Dos maragatos en ruta

La idea era visitar la familia… de Cusco. Mauro Zunino ya había estado en Perú en el año 2007. Esta vez viajó con su novia, Mercedes Peraza.
Un mes y medio de viaje y muchas historias para contar…

ESTELA SELLANES

En el 2007, Mauro viajó a Cusco con Joaquín Serveto, otro maragato… Había conocido a un peruano en el sur de Argentina en el año 2006, quien los recibió en su casa, como si fueran de la familia. “Cuando Joaquín se volvió, yo me quedé a hacer un voluntariado en una Asociación, a cambio de techo y comida”.
Chaska Wasy es una asociación para chicos con discapacidad en situación de abandono. De mañana trabajaba en la asociación y de tarde ayudaba a la familia… Después de vivir un tiempo en Cusco, se fue a vivir a la selva, un año y medio, en Salvación, región del Manu, departamento Madre de Dios, cerca de la frontera con Brasil y Bolivia.
Vivió en un pueblito de colonos, de unos 500 habitantes, que habían venido desde la sierra. Trabajaba en un albergue transitorio para niños que vivían alejados del pueblo; se quedaban desde el domingo de noche hasta el viernes de tarde para poder ir a la escuela. Se les ofrecía alojamiento, apoyo escolar, talleres, alimentación y  aprendían a hacer huerta.
El nexo con la familia cusqueña nunca lo perdió…

La aventura
Mauro y Meche salieron el 15 de diciembre rumbo al norte argentino. Llegaron a Jujuy y después visitaron Purmamarca, donde estuvieron unos cuatro o cinco días. Purmamarca es un pueblo pequeño, tranquilo, rodeado de montañas. La gente vive del turismo y del cultivo de huertas familiares. Aunque los grandes hoteles se han ido instalando, no lo han hecho en la ciudad, sino en las afueras. Como no era temporada alta, no había casi turistas y el pueblo empezaba a prepararse para la temporada.
Meche y Mauro visitaron Tilcara, Humahuaca y después cruzaron a Villazón, en Bolivia. De allí fueron a La Paz. Hicieron una excursión en bicicleta de los 4.700 hasta los 1.200 metros de altura: el camino para Coroico; “le dicen el camino de la muerte porque tiene tantos muertos como kilómetros el camino; es un caminito angosto que entra a ceja de selva. Con mucha lluvia solían desbarrancar camiones y camionetas; ahora ya no pasan vehículos… Rara vez te encontrás con algún auto, porque en la montaña de enfrente está la ruta para que entren camiones y ómnibus… Ahora el camino quedó exclusivamente para excursiones en bicicleta”.
“Te daba un poco de miedo porque ibas muy rápido… Tenés que ir muy concentrado, pero a su vez vas disfrutando del paisaje. Cuando llegás recién te ponés a pensar lo que hiciste y decís ‘pa… qué locura’”.
El paisaje es increíble: «hacés diferentes pisos ecológicos; arrancás a 4.700 metros, con un agua nieve y la montaña pelada. Después entrás a bajar, en todo lo que es ceja de selva y cada vez empieza a haber más calor, vegetación, animales… Vas viendo cascadas… Es hermoso».

De Coroico a Lima
De Coroico fueron a Copacabana, la Isla del Sol, en el Lago Tititaca; de ahí salieron rumbo a Lima a pasar año nuevo. Todos los viajes los hicieron en ómnibus.
«Los ómnibus en Bolivia son como más grandes, porque no hay tanta carretera pavimentada, entonces están diseñados para atravesar ríos y caminos complicados… Claro, el sur de Bolivia era como la parte olvidada de los gobiernos, entonces cuando comenzó el gobierno de Evo, recién comenzaron a construir las carreteras y se ve que las están haciendo pero todavía les falta mucho…», acota Mauro.
«La gente de Bolivia tal vez no es tan hospitalaria como la peruana, pero nosotros no tuvimos ningún tipo de problema con los bolivianos… Son todos muy buena gente, aunque generalmente se diga que Bolivia es peligrosa…»
En toda esa zona se ve a las mujeres vestidas con sus trajes típicos… «Las cholitas», de vestidos coloridos y la manta atada a la espalda para llevar sus pertrechos. Por lo general, las personas mayores hablan el aymara y no el español. El resto habla los dos idiomas.

