De oficio talabartero

FÉLIX LEDÓN: «La vida me ha dado un montón de cosas... me las gané laburando».

La palabra oficio se relaciona a lo artesanal (aquello hecho a mano) donde no interviene el factor industrial.
Es común escuchar que los oficios se transmitían de generación en generación, por observación directa o en talleres especializados. Muchos de los conocimientos fueron forjándose con los aportes de distintas comunidades de inmigrantes, que traían consigo sus saberes, pero también gracias a los pobladores de nuestras tierras.
Cantidad y variedad de oficios nos dan elementos de análisis para conocer el pasado de nuestra sociedad. Pero la sociedad es dinámica, cambia, se modifica, se transforma y también los oficios se van transformando de acuerdo a las demandas y necesidades del tiempo moderno.
Los oficios forman parte de nuestro patrimonio cultural intangible pero hoy, muchos, corren riesgo de perderse.
¿Quién conoce un colchonero, tropero, guasquero, quinchador, constructor de paredes de barro, escobero, afilador, canastero, grabador artesanal en mármol, hojalatero, yesero, herrero de forja, a una tejedora a mano, lavandera, modista, bordadora…?
Como parte de nuestro patrimonio, los oficios nos ayudan a conocer el pasado y proyectarnos en el futuro.
San José Hoy comienza con esta, una serie de notas sobre viejos oficios, que hacen a nuestra cultura y a nuestra historia.

ESTELA SELLANES

Las primeras prendas de vestir se confeccionaron en cuero. Cada cultura utilizó diferentes técnicas para conservar, ablandar y trabajar ese material. La talabartería es un oficio especializado en la confección de los aperos. Tuvo su auge en los tiempos en que no existían autos. Los talabarteros siempre estaban a mano.
Félix Ledón (74) aprendió el oficio en un taller. Comenzó como mandadero a los 10 años de edad, en la talabartería Artigas, que quedaba en calle Artigas 727. García Urrutia fue su patrón y quien le enseñó el oficio. Trabajó con él 20 años, después se instaló por cuenta propia, en un pequeño garaje en Ituzaingó y Batlle Berres. De a poco el comercio fue creciendo y hoy abarca toda la esquina.
«Como todo muchacho, empecé a aprender una cosa y otra y hoy hace 64 años que estoy dentro de un taller, así que algo tengo que haber aprendido…».

Años de oficio
«El oficio lo entiendo todo, o casi todo. Trabajo, gracias a Dios, no falta nunca».
En la talabartería se hacen recados, arreos, prendas para ensillar y prender, materas… Pero también hay cosas que se compran hechas. Félix tiene zapateros que le fabrican las botas, con los materiales que él les proporciona. También compra materiales a los guasqueros, que trabajan en cuero crudo. Elementos que van complementando al resto de los materiales, como pretales, riendas y cabezadas, y algunas menudencias, collares y pulseras.
Félix dice que en San José ya no quedan guasqueros de lujo. Él le compra a uno de Rivera.
En la talabartería también se venden ponchos, cintos decorados con cinta pampa, frenos de hierro y acero inoxidable, cintos con monedas soldadas, rastras… Todo está a la vista del cliente, colgado, en estanterías o en mostradores con vitrinas.
Para fabricar los recados y arreos se usa como materia prima la suela engrasada.
En el taller, la viejas máquinas Singer, industriales, eléctricas y a pedal, ocupan un lugar especial. Algunas cosen con dos agujas a la vez, otras se usan para dibujar con hilo en el cuero. En las paredes cuelgan herramientas de todo tipo y tamaño. Dos amplias mesas sirven para trabajar cómodamente. Cajas completas con hierros de dibujo, con diferentes diseños, sacabocados, leznas y medias lunas, están siempre al alcance de la mano.
Los hierros de dibujo, con diferentes diseños, se golpean con un martillo sobre la suela hasta lograr los dibujos y terminaciones deseadas.
La suela, que se consigue en las curtiembres, en rollos, se corta para darle forma. Por lo general se usan moldes. La suela recién curtida tiene un color más bien claro; el aire y el sol le van dando un tono más oscuro. A veces se usa aceite de pata para lograr un tono más amarronado. También se les puede dar color con tinta.
Generalmente lo que más se vende son los artículos de andar: recados, estribos, estriberas, mandril, carona, cabezadas…

