La restauración del telón del Teatro Macció

El telón del Teatro Macció tiene casi 100 años. Es de terciopelo italiano. Cuando comenzaron las obras de remodelación del teatro, una de las tareas que había que cumplir era trabajar en su restauración. SABYL, la empresa encargada de las obras, contrató a un grupo de restauradores de Montevideo… Desde ese momento, toda una aventura se inició para ellos.

ESTELA SELLANES

Parte de la riqueza de San José y su historia.

El contacto con San José se generó por medio de una clienta del taller, conocida de alguno de los responsables de SABYL. Herminia Acosta (profesora de restauración) y sus alumnos, se interesaron por el proyecto y viajaron a nuestra ciudad con la intención de conocer el telón.
En el taller donde trabajan en Montevideo se restauran pinturas, muebles y marcos, pero nunca lo habían hecho en telas. El desafío era grande y atrayente.
Además de Herminia se sumaron al trabajo sus alumnos Silvia García, Selva Triñanes y Mario Tonarelli; colaboraron Virginia Martínez y Nicolás Souto.
Cuando llegaron a San José se encontraron con que «el telón estaba en un galpón que habían alquilado frente al teatro, arrollado, o sea que sólo vimos una cuarta parte… No sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar».
Lo ideal hubiese sido verlo colocado en su lugar, para hacer un buen diagnóstico.
Recién cuando lograron llevar el telón a Montevideo, conocieron la dimensión del trabajo que tenían por delante.
Al  empezar, vieron que tenía parches y materiales ajenos que se le habían agregado: «eso fue lo que nos dio mucho trabajo, porque el telón había sido arreglado  por un tapicero o por alguien entendido, pero no fue una restauración como se debía… Lo habían arreglado con lo que tenían.»
Habían pegado partes de la tela con cemento. En la parte superior había parches de pantazote azul, cocidos con hilo de cometa y tanza de pesca, que cortaban el terciopelo. «Gente con buena voluntad de que eso siguiera funcionando, pero que no tenía idea de los materiales que tenían que usar y de lo que podían llegar a estropear», comenta Silvia.
«Cuando vimos la belleza del material y del dibujo, no sólo fue un desafío sino un vértigo, porque pensábamos ¿qué más puede tener?».
«Nos encontrábamos con partes de cinta que faltaban para llegar a conformar el dibujo del bordado, y no teníamos cómo conseguir la tela…»
Según Herminia, en un momento el telón fue teñido de color azul y después de rojo, por lo que no quedó con un color fijo: «Quedó de un color bordó como con aguas, entonces con el bordado, que era en una especie de satén mate, no era fácil llegar a ese color…»
Probando, tiñeron telas con remolacha, té, anilinas y finalmente consiguieron una popelina camisera, semi mate, muy parecida a la del bordado de los alcahuetes (partes fijas laterales que cuelgan a los lados del telón).
El telón pesaba 200 kilos. Un solo paño medía 9,50 x 7 metros. La idea era trabajarlo con un andamio, pero el espacio no era suficiente.
Descubrieron que el terciopelo había sido prendido a una entretela, que era una especie de frazadita y luego a un forro. Cordones de época fijaban las telas.
En algún momento se pensó cambiar la entretela, pero finalmente hubo que remendarla.
Buena parte del forro se lo había comido el cemento con el que lo habían intentado pegar…
La nueva tarea era tratar de llevar el telón lo más parecido posible al original. Hubo que suplantar telas que estaban muy castigadas.
«En un momento manejamos la idea de hacer una réplica, porque era tanto lo que había que hacerle… Pero claro, ahí se hubiera perdido la historia. Eso fue como un desafío para nosotros: meternos en parte de la historia de este telón y recuperarlo».
Sentían que era un telón único, de gran valor cultural…

Los primeros pasos

Mario Tonarelli, Virginia Martínez, Heminia Acosta y Silvia García. El taller de Herminia en Montevideo está en Aquiles Lanza 1181, esquina Canelones.

