Tiempo de celebrar y continuar adelante

Cincuenta años de una firma comercial sólo se explican pensando en sacrificio, compromiso y trabajo. Si bien hoy es hora de festejar -y así lo hizo Casa Nilo Pérez el miércoles pasado- hay una historia que vale la pena escuchar.
ALEJANDRA FUENTES

Élido Nilo Pérez Castro fue un muchacho al que nadie le regaló nada. A los 17 años emprendió un camino de trabajo que sirvió más tarde para contagiar a sus hijos.
Él no se olvida de sus inicios. De la gran confianza que depositó en él Claudio Servetto; de que no existían los fines de semana, de las jornadas intensas, de la llegada de la primera computadora al comercio, en el 82’… Y así lo demostró el miércoles, cuando rodeado de amigos, familiares y empleados, contaba a la Prensa: «Sin lugar a dudas cincuenta años representan todo. Trabajé once años como empleado y en el año 60’ me instalé por mi cuenta como técnico en refrigeración, aunque simultáneamente comencé a hacer algunos negocios de compra-venta de heladeras. Trabajé mucho. Yo atendía las heladeras carniceras de la firma Pérez Hnos. Eran como veinte; pero para cumplir con eso y tampoco faltar a mi taller, iba de mañana bien temprano a repararlas. Las heladeras de los bares las arreglaba entre el mediodía y la noche (…) Fue sacrificado, trabajaba 12, 13 horas por día. Recuerdo que tenía clientes en todos lados; en Villa Rodríguez, Mal Abrigo, Libertad; en Arroyo Grande instalé una heladera de ocho puertas que funcionaba con un grupo generador (…) En San Gregorio, en el límite con Flores fui a instalar una heladera en un camión modelo 34, con freno de varilla, y cuando volvía, frente al Estadio, voy a frenar y no respondía. El perno del freno se había caído y casi me mato, pero logré detenerlo con los cambios (…) Cuando trabajaba en la Chevrolet, yo ganaba $100 por mes y los domingo vendía boletos en el Jockey Club y ganaba $8 pesos, lo que significaba incrementar en un 32% el sueldo mensual…». Así siguieron varias anécdotas que con mucho cariño compartió Pérez.
Una bicicleta forma parte de esta historia: «La primer bicicleta la compré donde trabajaba, en diez cuotas de $15,60. Yo andaba en bicicleta haciendo las reparaciones… de ahí lo del logo… En fin, yo me siento un afortunado. El sacrificio que hice me permitió criar a mis hijos y ahora disfrutar con mi señora. ¡Claro que sigo trabajando!, pero ahora afuera, en los tambos».
Pérez es un ejemplo vivo de que hay que sacrificarse para formar una base y progresar. También, amar el oficio que uno eligió. Considera que este es el mejor mensaje que puede darle a los jóvenes.
El festejo del miércoles permitió también conocer al ganador del concurso que Casa Nilo Pérez organizó en homenaje a su cincuentenario: Claudio Bravo. Este joven maragato creó un logotipo en el que se destaca la bicicleta como testigo de los inicios de la firma, vehículo que en la actualidad se exhibe en la esquina comercial 25 de Mayo y Ciganda.

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