El camino que hacemos al andar

Las municipales de mayo se presentan con novedades e incógnitas. Los partidos deben, en el momento de inscribir sus candidatos y sus listas, presentar sus programas y su presupuesto de campaña. La correcta aplicación, el control serio de estas exigencias mejoraría la calidad de nuestra democracia.

DAVID RABINOVICH

No debería ser mera fórmula presentar un programa sino que cada partido debe constituir un verdadero pacto de honor con los votantes. Partidos y dirigentes se comprometen a impulsar con prioridad determinadas líneas de acción… y no otras.
Un programa debería, a mi juicio, mostrar el camino por el que transitará el desarrollo local. No sale sólo de consultar a los vecinos y tomar sus solicitudes puntuales, para prometer «tenerlas en cuenta». A eso le falta la idea general, el proyecto de departamento, su inserción en la micro región, y en el proyecto nacional de desarrollo al que San José no puede ser ajeno.
Por otra lado la participación es un método de trabajo y no un fin en sí mismo. Mejora una propuesta, pero no sustituye el programa elaborado desde la óptica política de cada partido y menos al sustento técnico imprescindible, para que el compromiso asumido sea posible traducirlo en un presupuesto municipal que la ley indica debe confeccionarse «por programas».
Cada programa que integra un presupuesto municipal debe incluir (teóricamente) un objetivo, lo que se estima que costará, cuando y cómo se hará. En resumen, por definición y propósito esencial, los presupuestos por programas son (deberían ser) controlables.
Los lineamientos programáticos que se presenten para el próximo gobierno local, atenderían entonces lo que cada fuerza considera son los pilares sobre los que se construye el desarrollo local en todas sus dimensiones.
Una muy importante es el crecimiento económico y aquí hay que definir políticas para las inversiones de gran porte: extranjeras o nacionales.  También es necesario definirse en torno al papel que se asigna al desarrollo endógeno, que es el que se sustenta en potenciar las capacidades locales existentes.
Hay que atender y definir con claridad qué papel se asigna a los derechos del capital y a los de la gente. Una planificación territorial que permita la mejor utilización de los recursos naturales, ¿asegura su preservación y la del medio ambiente?
¿De donde saldrán los recursos necesarios para apuntalar actividades de alta rentabilidad social y escaso, nulo o de resultados financieros negativos? Porque en las cadenas productivas suele haber eslabones más débiles y otros dominantes. Estos últimos, bajo la lógica cruda del capitalismo, se quedan con los excedentes. Si pueden se quedan con todos los excedentes, si no, con la parte del león. Porque son el león.
Pero ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil.
La asociatividad, la cooperación, las integraciones verticales y horizontales son indispensable fomentarlas en cualquier estrategia de desarrollo local endógeno. Es un recurso indispensable que requiere de cambios y construcciones culturales importantes. Las relaciones de confianza son un prerrequisito para las de cooperación.
La convicción de la necesidad de construir un futuro de convivencia en común, donde se pueda incluir a todos y a todas es una idea que se transforma, en el marco de políticas adecuadas, en una herramienta poderosa.
Hay muchas actividades donde esta necesidad de configurar proyectos colectivos es clara. Por poner un ejemplo, el desarrollo del turismo presenta, en San José, un atraso notorio. Hemos quedado rezagados y las oportunidades pasan por el departamento… pero siguen de largo. 75 u 80 km. de costas sobre el Río de la Plata ofrecen 3 playas con infraestructuras deficientes. No hay ni un solo hotel y hasta donde conozco, ningún restaurante de buen nivel. En lugar de altísima concurrencia como Kiyú, que este verano «explotó» según expresión de los medios locales, ni servicios higiénicos mínimos se ofrecen.
El turismo construye oportunidades de desarrollo endógeno muy interesantes, requiere integración, cooperación entre los diferentes actores, planificación de mediano plazo… Un proyecto para el departamento  y políticas de relacionamiento que lo promuevan.
Cuando se presentó la oportunidad de obtener financiamiento de la Comunidad Europea, el intendente –a último momento- no firmó aquel proyecto. El Dr. Hugo Ceretta renunció y se llamó a silencio.
Fue algo más que una oportunidad perdida. Demostró como no se debe gestionar el desarrollo local, fue el paradigma de la mala administración local.
Los temas que tienen que ver con programas de gobierno incluyen los sueños y el futuro, deberían convocarnos a todos. Estas páginas están abiertas para ese debate.

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