Late el corazón del campo uruguayo…

El 17 de abril se conmemora el Día Internacional de las Luchas Campesinas. La realidad uruguaya, sin duda, es muy diferente a la de otros países de América Latina. Pero si hablamos de luchas, aquí también existen… Mucha es la fuerza y el empuje que tienen los grupos de mujeres rurales en nuestro país, mujeres que trabajan en el tambo o en la granja; que luchan por la permanencia, por el acceso a la tierra y por hacer visible su trabajo.
Lucha es la de las organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos humanos y, entre ellos, el derecho a un medio ambiente sano… Porque la salud de los peones rurales también es un tema que nos involucra a todos.
Lucha es la de los productores orgánicos, que anhelan una producción diferente, investigan y proyectan alternativas.
San José Hoy ofrece una serie de notas, muy distintas, muy variadas, pero con un denominador común.

ESTELA SELLANES

«Los derechos los defendemos nosotras»

Kika Casas

Para Kika Casas que integra el Grupo de Mujeres del Área Rural Lechera de San José, «suena impresionante hablar del Día Internacional de las Luchas Campesinas, pero es real y es cotidiano si lo tomás como una lucha de permanencia y aferramiento a la tierra… Hemos hablado muchas veces de las luchas de las mujeres por mantenerse en la tierra y sobre cómo han ido muchas veces buscando defender el espacio con presencia de trabajo y de entrega en todo sentido.
En general se piensa en la mujer como una persona vinculada a la casa y la comida;  si es en el medio rural, más aún. Pero en realidad la mujer es la de la casa y la comida pero es también la mujer del trabajo en el predio…».

Las mujeres de la granja
«La granja involucra todo: la hortifruticultura, la lechería… Es de una diversidad impresionante. Muchos de los trabajos en la granja quedan en manos de las mujeres, sobre todo en el caso de las familias de pequeños productores, cuando el hombre sale a buscar un ingreso afuera y la mujer queda con el trabajo de su granja y con la familia para llevarla adelante.
En lo que se refiere a la salud de la mujer que trabaja en el campo, en la hortifruticultura hay riesgos que por lo general no se visualizan: «Las mujeres trabajan con agroquímicos sin demasiada información. Tampoco la tienen los hombres.
Las posiciones físicas que se toman en la hortifruticultura también afecta la salud de las mujeres: Yo visitaba una zona de Libertad y veía a las mujeres agachadas sobre la azada; es una posición que después, no mucho después, implica problemas terribles de columna. Es todo un tema que no se asume y a mí me parece que es un compromiso muy grande para toda la sociedad…».
«El problema es tomar conciencia de que esas reivindicaciones, sobre todo las tenemos que tomar las mujeres… Yo creo que las organizaciones de mujeres tenemos mucho trabajo por hacer. Trabajar con nuestras compañeras, nuestras hermanas mujeres de la tierra en concientizarnos de que esos derechos los defendemos nosotras. Y tenemos la obligación de entusiasmar a otras organizaciones que quieran acompañarnos y sientan que realmente vale la pena».

RAP-PAL URUGUAY

La lucha diaria contra el uso de los agrotóxicos

La visión de Red de Acción en Plaguicidas y sus alternativas para América Latina (RAP-AL) es válida al hablar de las luchas campesinas, ya que muchos de los asalariados rurales de nuestro país se ven obligados a trabajar en ambientes tratados con productos químicos de alta toxicidad, e incluso a manipularlos.

