«Los cuarteles contribuyen al desarrollo social, a la educación…»

En el Congo y en Haití, los niños que se crían en la puerta de las bases militares, hablan español mejor que el francés. Del otro lado están los soldados uruguayos… Alguno maragato.

Álvaro Scagni tiene 28 años, fue soldado, estuvo seis meses en Haití, poco antes del terremoto. Antes de eso fue dos veces en misiones a Angola.

DAVID RABINOVICH

-¿Qué te trajiste de aquella experiencia?
-Se ve algo que parece que no fuera parte del continente, por las costumbres, por el idioma, por muchas cosas. Me deja más la sensación que es más parecido al Congo -yo también estuve en el Congo-, que a lo que puede ser un país de Sudamérica. Está sometido por el hambre, por el tráfico de armas, de drogas. Es una situación complicada.
-¿En qué época estuviste en el Congo?
-Estuve dos veces, de enero a noviembre de 2005 y de julio de 2007 a febrero de 2008. Más o menos 19 meses entre las dos veces.
-¿Y en el Congo hay que manejarse con el inglés o el francés?
-Con el francés también, y después con los dialectos que tienen ellos. Igual que en Haití, que se habla el francés y también el creole, que es muy parecido al francés, cambian terminaciones o alguna palabra. Yo ya había aprendido francés acá. Por lo menos tenía una base…
-¿La gente del Congo es parecida a la de Haití?
-La gente es parecida, pero en Haití la población es más agresiva que en el Congo. En el Congo a la ONU la respetaban mucho. En Haití si te tienen que tirar una pedrada y partirte la cabeza, no hay problema. Se juntan afuera de las bases a tirarte todo lo que encuentran… Allá en el Congo te respetaban.
-¿Tenés idea qué es lo que pasa?
-El tema allá es complicado. Es un tema de presidente también. Si vos hablás con los haitianos, no lo quieren a René Preval. Son pocos lo que lo quieren, porque parece que el país fuera solo Puerto Príncipe y se olvida de la campaña, de los pueblos de afuera… Y hay millones de personas. Algunas están censadas y otras tantas ni se sabe que existen porque están en las montañas y nadie se ocupa de ellos; viven en chozas, en la campaña, plantando la tierra, comiendo caña de azúcar y lo que pueden. Una situación de supervivencia… También, así como ves gente muy pobre, ves gente de mucha plata, con su buen auto, sus miles de dólares. No hay término medio… Está el que anda descalzo viviendo en una choza y está el que vive en una casa de tres pisos frente al océano y tiene una camioneta Hammer, Direct TV, Internet…
-¿Y esa gente qué es lo que hace?
-Hay muchos vivos que viven allá que supuestamente ‘maquillan’ con algún negocio en Haití lo que podría ser un tráfico o algo; y hay alguna persona que tiene su buena casa, pero trabaja en Estados Unidos. Vive en Haití o tiene su familia en Haití, o tiene familia en Estados Unidos y le manda plata. Y viven funcionarios de ONU también. Viven bastante bien.
-¿Cómo vive un soldado uruguayo en Haití?
-Y es según la base que te toque. Hay bases que son más movidas, como Puerto Príncipe por ejemplo, que está en la capital y tiene el famoso barrio Cité Soleil y todo lo que está cerca, que es más complicado; o una base como en la que está la gente de San José ahora, que es más tranquilo. Es lindo lugar. Hay que estar un poquito encerrado porque a veces la población se pone un poco hostil con la ONU.
Igualmente al soldado uruguayo lo quieren en todos lados, no hay mucho problema. Ven la bandera de Uruguay y se tranquilizan. Pero si ven la bandera de Brasil en Haití, es un problema, porque no los quieren a los brasileros.
En el Congo, si veían la bandera de Rusia, de Francia o de Pakistán, también, era lo mismo, porque son ejércitos que realmente se hacen respetar y no tienen problema en abrir fuego. Es diferente el trato, que se da, del soldado uruguayo con la población. Es más de confianza, como acá, que no hay un problema y que hablamos antes de hacer cualquier cosa.
-¿Hiciste amigos en el Congo y en Haití? ¿Gente común y corriente?
-Sí. Casi todos son gente joven, que por ahí vos les caíste bien porque justo pasaron por la base y les diste un pedazo de pan… También hay gente haititana o congolesa que habla muy bien el español. Un muchacho de cinco o seis años ahora, de repente se crió en la puerta de la base de Uruguay, que es el tiempo que hace que está Uruguay en Haití, entonces desde que gateaba, sentado en la puerta de la base, esperando un plato de comida, habla más español que francés. En el Congo también pasa lo mismo. En el Congo hay bases que se abrieron en el año 2001, y hay muchachos de nueve, diez años que han vivido desde que nacieron en la puerta de la base de Uruguay y hablan muy bien el español. Te explican a la hora de ir a comprar algo, de cambiar plata; te llevan, te ayudan, te dicen con quién y son de confianza… Hay algunos que no, que si te pueden robar no tienen problema, porque la vida cotidiana de ellos es así; se roban entre ellos, no hay problema…
-¿Cómo fue enfrentarte a los 24 años con la realidad del Congo?
-Yo no lo vi tanto como un problema o como enfrentar al infierno, lo vi más como ir a conocer, una aventura, una experiencia nueva…
-¿Y la aventura se te cayó al piso?
-Y sí, porque vos pensás que vas a salir de la base… Si bien salís y tenés momentos de recreación, de un momento a otro la población se da vuelta y hay momentos difíciles. Es todo un problema… Hay momentos en que no sabés si venís… En febrero de 2008, yo estaba en Kinshasa, la capital del Congo, que pasó momentos difíciles de manifestación aunque no tanto; pero la gente de Goma, en la parte de la frontera con Ruanda (…) estaba pasando un momento complicado. Esa gente no se sabía si venía porque sentía el fuego cruzado. Estaban para impedir la confrontación pero estaban en el medio y los tiros venían de los dos lados…
-¿Te venís con la idea de que esas situaciones tienen solución?
-No, no; no tienen solución porque Haití es un puente del narcotráfico y del tráfico de armas. Es mi punto de vista. Vos ves barcos pasar de madrugada, que van apenas con un mecherito prendido y la misma población te dice que llevan drogas o armas; ya saben los horarios en que pasan… Y barcos que vos los mirás y parecen un Buquebus, un transatlántico. Y en el Congo hay mucha riqueza. Es el único lugar en el mundo donde hay coltan; es la piedra con la que se hacen los satélites, para los celulares, todo… Toda la microtecnología depende de ese mineral. ¿Y cómo vos podés explicar que países como Estados Unidos, Burundi y Ruanda exporten coltan a otros lugares del mundo cuando no tienen? Está muy saqueado por muchos.
-La riqueza del Congo está a la vista, pero en el caso de Haití, ¿es solamente la ubicación geográfica o hay algún tipo de riqueza allí?
-No, no. Haití es chiquito. Es la ubicación geográfica, el tráfico… Los problemas que hay son por una mala orientación del gobierno. (…) Nadie los invade, tienen un gobierno constituido pero que orienta el poder que tiene a otras cosas y no a sacar adelante al país. El problema de los haitianos es entre ellos mismos. Por supuesto la gente que entra, entra a traficar, pero no a invadir ni a sacar nada.
-¿El haitiano conoce su propia historia?
-Sí, conoce. Hay gente muy estudiosa. Si vos vas a Haití te sorprendés. (…) El problema de ellos es el gobierno.
De Aristide dicen que es bueno, pero Preval lo desbancó… Después hay otra persona que era militar, que se fue a preparar a Estados Unidos, hizo su propio ejército y ahora vive en un fuerte, en un estado que se llama Morón. Es un poco la persona que se encarga de sembrar el miedo en las calles, de manifestar a la población contra el gobierno… de drogas, de tráfico. Una persona muy importante. No me acuerdo del nombre. Es buscado por la Justicia pero nadie lo encuentra…
-¿Y las Naciones Unidas no lo atrapa?
