El saqueo de los bienes culturales y las armas

Cuando nos planteamos los temas de política internacional -de guerras internacionales podríamos decir sin eufemismos-, corremos el riesgo de pecar de inocentes. Por la falta de vínculos con los grandes centros de decisión, por la falta de conocimientos sobre los inmensos intereses económicos que existen detrás de estas contiendas y también por desconocimiento de los llamados equilibrios geopolíticos que muchas veces no son otra cosa que el reparto que organiza el más poderoso entre los un poco menos poderosos, sin participación y con el sacrificio de los más débiles.

MIRTANA LÓPEZ

Sin embargo también podemos pensar que es esa misma inocencia con respecto a los intereses lo que nos permite volver a las fuentes esenciales. Así, con la esencialidad de la inocencia y en fechas de aniversarios, entendemos necesario repasar un tema que es de la cultura y es de la guerra.
En Internet*, se lee:
El 5 de abril de 2003 las tropas norteamericanas llegan a Bagdad y cinco días después la ciudad está muy controlada. El día 12 de abril el Museo de Bagdad (donde se conservaba la mayor colección de objetos de las civilizaciones mesopotámicas, así como de los períodos prehistórico y musulmán en la zona) es saqueado. Por los iraquíes, se dijo. Parte de este saqueo se realiza de manera indiscriminada; pero los más valiosos bienes desaparecen del Museo de un modo perfectamente organizado. Se estimó en 170.000 los objetos robados.
El ejército norteamericano no protegió al Museo frente a posibles ataques o saqueos, lo que suscitó inmediatamente un movimiento de crítica internacional. Desde el Departamento de Defensa norteamericano no se supo explicar por qué no se había procedido a protegerlo con sus contenidos, lo que suscitó aún mayor perplejidad en la comunidad internacional. «Ya en 2002 habían aparecido artículos en la prensa norteamericana acerca de los posibles riesgos que supondría una invasión a Irak desde el punto de vista de los bienes culturales que ese país poseía. Y en marzo de 2003 el Archeological Institute of America había contactado directamente al Departamento de Defensa por idénticas razones. El 21 de abril de 2003 se destina al museo de Bagdad una pequeña unidad del ejército norteamericano que tuvo como finalidad descubrir quién llevó a cabo el saqueo, cuánto fue robado e intentar recuperar el mayor número de piezas. En setiembre presenta su informe a las autoridades norteamericanas. Durante la contienda y desde que concluyó formalmente la guerra, los yacimientos arqueológicos e históricos han sido sistemáticamente saqueados. Este hecho, también denunciado pero con menos repercusión en los medios, supone una pérdida tan grande como la del Museo de Bagdad, al desaparecer objetos valiosos y destruirse el contexto en el que se encontraban».
Producido el saqueo, el día 17, la UNESCO en París organizó una reunión de emergencia de expertos en antigüedades para enfrentar las secuelas del saqueo y los efectos globales que iba a producir en el mercado de arte y de antigüedades. Tan increíble como lo que sigue: Al otro día, en EEUU, se reunió el nuevo Proyecto Museo Bagdad para asegurar al mundo que se haría todo lo posible por recuperar las colecciones y para crear un museo virtual.
Aunque usted no lo crea, eso es lo que se hizo. Además de seguir afirmando que los estadounidenses no habían tenido nada que ver en el saqueo. (Se encontraron más de 700 piezas en este país; y se siguen encontrando.)
En 2006 el Museo reabrió con 6 salas de las 24 que tenía.
Es bueno recordar que muchos de los más admirados museos europeos han tenido sus salas correspondientes a un país o a una civilización antigua porque habían hecho, con anterioridad y mejores modales, un buen saqueo. La ocupación militar, función específica y reconocida como válida a los ejércitos, es generalmente el prólogo de saqueos y apropiaciones. No otra cosa tenemos dolorosamente confirmado en Latinoamérica sobre los ejércitos de ocupación que fueron nuestros colonizadores y «civilizadores» impuestos. O sobre los ejércitos nacionales que en tiempos de dictaduras saquearon casas, robaron bienes o quemaron  libros.
¿Cómo no replantearnos estos temas fundamentales, cuando vemos al último Nobel de la Paz, Barack Obama, esperanza para muchos de nosotros, latinoamericanos tercermundistas, que ahora está preocupado por «el armamentismo nuclear» de Irán? Este país también defiende que las nucleares son armas estratégicas disuasivas. Mientras que las armas estadounidenses de todo tipo y desde siempre han sido realidades de invasión, muertos y destrucción.
¿Habrá que creer que en la cuna de la civilización occidental los saqueos los hicieron los propios habitantes de la zona? La historia -menos liviana que la publicada en Internet -, lo dirá.

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