El 4 de noviembre vinieron por primera vez a San José a ver el telón. Luego de que SABYL les aprobara el proyecto, tuvieron que conseguir un local donde trabajar en Montevideo. El 7 de diciembre comenzó la tarea de restauración.
«Nos encantó el desafío, pero después, cuando empezamos a ver todo lo que había que hacerle, nos arrepentimos», dicen entre risas.
«Se nos presentaban situaciones diferentes, porque de repente pensábamos dedicarnos a la parte del bordado o de la pasamanería (los flecos de la parte inferior), y nos encontrábamos con que teníamos que desarmarlo todo para arreglar la entretela».
Tuvieron que sacar la pasamanería porque estaba mal cocida y arreglarla en su totalidad; debió peinarse y pintarse. Las borlas, que tienen un alma de madera, apenas se podía mojar. Como estaban muy sucias, se limpiaron con productos para limpiar moquettes y se pintaron con pinturas de tela para resaltar el color.
Entre miedos y adrenalina, porque no sabían con qué se iban a encontrar, había que ser creativos a la hora de buscar soluciones…

Esfuerzo y dedicación

«Lo arreglaban con lo que podían»: pantazote azul e hilo de cometa o tanza.

Tuvieron que alquilar dos máquinas industriales, lo que implicó un trabajo mucho mayor para el grupo de restauración. Las ponían sobre un andamio y las iban moviendo entre dos personas porque el telón no se podía mover.
El forro se hizo a nuevo. Encontraron una tela de un color similar a la del telón, de buen cuerpo. Además utilizaron una tela de tapicería, muy resistente, para toda la parte de mecanismo y estructura, de sostén del telón, para no exigir el terciopelo. Eso suplantó al pantazote azul que le habían colocado. Se hizo un soporte con cinchas y argollas de metal. Se usaron más de 150 argollas, para la parte superior y la parte lateral.
A su vez, en la parte del medio, el telón lleva una especie de bolsillo donde va la pesa que hace que los dos paños se superpongan y el telón quede bien cerrado cuando se baja. Ese bolsillo hubo que hacerlo a nuevo.
En el bambalinón (parte superior central de mayor bordado) hubo que trabajar mucho tiempo.
El bordado de los alcahuetes, hubo que hacerlo de cero.
Los palcos laterales no habían sido sacados a  tiempo. Al momento de iniciar la obra en el teatro, tenían mezcla, pintura y portland y las costuras estaban superpuestas porque habían sido reparados.
Los bordados se rehicieron cortando y pegando trozos de un lado a otro del telón; tenían un cordón alrededor, una especie de hilo torneado bien fino, que daba la terminación. Tuvieron que buscar materiales hasta conseguir un cordón parecido.
Cuando el local les quedó chico, tuvieron que alquilar uno de mayor tamaño para poder extender el telón en su totalidad.
En total trabajaron 50 días. Los últimos días llegaron a trabajar 12 horas por día.

«Valió la pena»

El desgaste propio de los años de no ser restaurado.

De la compra de materiales y del alquiler de los locales se hizo cargo SABYL. El grupo de restauración hacía la solicitud de compra y acordaba el tipo de material y dónde se compraba.
Calculan que se debe haber invertido más de 15 mil pesos en materiales chicos.
El grupo cobró 8 mil 400 dólares por mano de obra.
«Hoy por hoy sentimos que nos quedamos cortos, pero también sentimos que valió la pena. Aprendimos mucho de hilos, de materiales, de textura y volveríamos a hacer un trabajo por el estilo», dice Herminia.
El valor de la pieza fue lo que más los motivó.

Sensaciones
Las sensaciones fueron fuertes. «Nos preguntábamos cómo lo dejaron venir abajo tanto».
«Nos sentimos respaldados en muchas cosas, pero por ejemplo, nos sentimos muy mal con el tema de los pagos, porque no se cumplió con las fechas de entrega. Por un lado estábamos motivados por el trabajo pero por el lado económico no, al contrario, era todo el tiempo estar peleando con algo que no nos correspondía».
Además sienten que con todo el trabajo que tuvieron que hacer, cobraron muchísimo menos: «En los palquitos había clavos con herrumbre y bastidores que había que desmontarlos, cosa que no nos correspondía. A nosotros nos tenían que entregar las piezas limpias, pero a su vez veíamos que si las lavaban, nos iban a entregar jirones. Una  pieza que se limpió en una piscina, estaba destrozada…»

Negligencia
¿Cómo la Intendencia no se preocupó antes de la restauración, para que no se echara a perder algo tan valioso?
«Justamente, el teatro, con toda la actividad que tiene, de pronto debió seguir más de cerca objetos que son invaluables. Había abandono y había gente que puso mano con buena voluntad pero sin conocimiento de los materiales…», dice Silvia.
Que se conserve el telón de aquí en más y se lo restaure a medida que sea necesario, dependerá de las políticas de la Intendencia. Ojalá esto sirva como experiencia, para que no vuelva a suceder lo que ya pasó.
«Hay trabajos que deben ser cotidianos, que a medida que se van usando uno va reconociendo que hay partes que retocar, por ejemplo, una limpieza en seco (…) No dejarlo decaer, porque otra intervención de estás no la resistiría y hay cosas que se pueden resolver con el telón colgado», dice Mario.

No fueron invitados

Trabajando en el bordado y la pasamanería.

El trato del grupo con los funcionarios del teatro fue muy bueno: «Fueron ellos los que nos transmitieron el cariño por el telón… por cómo lo abrieron con tanto cuidado y cómo lo intentaron cuidar de la forma que pudieron…»
Tenían que entregarlo pronto el 31 de diciembre. Lo entregaron el 1 de febrero a las siete de la mañana.
Una vez que estuvo pronto, la empresa se encargó de trasladarlo nuevamente a San José. «Nosotros dábamos los lineamientos para que quedara lo mejor posible».
Al momento de colocarlo no pudieron estar presentes. Se iba a colocar un viernes, pero ese día no se pudo concretar porque hubo otras cosas en las que trabajar y el escenario aún no estaba limpio.
«Lo que nos dio cierta tranquilidad es que lo iba a colocar el personal del teatro, que sabía cómo funcionaba», explicó Mario.
Increíblemente, sus restauradores aún no han visto el telón colocado en vivo y en directo porque no fueron invitados a la fiesta de inauguración. Lo vieron por televisión: «Decíamos ¡por favor que abra bien!, mientras lo mirábamos por la tele».
Antes de entregarlo habían hecho un simulacro de apertura en el piso.


Una experiencia grata

«Fue un trabajo que nos quedó para toda la vida. Fue una experiencia muy grata. Más allá de algunos detalles, nos quedamos conformes y sentimos que contribuimos con un poquito de la historia de San José».
Sin embargo, nada se habló del trabajo de restauración ni del esfuerzo del grupo…
Sí tienen una invitación pendiente de la gerenta del teatro, Rita Schöelderle, para tomar un café en la nueva cafetería.
De todos modos, piensan venir en cualquier momento a San José a ver alguna obra. Quizá entonces aprovechen para hacerle algunos retoques al telón, como recortar algunos hilitos y peinar la pasamanería, que quedó pendiente.

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One Response to La restauración del telón del Teatro Macció

  1. Anónimo says:

    Habiendo crecido en este lugar (en 1975 mi papá empezó a trabajar de peón después de haber sido sumariado y por ende degradado por la dictadura,mientras se realizaba aquella restauración y yo tenía 5 años recién cumplidos).
    No había rinconcito del teatro por pequeño que fuera que yo no conociese.
    Mi más grande diversión-podría decir devoción-era hacer las dos cuadras que me separaban de la escuela 46 y pasarme las tardes enteras en el teatro con mi viejo, Martin Zurdo, con Picart, Verderosa, Fuentes, Prieto,,,Omar García:¡¡Héroes!! que sin tener gran conocimiento hicieron a puro pulmón desde el “sótano” hasta el techo un trabajo excelente (convengamos que la diferencia en el ” presupuesto”con el trabajo de hoy admite alguna chansa).
    Ni que hablar del trabajo de las mujeres,Margot, Ana,Nancy, Shirley,Charito, todas y todos comandados por doña Andrea la gerenta, sucesora por la época de Chiruchi, su esposo, precesora de Canale y más tarde de Lacava,todos precesores de Shöelderle a quien no tengo aún el gusto de conocer.
    No quisiera olvidarme de nadie,,,aunque,,,don Rodrígeuez el sereno,y Lía la vendedora de en- tradas;( y seguro que se me escapa alguien: perdón).
    En fin me siento muy emocionado y también muy agradecido por lo que ustedes han hecho hoy.
    De mi puedo decir que conozco muy bien ese lugar,en él aprendí muchas cosas:canto,danza,ac
    tuación
    En ese lugar está buena parte de mi vida.
    Los maestros que tuve,los tan queridos compañeros,las estrellas que en él estuvieron!
    En fin: El telón;de subirlo y de bajarlo el responsable era mi viejo junto con la ayuda de un com- pañero.
    Yo lo hice una vez;él ya no estaba.Me ayudó su compañero porsupuesto.
    Imaginen lo importante que es para mi vuestro trabajo.

    Muchas Gracias
    Martín

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