afilador no corre riesgo de cortarse, me dijo Fleitas. «El problema es una piedra que pudiera reventar». A veces sucede que las piedras de afilar «revientan» por la velocidad en la que trabajan (dan entre 2.000, 3.000 y 4.800 vueltas por minuto). «A mí me ha ocurrido, se me han reventado piedras, a veces por algún accidente, por algo que se cae que se aprieta contra la máquina… Cuando una piedra revienta sale disparada a toda velocidad y te puede lastimar…».

Anécdotas
«Una vez me trajeron una sierra que según el cliente estaba mal soldada: ‘Me la soldaste al revés’, me dijo. ‘No, no te la puedo soldar al revés’, le contesté… Venía de Durazno el hombre.
La sierra hay que darla vuelta, al darla vuelta queda con los dientes bien, pero el hombre no se dio cuenta y vino desde Durazno a dar vuelta una sierrita chica… Casi se muere de la vergüenza cuando se la di vuelta…». «Así, con ese problema han venido varios, son cosas que pasan».

Satisfacciones
«Que nunca me faltó el trabajo; esa es una de las cosas más interesantes. Porque el problema es cuando uno quiere hacer algo y no tiene qué hacer… Por suerte yo siempre tuve qué hacer. No he hecho mucha plata pero he vivido bien y me he hecho los gustos… Claro, esto, para hacer fortuna, no da; aparte se pagan bastantes impuestos; yo pago casi $6.000 por mes de impuestos, parece que no pero hay que trabajar un lote de días para sacarlos…»
«Eso sí, yo siempre trabajé de una forma seria. Es muy importante el respeto al cliente. Si algo me queda mal, yo me hago cargo». En tantos años de trabajo pueden ocurrir equivocaciones; algunas veces ha entregado a un cliente sierras de otro dueño por equivocación, pero Fleitas se hace cargo del error y si se le pierde una sierra, le hace una nueva al cliente.
«Gustarme me gusta todo: cuando uno deja de hacer el trabajo lo extraña; mientras lo estás haciendo, parece que te aburrís, pero si no lo hacés, lo extrañás. Me ha pasado en Turismo, que estoy esperando para irme, pero los últimos días de vacaciones ya estoy con ganas de venir al taller…»
Los clientes se mantienen: «Acá en el pueblo todo el mundo me conoce: si alguien precisa afilar ya todos saben que yo estoy para eso».

Pocos aprendices

En el oficio de afilador no hay muchos aprendices: «hay poca gente que lo quiere hacer porque es un trabajo medio aburrido… pero para aprender hay que aprender con un afilador, con alguien que esté trabajando en el oficio…»
Que un taller deje de funcionar debe ser triste para la persona que lo vio nacer y le dio vida, pero Heliberto está tranquilo porque el día que él no trabaje más, su hijo, de 25 años, continuará en el taller: «Yo estoy muy contento de que siga el oficio, por lo menos sé que esto va a seguir funcionando. Hace poco tuve a mi hermano enfermo en Montevideo, me tuve que ir una semana y el se arregló bien acá, no tuvo problemas… Sabe trabajar, le gustan los fierros…»
«Yo tengo 67 años, no voy a seguir toda la vida con esto. Si ahora sigo es porque las jubilaciones son muy bajas y no me daría para vivir, pero llegado el momento, será mi hijo quien continúe…»
«Mucha gente me pregunta: ‘¿y cuando usted no afile más?’ ‘Va a haber sucesor’, les dijo yo, ‘no se preocupen…’

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3 Responses to Al filo de Fleitas

  1. jose maria says:

    Gracias por esta nota ,para mi ese taller fue parte de mi adolecencia …llendo al liceo subiendo por Bengoa y escuchar el golpe de la afiladora sobre las sierras …en ese momento quizas fue un ruido nada mas , pero hoy es parte de mi vida en San Jose , saludos y tambien muy buena la nota sobre la casa de Oribe y Bentancur …gracias David por tu publicacion!

  2. Anónimo says:

    HOLA SR FLEITAS ME ALEGRO MUCHO SU NOTA DISCREPO EN ALGUNOS COMENTARIOS Q HIZO PERO NO ES LA CUESTION YO VIVO EN CIUDAD DEL PLATA Y TAMBIEN SOY AFILADOR SI ME PERMITE CON TODO RESPETO YO HACE SOLO 12 AÑOS Q APRENDI EL OFICIO Y TAMBIEN CUIDO MIS CLIENTES LO Q PASA QUE ES UN RUBRO MUY COMPLEJO EL DE LOS CARNICEROS Y LOS DEMAS AFILADORES SALEN POR TODO EL PAIS A MOLESTAR COSA Q YO NO A TENDRIA Q HABER CODIGOS PERO NO LOS HAY YO AL SABER Q USTED ESTA EN SAN JOSE NO SE ME OCURRIO ENTRAR A OFRECER MIS SERVICIOS COSA Q OTROS SI LO HACEN Y POR MENOS PLATA SI ME LLAMARAN ES DISTINTO EN FIN SERIA BUENO PODER ENTABLAR UNA MUY BUENA RELACION CON USTED SI A USTED NO LE MOLESTA SIN MAS ME DESPIDO MI NOMBRE ES ICAZURIAGA CAPAZ LE SUENE DE MONTEVIDEO

  3. Anónimo says:

    ¡¡¡¡¡6 de mayo dia del afilador de sierras para carniseros¡¡¡¡ muy feliz dia para mis hermanos ¡¡DUILIO JOSE TOTO Y LUIS TOTO¡¡¡¡ Ambos viven en BS.AS.¡¡Felices con el trabajo heredado de nuestro padre PedroP. tTOTO¡¡¡¡¡

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