Se renueva un tradicional paseo de compras

El inicio del Mercado Municipal se remonta a diciembre de 1891. Recién en 1976 se cambió el techo
y hasta el 2009 poco más se hizo.
Ayer quedó inaugurada la obra de remodelación y ampliación, porque urgía modernizarlo y adaptarlo
a las necesidades actuales.
Hay veinticuatro locales; la mayoría están ocupados. Cuatro se adjudicaron a los artesanos y cinco (incluido un kiosco) aguardan inquilinos.
Son tiempos de renovación que vinieron de ‘perilla’ al Mercado. Vendedores y clientes lo consideran un buen empujón.

Raúl reparte su tiempo entre Salud Pública y el Mercado.

ALEJANDRA FUENTES

Ese desembolso que hizo la Intendencia de más de 120 mil dólares sirvió para mejorar las condiciones de los comerciantes que desde hace años trabajan en el Mercado y también para incentivar a que otros se sumen. Además, pretende regularizar la situación de los artesanos y vendedores que hace tiempo deambulan por las calles céntricas.
Varios de ellos están conformes con la idea, como el muchacho que vende remeras en la puerta y que ayer abrió su local bajo el nombre «El gordo impone». «Este año el sol me decoloró 70 remeras; las perdí porque no tenía un lugar con sombra; ahora eso se terminó».
Los feriantes son arrendatarios que pagan un alquiler mensual a la comuna. Ésta decidió, en el caso de los artesanos, otorgar un año de gracia para que se instalen y puedan  hacerlo sin mayores apremios.
No es necesario entrar para notar los cambios. Desde ambas entradas, rampas, pintura y buena iluminación invitan a explorarlo. Dentro, se convierte en un paseo mucho más interesante que otrora, cuando aún no había bancos ni arreglos florales a lo largo del galpón.
Sólo quedan tres locales con los anchos mostradores y fue por pedido exclusivo de sus concesionarios «… esos mostradores le quitaban mucho espacio a los locales, y lo que se busca es que el vendedor esté cómodo», dijo Leonardo Gatti, encargado del Mercado Municipal desde hace 9 años.
Se reemplazaron las rejas antiguas por unas de mayor seguridad. También se modificaron los accesos por calles Asamblea y Ciganda. Por Ciganda se colocaron puertas de vidrio que permiten mayor entrada de luz natural al Mercado. Además, se espera que el lugar sea menos frío en el invierno.
Los dos locales de la entrada, por Asamblea, son destinados al Grupo de Mujeres Rurales Maragatas. Uno como siempre para la cocina y otro dedicado a convertirse en salón-comedor para la clientela (lo ganaron por licitación el 28 de enero pasado).

Las flores de Gbriela, testigos del día a día del Mercado.

Se hicieron obras de mantenimiento en los cuatro baños, dos para caballeros, uno para damas y el cuarto reservado al personal.
El proyecto de remodelación estuvo a cargo del arquitecto Nicolás Roquero. Se llamó a licitación y la firma Vega Uruguay se dedicó al área de Construcción. Gustavo Cedrez se ocupó de la Electricidad y actualmente, la empresa de pintura «Casa Bendita» de San José hace lo suyo.
La obra llevó siete meses, pero en ningún momento el edificio cerró sus puertas.
El Mercado está abierto de lunes a viernes de  6 a 22 hs.; los sábados de 4 a 22 hs. y los domingos de 6 a 14 hs.

A ver…
El lunes temprano en la tarde visitamos el Mercado, cuando, pese al calor, la gente circulaba curiosa y hacía sus compras. «Lo que está faltando es una panadería y una despensa donde la gente encuentre más artículos de almacén», agregaba Leonardo.
Enseguida de la rampa, a la derecha, el puesto de Gabriela exhibía gran variedad de flores y sobre la puerta, colgado, un ejemplar de SAN JOSÉ HOY. Estaba Carlitos, su padre, quien nos acompañó en la recorrida por los puestos de los amigos; «acá todos nos conocemos; es un lindo lugar», decía.
En uno de los puestos de frutas, verduras y productos de granja, estaba Raúl Calvo, yerno de uno de los comerciantes con mayor antigüedad dentro del Mercado: Francisco Nieto. «Mi suegro -con 87 años- recuerda siempre que un 24 de noviembre de 1976, a las 15.30 hs. le entregaron la llave de este local. Mi señora, Graciela, lo acompañó en la feria desde los 9 años de edad y conserva el puesto con mucho cariño». Ambos cuentan que antes de estar acá eran vendedores ambulantes de frutas y verduras, que fueron recorriendo distintas partes de la ciudad hasta que surgió esta posibilidad.
Entre cliente y cliente, Raúl nos relata que esta remodelación era necesaria «… porque en el 98 me acuerdo que en la gestión del doctor Cerdeña, cuando acá el encargado era Fabricio, se hicieron algunos retoques pero no fueron suficientes. Por eso este cambio vino muy bien. Hay más movimiento de público y entusiasmo entre los comerciantes; eso es valedero».

Julio recibe el pescado fresco. Junto a Silvia, llevan muchos años de trabajo.

En medio de la charla llega el vendedor ambulante de la puerta, toma un racimo de uvas de uno de los cajones y dice mirando a Raúl: «Apuntá, $6 pesos de uvas», al tiempo que se suma a la charla. Ambos comparten sus expectativas por el desafío que llega.
Confían en que el cambio vendrá acompañado de gratas sorpresas.

La entrada por calle Asamblea.

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