«Algunos creen en el socialismo y otros no»

En Montevideo se festejaban 39 años del primer gran acto del FA y en San José, la senadora Constanza Moreira se reunía con un grupo de militantes. Finalizado el encuentro -ya en su auto- accedió a mantener una charla con SAN JOSÉ HOY.

DAVID RABINOVICH entrevista

¿A qué viniste a San José?
«Me invitaron unos compañeros sin sector, independientes. Yo estoy en la 609, pero como soy independiente me querían transmitir sus inquietudes, sobre todo respecto a cómo se reproducen los militantes y cuadros independientes en un Frente que está muy marcado por los sectores. Querían saber sobre las redes frenteamplistas y reflexionar sobre el rol del FA en este gobierno de Mujica, especialmente en San José».  (Algunos sugirieron la posibilidad de crear un grupo del que Moreira fuera referente. Amable pero firme, ella rechazó la propuesta).

¿Cómo profundizar los cambios?
«Hay un estudio del BID sobre el impacto que ha tenido el gasto público social en estos cinco años en la distribución del ingreso: Reforma de la salud, PANES, Plan de Equidad, aumento del salario mínimo o el salario real con la reinstalación de la negociación tripartita. En el 2008 se registra una efectiva disminución de la desigualdad, por primera vez. Porque habíamos concentrado mucho el ingreso en los 90 y especialmente en el 2002. Este Informe indica que efectivamente se produjo un cambio en el patrón de la distribución del ingreso y que la única manera de corregir la desigualdad es a través de un gasto social eficiente. No a través de políticas impositivas más duras. Eso es muy discutible».
«La forma de corregir la desigualdad es alterar la distribución funcional del ingreso, o sea que capital y trabajo pesen más equitativamente en el producto de un país». Con la crisis de 2002 el trabajo se devalúa y el capital se concentra, eso «hace al modelo productivo que tenés».
Considera otro componente de la desigualdad: «La brecha entre alguien con primaria incompleta y alguien con estudios terciarios es muy superior a lo que era hace 20 o 30 años». (…) «Se ve una concentración del capital y un aumento del excedente de las empresas, especialmente en el sector agropecuario, donde cada vez se emplea menos mano de obra que sigue teniendo el mismo nivel salarial que antes. El capital se concentra, se expande y el trabajo se retrae. Es la vieja lucha entre el capital y el trabajo, entre empresarios y sindicalistas. Si no se cambia en algo el modelo de producción para que trabajo y capital se compensen más, o el modelo de producción exija más mano de obra con baja calificación, vamos hacia una sociedad bastante dual, que es lo que tenemos».

¿Cambiar dentro del sistema o cambiar el sistema?
«La opción de la izquierda uruguaya es cambiar dentro del sistema. La idea es que tengas trabajadores suficientemente fuertes en sus organizaciones que impongan límites a la capacidad extractiva de la clase dominante. Los consejos de salarios son un pacto social-demócrata». Apoyar los emprendimientos que generen «retornos sociales en términos de empleo, de inversión… Me parece que la solución es de este tipo, por la escala que tiene el país y porque la izquierda uruguaya es además la conjunción de muchas cosas. Algunos creen en el socialismo y otros no, entonces no hay mucho acuerdo de cuál sería la alternativa».
¿Cuánto se puede cambiar en esta alternativa?
«Depende cuán alternativa quieras que sea la alternativa. Por supuesto que hay alternativa al neoliberalismo, a la privatización, desregulación y liberalización exacerbada… Si vos me decís alternativa al capitalismo, yo te diría que por ahora lo que hay es la búsqueda de una especie de pacto social-demócrata dentro de los límites del sistema. (…) El socialismo del siglo XXI en la formulación de Chávez sigue respetando sistemas de producción capitalista en la inmensa mayoría de sus áreas económicas».

¿Se discuten realmente a fondo estos temas?
«Hoy se discuten otras cosas, tan importantes como aquellas antiguas discusiones. Se discute sobre los derechos humanos, sobre la libertad, sobre la mujer, la discriminación, el medio ambiente, la energía… Creo que son discusiones de otro tipo. Porque hay como dos visiones del asunto: una es que los cambios en la infraestructura serán los que determinen el curso de la historia; esa es una visión marxista y bastante atinada. También los cambios en el modo de producción son el resultado de muchas cosas, no sólo de la voluntad humana y de la organización política. Después está la visión que las cosas pueden cambiar de arriba hacia abajo, de la superestructura a la infraestructura. Por ejemplo, la revolución en la información y en las comunicaciones está dando vuelta al mundo. El mundo es cada vez más información y menos energía; claro, eso tiene un límite».