«La preocupación mayor que nosotros tenemos es que en estos últimos años ha habido un aumento altísimo del uso de agrotóxicos», dice María Isabel Cárcamo, coordinadora de RAP-AL Uruguay.
A su vez, explica que los agrotóxicos están unidos a los grandes monocultivos: «La soja transgénica y otros cultivos tradicionales cada vez ocupan mayor extensión en el territorio, especialmente el arroz y el trigo».
En cuanto a las granjas, en Uruguay «se siguen usando sustancias que son muy contaminantes para el ambiente y para los seres humanos». «Los primeros afectados son los mismos trabajadores y las comunidades cercanas y posteriormente nosotros como consumidores».
La mayor parte de la producción hortícola y frutícola del Uruguay está concentrada en Canelones y parte de San José; «allí se produce alrededor del 60% de los alimentos que consumimos la mitad de los uruguayos».
RAP-AL no puede afirmar que las personas enfermas de cáncer estén directamente relacionadas con el uso de los agrotóxicos: «Para hacer eso habría que hacer todo un estudio y comparar poblaciones que solamente consuman otro tipo de alimentos que no utilicen estas sustancias… Pero sí podemos afirmar que estas sustancias producen efectos que son importantes en la salud humana: por un lado está el cáncer, por otro lado las alteraciones endocrinas o del sistema nervioso».
«Son muchas las sustancias que se están usando a diario y que nosotros por lo tanto las estamos consumiendo». Concretamente, en las granjas se usan muchos fungicidas. En Salto y Bella Unión hay muchos invernáculos que nos abastecen de tomate durante el invierno. Por su construcción y por tener temperaturas altas y humedad, los invernáculos presentan hongos. A éstos se los combate con fungicidas, pero también se usan insecticidas en esta forma de producción.
«Los fungicidas son en algunos casos más tóxicos que los insecticidas…» A la hora de producir es muy común que se utilicen «cócteles», que incluyen fungicidas, insecticidas y herbicidas. «Los impactos que pueden producir tres sustancias totalmente diferentes, se pueden potenciar y la toxicidad puede ser mayor», dice la coordinadora de RAL-AL.
«La situación es grave, primero porque cada vez se están utilizando más, e incluso la utilización constante de estas sustancias ha llevado a que muchas plagas sean resistentes, entonces para poder matar la planta que no se desea, se están usando herbicidas más potentes, lo mismo para los hongos y para los insectos».
Para RAP-AL Uruguay, la preocupación más importante es que «son las autoridades las que están autorizando estas sustancias».
Reconocen que a nivel parlamentario ha habido avances importantes: «Sabemos que se ha presentado una Ley para controlar el uso de estas sustancias, y una de las cosas que se está pidiendo es que (…) las más tóxicas se vendan bajo receta del ingeniero agrónomo o de una persona encargada…»

Dar herramientas
«Si nosotros nos remontamos a los años 40, 50 o 60, los productores no utilizaban estas sustancias y podían producir sin ningún problema…».
Para la coordinadora de RAP-AL, en Uruguay hay mayor conciencia pero falta apoyo: «Hay que darle apoyo al productor familiar, porque ellos están produciendo con sustancias que ni siquiera saben qué toxicidad tienen. Creo que hay que informales, que el Estado les debería dar apoyo». Por otra parte plantea que «con una agricultura que tiende a ser industrial, (los productores familiares) tienden a desaparecer». «Eso es lo que no debemos permitir. Debemos darles las herramientas para que ellos puedan abandonar el uso de agrotóxicos, porque en definitiva los primeros que se contaminan son ellos…».

El trabajo en las granjas

Para conocer la realidad de las granjas en San José, conversamos con Walter Portal, integrante de la Unión de Trabajadores Rurales del Sur del País (UTRASUPRA), comité de base «Mi Granja».

WALTER PORTAL.

Las tres granjas más grandes de San José, por mucho tiempo han sido Caputto, Milagro y Mi Granja; sin embargo, en la actualidad, muchas otras granjas vienen ganando espacio, como Frutícula Kiyú, las de Ceretta y otras tantas quintas de la zona de Kiyú y Rincón del Pino.
Por granja, en época de zafra, trabajando a pleno, pueden llegar a operar entre 250 y 400 trabajadores. En la poda, en invierno, pueden trabajar hasta 150 personas.
«Mi Granja cambió de patrones; estaba en mala calidad, por el mal manejo se fueron deteriorando los árboles y muchas hectáreas se vinieron abajo; este año trabajó poca gente (…) En este momento estamos trabajando alrededor de unas 100 personas».
Mi Granja trabaja la fruta blanca: manzano y duraznero; la época de zafra es en verano. En invierno se podan los manzanos y durazneros y se comienza la cosecha de los citrus: tanjarina, naranja y limones.

