¡A todo/as les dirás lo mismo!

¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
– No, porque pierdo votos.

Es tiempo de elecciones. Pasacalles, carteles, propaganda en radio, TV y prensa, volantes, folletos y parlantes callejeros nos ofrecen candidatos, como si fueran champú para la caspa. Desde el marketing, intentan vender un producto del que no siempre conocemos todas sus características esenciales. Se disimulan cuidadosamente los efectos nocivos o secundarios de la receta «para no perder votos».

A mostrar el argumento
A la hora de hablar de programas generales y propuestas reaparece la promesa fácil, que se reparte -en diferentes dosis- entre cambiar todo o hacer lo mismo pero mejor. No obstante, como las elecciones de mayo son esencialmente locales, hay que comprometer soluciones particulares a problemas específicos.
A pesar de eso, los programas (compromisos electorales) suelen ser un catálogo vago de buenas intenciones. Ningún producto tiene la descripción completa o correcta, ni exhibe su precio verdadero. Claro que la distancia entre el ser y el deber ser varía en cada caso y hay quién parece algo bastante similar a lo que realmente es. En algún caso la distancia puede llegar a ser abismo.
Está bien definir grandes líneas de trabajo para alcanzar objetivos generales. Si uno no sabe a dónde va, cualquier camino lo lleva. Pero llegado el momento hay que elaborar un presupuesto y analizar los recursos disponibles, para distribuirlos según prioridades que responden a aquellos objetivos y líneas de trabajo. El presupuesto contendrá Objetivos y Metas que serán concretadas a través de acciones que requieren tiempo y recursos.

La buena gestión
De acuerdo a las leyes vigentes los presupuestos son por «programas» (en otro sentido del término). Hay que establecer qué se hará, cómo, cuándo, cuánto costará y luego evaluar el cumplimiento. De esa forma los caminos para alcanzar las metas y objetivos más generales son programas cuya correcta ejecución es imprescindible para iniciar el camino de una buena gestión.
Pongamos un ejemplo: para impulsar el desarrollo local en San José, todos hablan del turismo. Promoverlo puede ser un objetivo y mejorar sustancialmente la infraestructura una meta. Pero eso ¿cómo se hace?
Una estrategia que ha sido ensayada es la de apostar a la inversión privada. Se ensayó también que especialmente fuera grande y extranjera. Y quedó demostrado que no es adecuada para San José. El caso típico es el emprendimiento de los franceses en Mal Abrigo, con viñedos y la bodega.
Hay otras opciones, matices y variadas posibilidades. Si el objetivo es promover el arribo de turistas extranjeros de alto nivel adquisitivo, habrá posibilidades de instalar alguna estancia turística y posiblemente el grueso de la población nunca vea uno de esos visitantes.
Si el objetivo prioritario es apuntar al turista de medianos ingresos, residente en Bs. As., que pasa por San José y apenas se queda alguna noche, quizá se debería buscar por el lado de mejorar la oferta hotelera y gastronómica combinada con alguna atracción que pueda disfrutarse en pocas horas (artesanías y pintores por ejemplo).
También se puede planificar una estrategia de mediano y largo plazo donde en una primera etapa el turismo interno sea el primer objetivo. A esa etapa se puede integrar incluso un mejor aprovechamiento de las costas sobre el Río de la Plata, sierras, mar de piedras, barrancas o pequeñas bodegas y queserías. Si ésta es la estrategia, será insustituible la inversión pública como motor inicial.
¿Cuánto se puede destinar de recursos municipales? ¿Qué se puede obtener de apoyo del gobierno nacional? ¿Hasta dónde podemos integrar el departamento en la estrategia de desarrollo del turismo nacional?
Trabajemos, a modo de ejemplo, con algunos supuestos sencillos. Hay que entender que esto no es más que un ejercicio teórico.
¿Podemos disponer de U$S 250.000 dólares anuales? Se supone que sí, porque para tener una referencia, según información del oficialismo, el ejercicio cerraría con un superávit de más de 8 millones de dólares. (Juan Chiruchi dijo que dejó 17 millones en caja, de los que se deben aproximadamente la mitad, según palabras del contador Linder Reyes a la edila Elia Bentancor). Si los 8 millones son reales, y como para este programa sólo se usaría U$S 1. 250.000, se estaría gastando sólo el 15%. Con esa plata se puede hacer un buen camping en Cufré, un complejo de cabañas en Kiyú, recuperar Buschental como puerto para la navegación fluvial y un Parador en Arazatí, por ejemplo. Con los convenios adecuados (UTU, tal vez), da para promover cursos de artesanías, gastronomía y hotelería en Ciudad del Plata. (En el Centro Cívico, si se hubiera hecho).

Las artesanías
Se integran naturalmente al turismo y son una posibilidad formidable de desarrollar capacidades y oportunidades. Un par de veces por año se podría traer a San José maestros artesanos uruguayos y de otros países que aporten otras técnicas, otros enfoques. Es una forma de elevar el nivel, de promover el entusiasmo y la calidad. La comuna puede invertir también en apoyar la comercialización de las artesanías locales con espacios adecuados en el departamento y facilidades para concurrir a ferias artesanales fuera de él. Con un local que para encontrarlo no haya que ser Diógenes.
Sobre la cocina criolla podríamos hacer similares reflexiones.

Políticas con futuro

Cumplida una primera etapa de desarrollo de las infraestructuras básicas y capacitación de nuestra gente, sobre la base de un turismo local que ‘mueva’ el departamento (para esto el ‘mercado’ de Montevideo es suficiente), podemos aspirar a captar otro público más exigente y que pague mejor.
Hay que apoyar al sector privado, generar condiciones para que invertir sea rentable, pero al tiempo que se le exija algunas cosas mínimas: baños decentes, servicios de calidad, higiene, buena atención…
En una etapa temprana de la puesta en marcha del plan estratégico para la promoción del turismo en el departamento, hay que integrar las organizaciones de operadores, artesanos, artistas, comerciantes, prestadores de servicios en general, Mpymes a la dinámica de la instrumentación del plan. El desarrollo local, con este enfoque, es un proceso profundamente democrático, participativo e incluyente. Por eso en cada lugar los protagonistas tienen que poder incidir y decidir sin que se pierda de vista el rumbo, ni se desvirtúen los métodos. El Plan estratégico debe tener unidad y coherencia con las políticas nacionales, para que se potencie en lugar de obstaculizarse por una competencia cuya racionalidad individualista ha mostrado tan malos resultados.

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