-Lo que pasa es que las Naciones Unidas se basa mucho en los derechos humanos y en lo que puede y en lo que no: Cuándo se puede tirar y cuándo no. No es una fuerza que va a chocar o a entrar en conflicto; eso más bien es la OTAN. La ONU va a imponer la paz pero por el diálogo, lo último que hace es entrar en conflicto, a no ser que se vea amenazada por fuerzas…
-¿Te tocó personalmente alguna trifulca fea?
-En el Congo, en mayo. No sabemos qué pasó; venía el Fort Commander, entonces a nosotros, con los tanques, -yo manejaba un Cóndor- nos habían dado la orden de rastrillar toda la zona desde la base hasta el aeropuerto. En una curva que fuimos a hacer cerca del estadio se nos atraviesa un ómnibus, lleno de gente armada. La cosa no fue tanto con nosotros sino con la policía. Ahí hubo tiros, granadas de gas lacrimógeno. Fue un momento difícil donde sentí realmente lo que siente un soldado ante los tiros, porque acá nos preparan pero sabemos que no nos vamos a matar entre nosotros, pero cuando vas allá, sentís realmente la fuerza de cuando te están tirando. La adrenalina es tremenda. A muchos les gustaría contarlo nada más. Pero vivirlo es feo…
-¿Cosas como esas te hacen decir ‘basta’, ‘ya está como experiencia’?
-No, porque yo fui ahí voluntario, nadie me obligó. Fui a hacer unos pesos. Me gustó por el hecho de conocer, conocer otras culturas, idiomas, lugares que ni te imaginás. Conocí los lagos más grandes del mundo. Pero me fui más que nada por el sueldo, por la plata. Hoy por hoy un soldado no gana y por más que muchos dicen vulgarmente que el milico no hace nada, el sueldo del soldado no avala lo que hace. Hoy un soldado normal gana 5 mil pesos. Y el soldado contribuye mucho acá en San José… El soldado anda con el agua al cuello sacando gente inundada, hace guardias en el penal de Libertad, ayuda en Haití al desarrollo social de otra nación ajena a la nuestra…
-¿Y cuánto te pagan cuando te vas a Haití?
-Y son 880 dólares más sobresueldo. Más o menos, entre el sueldo de acá, que te lo siguen pagando, más el viático, llegás a 1.200 o 1.300 dólares si cuidás la plata, que no es mucho tampoco para ir a arriesgarse…
Vos fijate que yo estuve 10 años en el cuartel acá, hice montones de cursos, era cabo primero, aprobado para sargento y cobraba $7.800.
-¿Es complicado manejar un tanque?
-No, es más fácil que un camión. No tiene mucho misterio. Tenés menos visión pero es más fácil el sistema. (…) Se busca velocidad. Los TBP son transportes blindados de personal. Son transportes ligeros. No entran en combate pero sí transportan tropa o logística, hasta cierto punto. El M 64 lleva hasta 18 (personas); el M 93 lleva 12 y el Cóndor lleva 7; son los que están en el Congo. En Haití hay TBP.
Si bien el ejército uruguayo hoy por hoy no está bien equipado, por razones económicas (…), sí hay gente muy bien preparada, que sabe lo que hace a pesar de las carencias.
-¿Qué estás haciendo ahora?
-Trabajo en la Esso, en la ruta 3 y 25. Bastante menos aventura y poco más el sueldo también. Del ejército se está yendo mucha gente.
-¿No se valora tu capacidad? ¿Qué puede hacer un soldado, un tipo joven como vos?
-Estando en el ejército me dieron posibilidades de estudiar, hice el liceo, computación. Hice otras cosas que no son solamente la guerra. Si vos sabés mamar todo lo que te da, el apoyo que muchas veces tenés… La institución militar es buena, a veces los malos son las personas que la conforman, que son las que vienen y las que van. Muchas veces porque son superiores o tienen un grado más, miran para adentro y no para ayudar a los demás. Eso es lo malo del ejército. Pero hay gente buena, por ejemplo el jefe que está ahora, Merello, es un buen jefe. Él me dejó una buena imagen. Yo nunca había visto un jefe como ese, que respetara tanto al personal. Fue quien nos dio oportunidades de hacer computación y otras cosas. También me daba la posibilidad de estudiar y me arreglaba el tema de las guardias. Me desarrollé mucho como persona en el cuartel.
