Diálogos con Manuel

NELSON ROMERO, 25/01/010.

Manuel llega con dibujos en los ojos.
A veces recorre el pueblo y los lleva en una carpeta, como un demiurgo que atesora designios.
Llama a una puerta, y despliega sus imágenes, y aconseja que por veinte pesos, usted puede tener un pájaro pintado de azul; el mismo pájaro que se formó con el agua primordial que bebió Adán.
Por menos quizás, un laberinto de puntos y un gran ojo que registra el primer instante de un avatar cuántico de la Creación.
O una cesta con frutas geométricas, maduradas en desiertos lunares.
Por cincuenta pesos vende el rostro de una mujer florero. Con su único ojo y sus labios desaforados, de rojo lúbrico, proclama el homicidio de su alma.
No le gustan las máquinas que pintan mundos perfectos. Jamás pintará un paisaje del natural. ¿Para qué, si ya está pintado?
Sostiene que su imágenes son distintas a las mías, porque él es zurdo y yo soy diestro.
… «Yo dibujo la mitad del mundo, la más difícil; y vos dibujás la otra, la que entiende la gente»…, me dice alucinado.
Habla en forma definitiva, Manuel.
Como los profetas
Me pide colores, de esos que pintan suavemente, casi solos. Colores que quizás ayudan a poblar las madrugadas grises.
Fumamos mucho con Manuel.
Él mis cigarros; yo, de los suyos.
Así debe ser, para que el silencio haga hablar nuestras imágenes y se puedan ir conociendo, viajando por el humo.
Manuel vigila al mundo por pequeñas ventanas, y me pregunta: … «¿Dónde puedo conseguir papeles para dibujar los sueños? ¿En Europa? Los que tengo son para dibujar pájaros y desgracias».
En esos silencios de tiempo detenido, me mira las manos, y yo voy entrando al museo de su Aleph.
Llega Manuel a mi taller, y me desaloja de la silla. Acaricia la mesa de dibujo, la mide con ojos de regusto y me dice: «… me gusta esta mesa, porque aquí uno puede dibujar el mundo»…
¿Cuándo te mueras, me vas a regalar la mesa? ¡Yo sigo en tu lugar, pero dibujando la otra mitad del mundo, la que es difícil! ¿Cómo me hago profesional? ¿Me das papeles de Europa y esos lápices chiquitos?
Yo le prometí que así será.
Manuel me mira solemne, me da un cigarro para sellar el pacto, y se va con su carpeta a seguir ofreciendo sus visiones herméticas.
Yo quedo feliz, sin poder dibujar, porque ya sé que tengo un heredero.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: