¿Quién carga la mochila?

MIRTANA LÓPEZ

Aunque exista una continuidad genérica con la línea del gobierno anterior, tal como lo afirma el Presidente Mujica, el cambio de mando ha traído consigo algunas diferencias de enfoque. Entre ellas, quizá la que ha causado más sorpresas sea la que tiene que ver con la idea de justicia, confundida con venganza, cuando de culpables mayores de 70 años se trata. Mujica ha ido brindando su opinión en este tema en diferentes oportunidades. De tal forma que la reconstrucción de su pensamiento se parece al armado de un rompecabezas con todos los riesgos de interpretación -o de atribuir intenciones- que ello implica. A nuestra vez, debemos nosotros armar nuestro propio pensamiento con respecto al tema para ayudar a que toda la sociedad sepa si la reconstrucción de la relación con las Fuerzas Armadas le significa la renuncia a la justicia.

Las piezas de un puzzle

“Desde 1985 sentimos gente que, con razón o sin ella, reclama que hay que dar vuelta la página y, al mismo tiempo, gente de nuestro pueblo, tan válida como la otra, que grita por justicia, también con razón o sin ella.”
Este pensamiento fue expresado por el Presidente José Mujica ante los mandos de las Fuerzas Armadas, al encontrarse con ellos, en Durazno. Ante cientos de militares, afirmó: “Estas Fuerzas Armadas de hoy no deben cargar con ninguna mochila del pasado ante su pueblo”.
Cómo no relacionar estos pensamientos con aquellas declaraciones en la Argentina, antes de las elecciones nacionales, que nos habían puesto ‘los pelos de punta´. Había dicho que no quería “militares viejos presos” y “que la justicia tiene un hedor (dijo jedor) a venganza de la puta madre que lo parió”. Posteriormente, en las explicaciones que siguen a sus declaraciones agregó: “Si me dices la verdad, te conmuto la pena”. Desde una postura de juez -no de Presidente-, sin duda se refería a todas las gestiones hechas -desde la Comisión para la Paz-, para que los militares iluminaran con sus declaraciones el camino hacia la verdad, demostrando que querían llegar a ella. Cosa que no ocurrió.
Estas citas conforman un sector de este puzzle difícil de armar.

Agreguemos otra pieza:

Una joven, con una historia personal enraizada en los crímenes de las dictaduras, Macarena Gelman, reflexiona en una entrevista de prensa: “Este no es un tema entre ellos, los tupamaros y los militares. Éste es un problema entre la sociedad y los militares que debe resolver la sociedad. No lo va a poder resolver el Presidente Mujica. Para eso se tienen que habilitar todos los caminos de la justicia. La justicia tiene que existir desde siempre y no es necesario que una víctima pida justicia; los poderes del Estado deben velar por ella. No he visto ningún militar arrepentido ni queriendo decir ninguna verdad. Entonces, para mí, es imposible pensar siquiera en un arresto domiciliario.”*

Por otra parte, en su ética personal, cualquiera de nosotros tiene ya conformado un cuadro de valores cuando de temas de crímenes y torturas se trata que se enraiza en los crímenes de la Segunda Guerra Mundial. Como ejemplos para este modelo para armar en estos días ha surgido nueva información. Entre los años 1943 y 44 Holanda estuvo ocupada por los nazis que asesinaron, entre otros, a tres integrantes de la Resistencia. Paralelamente, en un campo de concentración en Polonia, morían casi 30 mil judíos. Por el primero de estos crímenes, en Aquisgrán, fue condenado a cadena perpetua Heinrich Boere el 2 de marzo pasado; tiene 88 años. Por el segundo, como cómplice, se está procesando en Munich a John Demjanjuk, de 89 años.

En general, en el mundo occidental ni siquiera se discute la pertinencia del juicio a los criminales de guerra. Por el contrario, se admira a Simon Wieseinthal y las pesquisas incansables para encontrar a los asesinos sin dudar que esa condición no se pierde por los años vividos.
Cuando se dice que estos militares de ahora no deben cargar con la mochila del pasado, se olvida erróneamente que en el presente no han querido responder, no han pesquisado o no han dicho el resultado de esas pesquisas o de esas informaciones, haciendo una especie de conjura del silencio intergeneracional como muro protector. Se olvida que todavía revistan hoy, en las FF AA, oficiales con responsabilidades directas en crímenes de lesa humanidad. Se olvida también que los dolores no son de un individuo que como persona puede elegir el perdón, sino de una sociedad que como tal sigue buscando y deberá encontrar un camino de justicia que la identifique.

* La diaria 19/03/2010

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