¿Cómo ves la actual apropiación concentrada de la información?
«La Internet ha hecho que más gente acceda a un tipo de información que antes sólo existía para una élite. (…) Por supuesto que hay cada vez una concentración mayor en las empresas transnacionales (…) Sin duda la televisión, las cadenas de noticias repetidas… La construcción de la agenda política y de lo que importa y lo que no, es una construcción mediada por grandes empresas, nadie lo puede discutir, como que el comercio mundial está dominado por transnacionales. Todo eso es verdad, pero eso no quiere decir que no haya aumentado enormemente el flujo de comunicación entre los seres humanos, aún entre los más pobres. Todo el mundo tiene celular… El joven del asentamiento quiere el cibercafé, la Internet… La comunicación es un bien tan valorado como el pan, cosa que a la izquierda nos cuesta entenderlo, porque hasta el propio Mujica dice que hay que darle de comer a la gente… Como dijo una vez una mujer: ‘yo comer, le doy de comer a mi perro, para mis hijos quiero otra cosa’. Y esa cosa tiene que ver con esos bienes culturales, con la información, con la cultura. (…) El mundo es cada vez más información y menos energía… Estamos en un planeta frágil y esa base que nosotros creemos tan firme, -la provisión energética de los bienes materiales del mundo-, es bastante más acotada, frágil, débil y limitada de lo que necesitaríamos para seguir viviendo en esa superestructura de la información. El propio capitalismo necesita de eso. El capital financiero no podría circular si no lo acompañara el desarrollo científico – técnico».

Hay más información pero con un lenguaje muy empobrecido: ¿Los jóvenes tienen dificultades de comprensión de los conceptos para analizar y sacar conclusiones?
«Soy profesora de la Universidad y siempre tenemos esa discusión con los colegas. No comparto eso… Les cuesta leer, es lógico. La gente no lee, nunca leyó. Y efectivamente la cultura del libro está dando lugar a otras cosas, pero no creo que los jóvenes estén menos preparados. Hace 20 años que doy clases y no veo eso… Posiblemente no es mi cultura porque yo soy una mujer del siglo XX, pero será otra cosa».

¿A qué aspectos darle importancia en el desarrollo local?
«En el desarrollo local le daría mucho más importancia a los emprendimientos sociales. La inversión extranjera es bastante depredadora de los recursos naturales. El tipo de inversión externa directa que nosotros recibimos es Botnia, es hierro… O es compra de activos existentes. Te compran todo; no tenemos capital bueno que se asocie. Nosotros lo que queríamos del Mercosur era complementariedad de cadenas productivas: Que vos pudieras tener capital para invertir. Ellos compran todo, porque además, a escala uruguaya, todo es muy barato y muy vendible.
Hemos recibido mucha inversión externa -este período de gobierno fue el que recibió más inversión de todos-, que mantiene la característica de ser muy extractiva de los recursos naturales, con poco valor agregado; la mayor parte de las empresas transnacionales generan ese tipo de producción que luego comercializamos con EE.UU. o Europa. Mal que bien con Argentina y Brasil tenemos un comercio de valores con mayor contenido tecnológico o de insumos industriales… No veo que este patrón se pueda cambiar en mucho tiempo. Me parece que Uruguay debe mejorar la capacidad de asimilar los costos y beneficios de este tipo de inversión pensando en un plan de desarrollo nacional a largo plazo con condiciones a la inversión extranjera que tengan que ver con el proyecto de desarrollo nacional.
Para el gobierno local, la inversión extranjera se asienta sobre un pedazo del territorio. Ahí los modelos de desarrollo sustentables basados en la producción autóctona, en los emprendimientos solidarios, en las cooperativas sigue siendo lo más sustentable. El tema es que ahí viene el rol del Estado: Alur no existe sin el Estado. Emprendimientos de ese tipo requieren ayuda del Estado. Yo creo en el viejo modelo de sustitución de importaciones. La lógica del mercado con liberalización comercial ha sido nefasta para la pequeña y mediana empresa uruguaya. (…) En este período, que fue de mucho crecimiento económico, ha habido un empuje de reindustrialización aunque buena parte de la industria es basada en productos agropecuarios. Yo buscaría un mix de cosa social con apoyo estatal y por supuesto algún tipo de mercado».

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