Un oficio con historia
El gaucho trabajaba en cuero crudo, elaboraba sus riendas y botas de potro: «Hay sombreros, que se hacen, a los que se les llama panzas de burro, porque los gauchos usaban la panza de caballo o de burro para hacerlos… Las riendas fueron invento del gaucho, porque el indio siempre anduvo en pelo, pero el gaucho no… La gente después se fue perfeccionando, inventando una cosa y otra. Después vinieron los recados con cabezadas de plata y oro. Tener un caballo ensillado era como tener un Mercedes Benz ahora…»

La vida en el taller
“A mí me gusta hacer de todo. He pasado tantos años en un taller que hoy por hoy cualquier cosa que me ponga a hacer, me agrada… No hay una cosa que me atraiga más que otra, simplemente venir a trabajar. Y voy a trabajar mientras pueda… Tu te das cuenta que yo, si mañana me jubilo, lo que cobre no me va a alcanzar ni para la nafta del auto… A nosotros, que trabajamos en pequeña industria, nos condenan a trabajar toda la vida…”
“A mí me encanta la vida acá en el taller; soy una persona sola, no tengo familia. Cuando llego, a las seis y media de la mañana, vengo chiflando; de noche, cuando me voy, pienso que me voy a la penitencia. El taller es mi vida. Nunca he tenido una licencia de 15 días de corrido».
En el taller también se hacen amistades: «El 80% de mis clientes, además de clientes son amigos. Además, de este taller andan fotos y filmaciones en Europa y por todos lados. Vienen muchos turistas acá. Tengo mucho trabajo».
Sobre el mostrador, Félix conserva algunas fotos donde se lo ve montando a caballo. Otra de sus pasiones. Ha tenido muchos caballos y en su juventud practicó muchos deportes; hizo remo, natación y ciclismo.

Un oficio que va desapareciendo

César dibuja la suela y, equivocándose, aprende.

«Me siento muy dichoso del oficio que aprendí. No terminé tercer año de escuela, pero para aprender un oficio no precisé estudiar. No digo que estudiar no sea hermoso, pero yo no estoy desconforme con mi vida. Tuve la suerte de aprender este oficio que me ha dado mucho…»
«Me da pena que no quede nadie con esto. Tengo un hermano que se dedicó a los fierros y cuando yo me muera meterá todas las herramientas en un galpón y se perderá todo, porque lamentablemente no queda nadie atrás mío. No sé si me dará tiempo de enseñarle a César…»
César, un adolescente de 14 años, vecino de Félix, aprovecha las vacaciones para pasar en la talabartería y de paso, aprende. De a poco, Félix comparte con él sus conocimientos.
«Este es un oficio en el que quedamos dos veteranos acá en San José (Roberto Díaz y él), y el día que nos terminemos nosotros, se termina el oficio», dijo con un dejo de tristeza.
Cuenta que mucha gente llega a la talabartería a que él le enseñe el oficio, incluso madres que llevan a sus chicos con la intención de que aprendan: «Es lamentable que no se le pueda enseñar a un botija… Los que tenemos el oficio dentro de la cabeza no podemos hacerlo, pero ¿por qué? El tema son las leyes sociales y lo que se origina con eso… Se te lastima un gurí y tenés tremendo lío… Yo le estuve enseñando a un muchacho, que estaba bastante adelantado y lo tuve que sacar. No he agarrado más viaje. No porque no me encante enseñar, sino simplemente por ese tema. (…) Tenés que aportarle al Estado, es más lo que tenés que aportar que lo que le podés pagar al botija… Te matan las leyes sociales…»
La posibilidad de que se enseñe el oficio del talabartero en la UTU, Félix la ve como algo prácticamente imposible: «El oficio se aprende en un taller, donde hay maquinaria, materiales y herramientas, y entonces te vas acostumbrando a usarla. A mí en UTU no me van a dar rollos de suela que salen $300 el kilo, o lona, o el ovillo de hilo que sale $600. No me van a tener la maquinaria ni las herramientas que tengo yo. Entonces sin maquinaria, con teoría, vos no podés enseñarle a un botija… Tenés que aprender en el taller, equivocándote, echando a perder un cuero».