Luchas de los sindicatos
Muchos han sido los logros de los sindicatos de trabajadores en estos últimos tiempos: «El trabajador rural asalariado del Uruguay en los últimos 10 años ha te tenido un progreso muy grande, sobre todo, un aumento en la remuneración». Antes de instalados los consejos de salarios, un peón rural ganaba $68 nominales, por día, ahora gana $198 nominales, a lo que se agrega un ficto alimenticio nominal de $65.
Otro de los logros considerados como muy importantes fueron las ocho horas para los trabajadores rurales.
En las granjas, por lo general, se trabaja a destajo. Cada variedad de fruta tiene un precio por «bin». El bin lleva aproximadamente 450 kilos de fruta. Los trabajadores llevan un capacho (el bolso de género), que por lo general tiene una capacidad de 18 a 24 kilos. Suben a una escalera, cargan el capacho, bajan y lo vuelcan en el bin. Hombres y mujeres trabajan a la par. «Es un trabajo sacrificado; hay que rendir para sacar un buen jornal».
Además, como las granjas quedan alejadas de las ciudades, los trabajadores están fuera de su casa unas 12 horas. Generalmente tienen cuatro horas de viaje (ida y vuelta).
En época de zafra, un trabajador promedio puede sacar unos $600 por día. «Para el trabajo que se hace, nunca vamos a estar conformes, pero es rentable…»
Hay granjas muy prolijas para trabajar, pero en otras hay pastizales y se puede llegar a correr peligro por la presencia de víboras.
Si bien los árboles varían de una granja a otra, la mayoría de las quintas actualmente trabaja con árboles bajos. En Mi Granja hay escaleras de aluminio de 10 escalones (2,10 metros). Son frecuentes las caídas y los trabajadores son conscientes de que las escaleras necesitan cadenas de seguridad; sin embargo, reconocen que no siempre las exigen, por comodidad: «A veces los trabajadores no exigimos demasiado por comodidad, pero también somos conscientes de que corremos riesgos».

«Hay comisiones de base en las granjas que se están formando y eso es bueno porque la están peleando para pedir lo que se debe: gabinetes higiénicos en condiciones; tener un lugar para ducharse; la locomoción en ómnibus…»
En cuanto a la salud laboral se pretende formar comisiones integradas por la patronal y los trabajadores. La mayoría de las granjas ha logrado que los empleados cuenten con la información precisa respecto a qué productos se utilizan para la cura: «eso es importante porque todo producto tiene su grado de toxicidad y antiguamente no se tenían las herramientas adecuadas para trabajar».
Gracias al trabajo de los sindicatos, muchos trabajadores han accedido a los guantes, mascarillas y equipos de lluvia con costura electrónica.
Por lo general, en cada granja hay un encargado y los funcionarios que manipulan los productos químicos deben tener un curso de capacitación que ofrece el Ministerio para el uso responsable de los agroquímicos. «Hay granjas que tienen cursos, pero no puedo detallar si todas las granjas lo tienen», afirma Portal.
Las curas de durazneros y manzanos se realizan en invierno y luego se hacen otras aplicaciones cuando aparecen enfermedades. Quince días antes de la cosecha, no se puede curar.
«Yo, como trabajador rural y como delegado del sindicato, siempre intento lo mejor para los compañeros. Siempre digo que todos los implementos que ofrece la empresa, los trabajadores tienen que usarlos para protegerse…»
«Ahora la gente es más consciente de sus derechos y sabe que puede reclamar. Antes, por el miedo a quedar sin trabajo, estas cosas no pasaban. Ahora el trabajador está amparado».
«Nosotros tenemos un convenio colectivo con la granja, que a nivel de peones rurales es lo mejor que hay en Uruguay, para el relacionamiento con la empresa». Los trabajadores de Mi Granja tienen una prima de presentismo del 5%, también una prima por antigüedad; reciben ropa de trabajo dos veces al año y tienen derecho a dos días libres por luto.
En estos momentos se negocia un mejor convenio colectivo.

