Palabras de José Mujica

De su discurso de asunción como Presidente de la República, en el Palacio Legislativo, transcribimos la parte final en la que Mujica se ubica (y al Uruguay) en el mundo. Es un texto como para varias relecturas; entre otras cosas porque las entrelíneas dicen tanto como las palabras expresadas. Se podrán encontrar hasta contradicciones, pero no se podrá decir que nuestro Presidente de 74 años no vive con intensidad las peripecias de una vida siempre joven.

“¿En qué mundo vivimos? No está fácil de saber. Me gustaría ‘preguntárselo a cada uno de los ilustres visitantes que están aquí. Aunque sin duda tienen “mucho mundo”, me atrevería a decir que no van a poder darme una respuesta simple. ¿Verdad que no? El mundo está cambiando a cada rato. Y lo que es peor, a cada rato cambiando la teoría de cómo se construye uno mejor. Todavía no acabamos de padecer las consecuencias de la crisis planetaria con que nos obsequió el sistema financiero en la cumbre del mundo.
Descubrimos que habían creado un universo de burbuja y de casino. Pero que desde allí no sólo se jugaba a la ruleta sino que se podía golpear al mundo productivo real. Durante la crisis para rescatar lo que quedaba en pie, se rompieron dogmas que parecían sagrados, se decretó la muerte de los paradigmas vigentes y se volvió a la política como a un refugio de esperanza. Hoy, ante los desafíos no previsibles de la realidad, casi todos pensamos que ningún camino puede descartarse a priori, ninguna experiencia desconocerse, ninguna fórmula archivarse para siempre. Sólo el dogmatismo quedó sepultado.
No está fácil navegar. Las brújulas ya no están seguras de dónde quedan los puntos cardinales. Así que mirando las estrellas nos quedan algunas pocas certezas para orientarnos. Primero que en el mundo ya no hay un centro sino varios y que la globalización es un hecho irreversible. Por todos lados los humanos andamos nuestro destino y nos hacemos mutuamente dependientes. La idea de cerrarse al mundo quedó obsoleta.
Pero, a su vez, el proteccionismo sigue vivito y coleando y, a menudo, es protagonizado por unidades de tamaño continental.

Los latinoamericanos, un poco a los tumbos, estamos intentando construir mercados más grandes. ¡Pero cómo nos cuesta! Somos una familia balcanizada que quiere juntarse pero no puede. Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande. Por lo menos hasta ahora. No perdemos la esperanza porque aún están vivos los sentimientos: desde el Río Bravo a las Malvinas vive una sola nación, la nación latinoamericana. Dentro de nuestro hogar latinoamericano tenemos un dormitorio que compartimos y que se llama Mercosur. ¡Ay, Mercosur! ¡Cuánto amor y cuánto enojo nos suscita!
Hoy estamos en público y no es el momento de hablar de los temas de alcoba. Sólo déjenme afirmar que para nosotros el Mercosur es “hasta que la muerte nos separe” y que esperamos una actitud recíproca de nuestros socios mayores.
Finalmente, deseamos que el Bicentenario nos encuentre con un Río de la Plata más angosto, despejados todos los caminos que nos unen.

He reservado para el final, la más grata de todas las tareas: saludar la presencia de quienes han venido a acompañarnos desde el exterior, especialmente de aquellos que han venido desde muy lejos, casi inesperadamente. Años atrás hubiéramos considerado estas visitas como un valioso gesto diplomático, una cortesía de país a país.
Creo que en los últimos tiempos estas presencias tienen un significado mucho más intenso y mucho más político. Siento que al estar aquí ustedes expresan el respaldo a los procesos democráticos de renovación del poder. Se hacen testigos de la celebración.
Ya sabíamos del afecto pero nos gusta más sentirlo en la presencia física de todos ustedes. Sentirlo cara a cara. Y también corresponderlo cara a cara. Esto es así para el afecto entre la gente y para el afecto entre los países. Quererse de cerca debería estar recomendado en las academias de diplomacia. Así que, amigos del mundo, aquí presentes, reciban el agradecimiento del Uruguay entero. Sepan que no sólo estamos honrados por su presencia; también estamos contentos de tenerlos aquí y hasta diría que un poco conmovidos.

Para terminar, déjenme llegar al borde de la exageración y decir que este gobierno no empieza, no lo ganamos sino que lo heredamos. Porque la principal razón de mi llegada a la presidencia es el éxito logrado por el primer gobierno del FA, encabezado por el Dr. Tabaré Vázquez.
Él y sus equipos han hecho un gran trabajo: les digo muchas gracias en nombre de tres millones de uruguayos. Nosotros vamos a seguir por el mismo camino, construyendo una patria para todos y con todos. Muchas gracias.”

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