“No perder los objetivos y seguir la meta…”

El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. La historia de Matilde Pérez, una joven Asistente Social, bien podría identificar a cientos de mujeres que, viviendo en el medio rural, sortearon dificultades y se esforzaron por tener una vida mejor. O puede impulsar a otras tantas, que luchan por sus sueños, aún en la adversidad…

Matilde Pérez Viazzi junto a sus hijas Lucía (7) y Paula (seis meses).

ESTELA SELLANES

Cuando niña vivía en Rincón de la Torre, con sus padres, que tienen tambo. Iba a la Escuela 12. Hacía cinco kilómetros (en bicicleta o caminando) para ir a clases. Los días de viento y lluvia eran los más complicados.
Cuando terminó la escuela quiso ir al liceo. Sus padres insistían con que era importante que continuara estudiando. Tenía que viajar a San José. «Estábamos todo el día acá; no teníamos mucho lugar donde estar. Veníamos a las 10 de la mañana y nos íbamos a las 6 de la tarde. Pasábamos el día en la vuelta… Nos comíamos un refuerzo con las compañeras (éramos unas cuantas)».
Rincón de la Torre queda a 26 kilómetros de la ciudad; desde ruta 11 se debe entrar unos 16 kilómetros.
Lo más complicado para los adolescentes del medio rural que vienen a estudiar a la ciudad es la poca frecuencia de ómnibus. Por eso es tan importante poder contar con un espacio donde pasar el día, idea que maneja la Asociación Productores de Leche de San José. «APL tiene el proyecto, que está buenísimo para los chiquilines que viajan». Un lugar similar al Centro de Adolescentes de Villa Rodríguez.
Matilde cuenta que “para tomar el ómnibus tenía que hacer un kilómetro”. Desde la casa de sus padres hasta la parada no había camino -ahora hay carretera de balasto-; era todo barro. “Tenía que ir con las botas y cuando llovía me tenía que poner otro pantalón arriba… Después me tenía que sacar todo y dejar las botas en la entrada… Era terrible trabajo y a veces llegabas al liceo y tenías libre…”
Las horas que pasaba en San José hasta tomar el ómnibus de regreso a casa, las aprovechaba para estudiar. «Estuve haciendo máquina un tiempo;  si no, iba a la biblioteca y aprovechaba a sacar toda la información».

Quería ser Asistente Social
Matilde siempre contó con el apoyo de su familia. Sus padres no creían que hubiera muchas posibilidades para su hija en el tambo.
Cuando terminó el liceo, su familia quería que siguiera Magisterio, porque lo podía estudiar en la ciudad y no necesitaba viajar a Montevideo. Pero Matilde quería ser Asistente Social… «Yo insistí e insistí; ya estaba decidida, tenía la meta y al final salió la ida para Montevideo».
Pidió el Hogar Estudiantil de la Intendencia y obtuvo un lugar. «Eso me ayudó pila porque teniendo un lugar donde estar, todo se hacía más fácil».
A los pocos meses de llegar a Montevideo consiguió trabajo. «Trabajé en pila de lados: en Tata, en Chic Parisien… en todas esas tiendas así. Después conseguí trabajo en una mercería que quedaba frente al hogar. Allí estuve varios años».
Si bien tenía el Hogar, vivir en Montevideo le implicaba un montón de gastos, de comida, boletos, pasajes y fotocopias. Tener un trabajo ayudaba y mucho.
Generalmente volvía los fines de semana a visitar a la familia, salvo que tuviera algún examen.
Cuando terminó de cursar la carrera (le quedaba un examen y la tesis para recibirse), quedó embarazada. Tuvo a Lucía (una hermosa niña que hoy tiene siete años), volvió a vivir con sus padres y se vinculó con el Centro de Adolescentes de Villa Rodríguez, donde empezó a trabajar. «Todavía no estaba recibida; empecé como educadora, haciendo algunos talleres y dando apoyo en las materias. Después, cuando me recibí, me dieron el cargo de Asistente Social, porque justo la persona que se dedicaba a eso, creo que había renunciado».
Al Centro de Adolescentes de Villa Rodríguez llegaban sobre todo chicos de Paso Came, Carreta Quemada, Pueblo Nuevo e Ituzaingó, que viajaban para hacer el liceo. Quienes tenían mayores dificultades con el tema del transporte eran los de Paso Came y Rincón de Albano; sólo tenían dos frecuencias: Uno los traía en la mañana y después debían esperar hasta la tarde para regresar a sus hogares.
«Para los gurises, el Centro era como su segunda casa: ellos tenían almuerzo a mediodía, de tarde iban y se hacían la leche… Era bien un lugar como el que hacía falta acá en San José. Además el clima era lindísimo, había mucho compañerismo. Era un lugar donde ibas a trabajar con gusto. Ahí aprendí pila. Además me impulsaban para que terminara la carrera».
Estuvo cinco años trabajando en el Centro. Se recibió como Asistente Social en el año 2006 y continuó trabajando; después trabajó en un Socat en Rincón de la Bolsa y luego en San José, en el Club de Niños La Casita, de la ACJ, en el barrio Roberto Mariano.
En el 2004 se vino a vivir a San José; formó una nueva familia. En el Centro de Adolescentes conoció a Marcelo García, su compañero. Se casaron en el 2008 y hoy tienen una pequeñita de seis meses (Paula).
También en el 2008 entró a trabajar en el INAU, primero en el Centro de Adicciones y después en calle Colón, en el Centro de Estudio y Derivación (CED), donde trabaja actualmente. Allí se reciben las consultas del público en general, en relación a los niños y también algunas derivaciones de los clubes de niños; se abordan situaciones de familia y se hacen seguimientos.
«Estoy muy contenta con el trabajo; nos complementamos entre todos; hay psicóloga, una educadora social y está muy bueno; todos hacemos nuestro aporte con las diferentes familias, cada uno da su mirada y entre todos tratamos de resolver o de dar una mano en las situaciones».
Se encuentran con situaciones de todo tipo, desde gente que llega a pedir ayuda para conseguir los materiales de la escuela o del liceo para los niños o gente que plantea situaciones de vulnerabilidad; también llegan las denuncias de Línea Azul (0800 5050 de INAU donde se realizan denuncias anónimas sobre casos de violencia). Se va a los hogares y se trabaja con las familias. Además se trabaja con los niños y adolescentes de los hogares, del infantil y del mixto.
«Estoy muy contenta del lugar que tengo en INAU y me siento responsable de tratar de solucionar, en la medida de los posible, las situaciones, o de derivar a la persona que lo pueda hacer; me siento muy comprometida con el trabajo».

Igualdad de oportunidades
Matilde reflexiona sobre la situación actual de la mujer: «Yo creo que se ha avanzado mucho pero creo que también queda mucho por recorrer todavía para que seamos iguales en cuanto a las oportunidades y los derechos. A veces, en lo laboral, los hombres, por ser hombres, ya tienen como un plus en la tarea que hacen y a veces las mujeres tenemos que esforzarnos mucho para llegar a ese nivel… En trabajo social se ve pila, somos mucho más las mujeres y los pocos hombres que hay están siempre en lugares de importancia; más allá de que debe ser sin duda por la capacidad, también tiene que ver con el género».

Nunca perder el horizonte

Matilde quiso dejar un mensaje al resto de las mujeres, pensando en el Día Internacional de la Mujer: «Es importante no perder los objetivos que uno tiene y seguir la meta, aunque a veces parezca difícil e inalcanzable. Si se complican las cosas, tener la meta siempre en claro hace que uno pueda dirigirse hacia eso y no desviarse de lo que quiere lograr».

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