¿Qué falta?
«Falta mucha cosa por delante: Lo principal es que todos los trabajadores rurales estemos agrupados y tirando para adelante…»
También es cierto que «aún hoy, muchos de los peones rurales continúan trabajando en negro».
«Todo se logra paso a paso; nosotros empezamos con poco, tuvimos muchos problemas, muchos encontronazos… Pero las cosas se logran con esfuerzo, juntándose, luchando por la misma causa…».

POR UN CAMBIO
DE MENTALIDAD Y LA BÚSQUEDA DE ALTERNATIVAS

Lucha contra el «modelo productivista»

Para el ingeniero agrónomo Luis Eduardo Arnábal (productor rural), «las luchas campesinas son una consecuencia de un esquema mucho más general… Hay que ver qué ocurrió en la historia de la agricultura y qué está ocurriendo hoy en día en ese proceso histórico de transformación de la agricultura. En ese proceso, el campesino es una víctima más».

LUIS EDUARDO ARNÁBAL.

Arnábal ve al campesino como un individuo «que no tiene poder de decisión»; «las decisiones vienen de afuera».
«Acá el campesino lo veo como un asalariado, que vive de las changas, de las tareas y que en un esquema de la agricultura moderna funciona como un recurso humano, comparable a una máquina (…) que está metido en un proceso de producir cada vez más cantidad».
No importa la calidad de lo que se produce, sostiene Arnábal, lo que importa es la cantidad: «El enfoque principal es producir más cantidad de kilos, disminuyendo los costos y en esa disminución de costos está pasarle costos a otras actividades de la sociedad… Por ejemplo, el costo de contaminación…»
Arnábal es apicultor y como muchos otros apicultores ha tenido que sufrir la muerte de sus abejas por tener un vecino sojero que aplica insecticidas… «Ese costo no lo paga él… Yo no estoy hablando de maldad del individuo, sino de inconsciencia».
El recurso humano del campesino se contrata cuando se necesita y después, cuando no se lo necesita, éste queda desocupado. De ahí, que para Arnábal, el campesino, en Uruguay, muchas veces no tiene sentido de pertenencia.

Síntomas patológicos
El ingeniero agrónomo habla de «síntomas patológicos» de una enfermedad mucho más grande.
En primer lugar se refiere a la contaminación con agroquímicos, del aire, del suelo, del agua, de seres vivos y de alimentos.
También habla de la erosión del suelo: «Uruguay tiene un 30% del territorio en vías de desertificación y lugares donde ya el suelo se ha perdido y está sin vegetación».
La escasez de agua potable: «Se está hablando de usar más cantidad de agua potable para el riego. Estamos ignorando que el agua cumple un ciclo (…) Tenemos que tratar de (…) reservar el agua cuando llueve de más; el agua que no se va a usar dejarla seguir su curso…».
La ineficiencia energética: «Cada vez gastamos más energía para producir energía en alimentos. Eso es ineficiencia. (…) Estamos usando carbohidratos para hacer de hidrocarburos… En vez de quemar petróleo vamos a quemar cosas que eran alimentos, como soja o maíz. Eso es como la serpiente que se va comiendo la cola».
Biodiversidad: «Se están extinguiendo algunos seres vivos que tienen su valor, y a veces no conocemos cuál es su valor… Creamos individuos transgénicos que no compensan los individuos que están desapareciendo. Es una cosa contradictoria…»
Erosión genética: «Los genes son un recurso para ver qué va a ocurrir con este planeta en el futuro. (…) Hay genes que responden a ciertas circunstancias ambientales… Sin embargo, en la forma de cultivar vamos seleccionando cada vez individuos más parecidos y dejamos afuera individuos diferentes por algún criterio comercial…»
Erosión cultural: «Cuando los que saben de plantas medicinales, de tareas manuales, de ciclos e influjos mágicos no estén, ¿a quién preguntaremos? ¿Los sabios son sólo los técnicos?»
Soberanía alimentaria: «Los países cada vez requerimos comprarle a otros lo que queremos y llega un momento en que tenemos una dependencia muy grande de qué es lo que vamos a consumir… Vamos a consumir lo que otros impongan…».
Pobreza y exclusión: «El campesino es un individuo excluido que no tiene recursos suficientes; es una situación violenta donde el hombre no se puede realizar: (…) Muchas veces el agricultor pobre, el asalariado es el que más se contamina…».