Nazca

Pasaron año nuevo en Lima. Allí estuvieron una semana y recorrieron los principales barrios: la ciudad histórica, la Plaza de Armas, Miraflores, Barranco, el parque de las aguas… Después se fueron a conocer las Líneas de Nazca, que se encuentran en las Pampas de Jumana, en el desierto. Las líneas, trazadas por la cultura Nazca, están compuestas por varios cientos de figuras que abarcan desde diseños simples hasta complejas figuras: «Son líneas en la tierra; figuras en el desierto con formas de animales, de 200 o 300 metros de largo. Hay un papagayo, un picaflor, una araña… Se ven desde el aire, en una avioneta. (…) Son antiguas… No se borraron y se ven perfectas. Mucha gente las ha estudiado; hay muchas teorías pero nadie asegura cómo fue que se hicieron. La del picaflor es hermosa, perfecta y es súper gigante. Dicen que perduran por la característica de la piedra en el lugar…»

De Nazca salieron rumbo a Paracas. “La cultura Paraca es otra cultura pre-inca que vivió en esa zona; desde ahí se va a la Islas Ballestas, una reserva natural de lobos marinos, pelícanos y pingüinos…”
Uno de los atractivos de Paracas es la famosa catedral de piedra. El viento y el agua la fueron tallando en una formación rocosa de manera natural, pero el terremoto de 2007 la destruyó. Ahora se visita lo que quedó de ella.

El temporal

Paisaje de Purmamarca donde se aprecia el cerro de los 7 colores.

De Islas Ballestas pasaron a Cusco, donde estuvieron unos 15 o 20 días… “En esta época siempre llueve, pero se notaba que estaba lloviendo más de lo normal. El problema de la inundación fue que llovió como tres o cuatro días, de noche y de día, una lluvia fuerte. Nunca en la historia había llovido tanto…”
Antes que comenzaran las inundaciones y sin saber lo que iba a pasar después, Mauro y Meche decidieron ir a conocer Choquequirao, una de las ciudades incas que todavía no es promocionada turísticamente.
El 23 de enero salieron rumbo a Cachora, un pueblito en la sierra, para después hacer el camino a Choquequieao, a pie. Para ello contrataron un arriero y una mula para llevar la carga (iban con cuatro compañeros, de Cusco). Llegar a Choquequirao lleva dos días de caminata. Caminaban unos 20 kilómetros por día. Desde temprano en la mañana hasta la tarde.
El arriero (Richard) era un chico de unos 20 años, de Cachora, que hablaba español y quechua. Estudiaba Ingeniería Agroindustrial en Abancay.
Por lo general se cobran 20 soles por la mula y 25 por el arriero, por día (unos 15 dólares por día).
«Había derrumbes permanentemente; llovía en la noche, pero a nosotros nunca nos pasó nada. Atravesamos el cañón del Apurímac; bajamos hasta el río y volvíamos a subir la montaña. Sentíamos el eco de derrumbes y nos daba un poquito de chucho, pero nunca sentimos miedo, porque los derrumbes ocurrían lejos… Por lo general se daban del lado de enfrente y no por donde íbamos nosotros. La caminata fue tranquila…»
Una parte de la ciudad de Choquequirao se conserva tan bien que a las casas sólo le faltan los techos. «La diferencia con Machu Picchu es que son todas casas de piedra laja, entonces no son tan prolijas a la vista como las de Machu Picchu, que son de piedras grandes, pulidas. Y Coquequirao es mucho más grande». Se calcula que la parte descubierta hasta el momento es un cuarto del total de la ciudad.
«Una de las cosas llamativas de Choquequirao es la figura viviente de la llama. En uno de los andenes de cultivo comienza toda una secuencia de imágenes, realizadas en una piedra blanca. Comienza con un pastor y continúa con llamas… Es hermoso».
«Habíamos pensado hacer los dos días de caminata de ida, un día quedarnos en Choquequirao y dos días de vuelta, pero como cuando íbamos ya se empezaba a notar que los ríos estaban más fuertes y escuchábamos los derrumbes, entonces no nos quedamos, sólo estuvimos tres horas y regresamos. (…)
Cuando llegamos a Cachora, a la vuelta, nos enteramos de que Cusco estaba en emergencia…»
Los chicos habían estado cuatro días incomunicados, mientras sus familiares, en Uruguay, veían por televisión todo lo que estaba pasando en la zona.
Una de las uruguayas que estaba a cargo del grupo de uruguayos en Aguas Calientes había asegurado que los había visto y que estaban haciendo el camino del inca rumbo a Machu Picchu. La confusión fue grande pero lo cierto es que Meche y Mauro estaban en otro lugar… «Veíamos pasar helicópteros, que iban y venían pero supusimos que se trataba de un rescate o que simplemente llevaban turistas. (…) Cuando nos enteramos de la situación de emergencia -por una llamada que recibió uno de los que iba con nosotros a su celular, cuando tuvo señal-, que no teníamos ruta para volver a Cusco y que los ríos habían crecido, ahí fue cuando empezamos a desesperarnos, queriendo avisar a la familia que estábamos bien. (…) Llegamos a Cachora y los teléfonos eran solamente para recibir llamadas; de ahí nos fuimos a Curahuasi, el pueblo más cercano. Buscábamos teléfonos y no podíamos llamar… En la noche encontramos un ciber y nos dimos cuenta que todo era un caos…»