Los cuarteles hoy por hoy acá en el sur, tienen mucha gente del norte. Contribuyen mucho al desarrollo social. Te dan techo si no tenés donde vivir, tenés comida gratis, baño, ropa. El uniforme te lo dan y no te lo cobran. (…) Hoy por hoy los cuarteles contribuyen al desarrollo social, a la educación… Además se hacen muchos trabajos comunitarios. Se apoya a UTE, a las escuelas… Y hay gente que no lo ve así.
-Hay una imagen que corresponde a épocas pasadas que no ayuda a tener una buena imagen del ejército.
-Por supuesto que no. Y siempre hay militares que no dejan bien parada la institución también.
-Un soladado una vez me dijo que los hijos de los sargentos y los cabos no entran en la escuela de oficiales. A la escuela militar entran los hijos de los militares de grado.
-Hay alguno que los padres son de tropa, subalternos, pero es bravísimo sí. El ejército uruguayo está hecho para los oficiales y eso es cierto. No ha cambiado y no va a cambiar tampoco.
La institución militar es buena, muchas veces son malas las personas que la conforman, que son la que miran para ellos y no le brindan el apoyo al subalterno. (…) Hay gente cómoda, que tiene su sueldo, su vivienda de oficial y viene a los cuarteles a reírse de los soldados, no a enseñarles. A sancionarlos, a hostigarlos psicológicamente. Aunque hoy por hoy ha cambiado el tema de las sanciones, por lo menos en San José. Es más distendido el trato. Desde que yo entré como aspirante en el 99, ha cambiado mucho (…) Pero hay disciplina y todo el que tiene una jerarquía forja la disciplina, la aplica. Pero hay veces en que se puede tener un trato distendido sin perder la disciplina.
-Es común que soldados colombianos se hagan mercenarios, pero no encontrás que haya mercenarios uruguayos. ¿Por qué la diferencia?
-No sé por qué es. A mí, en los 10 años que estuve, nunca me tocaron el tema… Los colombianos, con las Farc, están más conviviendo con la guerrilla que un soldado uruguayo… Acá como estamos lejos de esas cosas, a la gente no se le ocurre. En Colombia con el tráfico de drogas es totalmente diferente a lo que pasa en Uruguay.
-¿Conociste soldados colombianos?
-No. Conocí de Brasil, de Argentina, Túnez, Pakistán, India… Son distintos a los uruguayos. Son más milicos. Y son ejércitos con una realidad económica diferente a la de acá. Tienen su buen sueldo y están para ser milicos, nada más. Acá el soldado uruguayo para sobrevivir tiene que ser milico y albañil en la tarde… Hoy por hoy es complicado hasta para trabajar afuera también, hasta para formar una familia; te puede tocar una guardia de 15 días en el Penal…
-¿El oficial cobra más?
-Cobra bastante más sí. Y es diferente porque ellos tienen su cuarto individual, su televisión con cable en el cuarto… Tienen casino de oficiales, no comen guiso y comen milanesas si quieren; tienen su coca cola, su yogurt de postre o su flan. Es muy diferente la tropa. Y hoy un soldado está destinado a vivir en el cuartel ganando una miseria -que no es culpa de los oficiales tampoco, es más de arriba-, destinado a que gente con más jerarquía decida por su vida. Te tenés que acostumbrar a eso, a que te digan lo que podés hacer y lo que no, si no te sancionan.
-¿Cómo es la relación del muchacho soldado con los muchachos que están en el pueblo, en otra vida, en otra cosa?
-Es según la inserción social que tenga uno… Hay gente del norte que no conoce a nadie y de repente se relaciona más yendo a la Picada de Varela o a algún bar, que viniendo al centro… Pero yo tengo muchos amigos afuera; siempre he jugado al fútbol y siempre tuve más amigos afuera que adentro… Muchos te dicen ‘el milico’, te encontrás de todo, pero ese tema ha cambiado. Ya no se fijan si sos milico, sino más bien en cómo sos como persona y cómo te manejás afuera…

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One Response to «Los cuarteles contribuyen al desarrollo social, a la educación…»

  1. necesito encontrar a un militar que vino a la ciudad de florida el 25 de agosto a desfilar se llama nicolas

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