Arnábal no cree que todo esto suceda por maldad de las personas, sino porque hay gente a la que no le importa las consecuencias. Esto responde a «una visión egoísta y parcial» de los individuos.
El camino parece ser la lucha contra el modelo productivista; un cambio de mentalidad, la búsqueda de alternativas: «Hay varias alternativas que no tienen suficiente apoyo y a veces quienes adoptamos esas alternativas lo hacemos por una convicción de que las cosas pueden ser mejor, pero a veces no da un resultado adecuado porque te encontrás con muchas cosas en contra… A veces se trabaja por intuición; hay poca investigación…»

La lucha de las mujeres rurales

«Por un futuro» es un grupo de mujeres rurales de la zona de Libertad, asociado a la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay.
Tienen un local en la ruta 1 Km. 46., en un predio cedido por la Intendencia, donde funciona la cooperativa.
Elaboran dulces, mermeladas, almíbares y pickles. «El día que nos juntamos, elaboramos. Es una actividad social. Pero además trabajamos cada una en nuestras granjas» dice Mirta Parodi, integrante del grupo.
Todas tienen quinta y algunas invernáculos. «Trabajamos desde que nos levantamos; a veces está oscureciendo y las que tenemos animales andamos racionándolos, o haciendo mamar terneros; trabajamos hasta que la luz nos alumbra en el campo y después tenemos que arreglar los animales. Son muchas horas. Ahora en invierno se nos acorta porque oscurece más temprano».
De la quinta cosechan variedad de verduras: tomate, cebolla, zapallito, remolacha, chauchas…

Logros
«Hemos logrado salir a reuniones. Antes la mujer siempre estaba en la casa. Vamos logrando cosas…»
Estar asociadas a la Red de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay les ha dado la posibilidad de conocer otras mujeres, ver que no están solas y que comparten inquietudes.
Uno de los logros de la Red ha sido la elaboración de una agenda, con temas que entienden como prioridad. El documento está siendo entregado a todos los candidatos a Intendente.
Consultada sobre qué aspectos consideran necesario que estén en la agenda de los políticos, Parodi destaca el tema de la salud. Las mujeres rurales deben pasar muchas horas fuera de sus hogares para acceder a la atención de su salud: «a veces hay que ir a las cuatro o cinco de la mañana para sacar número para que después te atiendan… Mujeres que muchas veces viven muy lejos de los hospitales».
Por otro lado, también consideran necesario «que los trabajos sean pagos por igual para la mujer que para el hombre. En las fábricas, por ser mujer, te pagan menos y nosotras siempre estamos peleando por eso…»

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2 Responses to Late el corazón del campo uruguayo…

  1. Anónimo says:

    La respuesta está en el pasado reconocer las semillas que hemos dejado tiradas por el camino y tomar la ruta de regreso a partir de los más jóvenes; cambiar el modelo actual a partir de establecer nueva jerarquización de nuestros actos, hemos perdido la brújula, nuestro sentido de pertenencia y nos confundimos al revisar valores como libertad, trabajo y convivencia, creamos otros que hoy nos conducen a un futuro desolado, a una dependencia inhumana, hoy nos tratamos como números y no como personas, incluso hasta en la propia convivencia, hemos perdido la confianza en nosotros mismo, abandonamos valores como la solaridad y los cambiamos por la indiferencia que obliga la desconfianza, en casi toda nuestra actividad, negando incluso hasta nuestra propia naturaleza . Estamos mal y lo peor es que será la herencia a nuestros hijos, si no cambiamos.

  2. Marco Antonio Constantino Kanter says:

    el anterior puesto como anónimo.

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