La vuelta a Cusco

Volvieron a Cusco caminando por los cerros y algunos trayectos en camiones. Cuando alcanzaron la ruta pudieron acceder a un ómnibus.
«Cuando llegamos a Cusco el agua ya había bajado. Cusco ciudad no había sido tan afectada; las zonas más afectadas estaban en las afueras, pueblos y zonas cercanas… Se dice que hubo más de 10 mil personas evacuadas y más de 2 mil casas derrumbadas…»
«Lo loco de las inundaciones, que nos sorprendió, es que de las construcciones incas y de las culturas anteriores no se vieron afectadas… La tenían estudiada».
Llegaron a Cusco un jueves de tarde. Enseguida se pusieron en contacto con la embajada uruguaya para avisar que habían vuelto y que estaban bien. Los días que estuvieron con la familia de Cusco ayudaron repartir comestibles para las ollas comunes en un pueblito de evacuados que quedaba entre Calca y Urubamba, en el Valle Sagrado.
El domingo de noche se contactaron con la familia en Uruguay y se enteraron que estaba por salir un vuelo con los uruguayos, para traerlos de regreso.
El lunes de mañana, Meche y Mauro llamaron a la embajada a averiguar. En 20 minutos salía un avión de las Fuerzas Aéreas Argentinas con el último grupo de turistas uruguayos. Armaron las mochilas de apuro, le pidieron a Renato (padre de la familia donde se quedaban) que los llevara al aeropuerto.
Finalmente alcanzaron el vuelo. El trayecto fue Cusco – Lima – Buenos Aires. Llegaron a Argentina el lunes a las 22:45. Los esperaba la cónsul uruguaya. Después de hacer todos los trámites (no tuvieron que pagar un peso para volver) los embarcaron en el Eladia Isabel, que salía a las 23:15 rumbo a Colonia.
En Colonia pudieron tomarse un Buquebus que iba hasta Altántida. El coche los bajó en San José, en la Plaza 4 de Octubre…
El martes, a las 5:40 de la mañana, llegaron a casa, dejaron las mochilas, compraron unos bizcochos, aprontaron el mate y salieron a visitar a sus familiares… “Así estuvimos toda la mañana, sorprendiendo casa por casa…”
Les quedó pendiente el viaje al salar de Uyuni en Bolivia. Lo pensaban hacer de regreso, pero como hubo cambio de planes, quedará para la próxima…

Lago Titicaca, Isla del Sol.

Casas deshechas eu Urubuamba, después de las lluvias y los derrumbes.

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