Con esfuerzo y satisfacciones
«La vida me ha dado un montón de cosas… me las gané laburando. No estoy desconforme con el oficio».
«Yo no me quejo. Arranqué muy pobre y hoy tengo lo que verdaderamente se precisa para vivir. Mi casa, mi coche, una moto… Todo me lo dio el taller. Todo lo hice trabajando; jamás recibí una herencia ni saqué el 5 de Oro».

Las máquinas y herramientas, parte fundamental del taller.

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13 Responses to De oficio talabartero

  1. RUIZGRE2010 says:

    felicidades por sus palabras trasmitidas mi nombre es gregorio de morelia michoacan yo soy de familia de talavarteros y es un tesoro que en realidad no deve perderse yo aprendi a hacer violines ya que soy musico tambien con un maestro que fue rene de jesus veiga miranda que enpaz descance el tambien no tuvo mas alumnos que yo y otro que no pude conocer ya que el vive en españa y que enseño antes que ami ahora yo estoy enseñando a mi familia junto con mi abuelo ala talavarteria a mis hijos ya que como dice usted hay oficios que estan desapareciendo y no se deven perder ojala su alunmo valore y enverdad aproveche el gran tesoro que usted le brinda y le abra el corazon a este oficio maravilloso mil gracias por compartir su saver y saludos hoy y sempre hombres sin egoismo hacen falta gracias

    • RUIZGRE2010 says:

      felizidades hoy y simpre me facino encotrarme esta publicacion y saver que hay personas con deceo de que sus conocimientos no se pierdan y que los demas apendamos cuanto vale lo que aveces nos cuesta toda una vida aprender en la mejor escuela la de la vida gracias saludos de corazon y deven trasmitirse atte gregorio y familia saludos y gracias

  2. materialdescartable says:

    Gregorio: muchas gracias por comentar.
    Atte SJH.

    • gregorio ruiz says:

      saludos don felix que tal como va su aprendiz es para mi un placer enviarle un cordial saludo con todo el respeto y admiracion desde mexico atte gregorio y familia gracias

  3. Hurubey Galeana alle says:

    Saludos Don Felix es una lastima de que los oficios antiguos se pierdan y no se trasmitan a las siguientes generaciones con tanta inovación moderna. yo en lo particular hubiese de querer tiempo y vida para poder aprender algunos oficios, otros en cambio desperdician la vida en drogas y alcohol cuando deberiande trasmitir lo que aprendieron es una lastima que se pierda tanta sabiduria feliz navidad y prospero año nuevo un abrazo

    • Anónimo says:

      Yo con cuarenta y siete años ejerzo la talabartería y me va muy bien es un bello oficio yo hago de todo lo que pueda venir a la mente

  4. martin says:

    hola muy lindas sus palabras.yo soy un muchacho de 27 años.me encanta lo artesanal y me gustaria aprender talabarteria.estoy muy interezado en aprender.me gustaria saber donde puedo hacerlo.yo soy de jose c paz bs as.por favor si me pueden ayudar les estare muy agradecido.les dejo un abrazo.

  5. eduardo says:

    Sr Felix, me interesaria aprender su oficio, yo he tenido la suerte de estudiar pero su oficio es de los mas puros y calidos que existen y apesar de tener 51 años casi 52 y tener una familia y trabajar decearia aprender su oficio. a la espera de sus comentarios lo saludo

  6. xose says:

    hola saludos soy talabartero me gusta enseñar lo poco q se y me gusta aprender mas de mi ofisio mi correo es xoseazteka@hot mail.com

  7. daniel vega says:

    como puediera aprender de talabartero

  8. Alfredo Pèrez R. says:

    Noble oficio que comenzó miles de año atrás, cuando el hombre mato al primer animal y utilizo el cuero para fabricarse piezas de vestir. El Talabartero renace en cada creación que sale de su taller y su saber pasa de generación en generación, siempre ha sido así y sera por los siglo de los siglos.

  9. Anónimo says:

    necesito me pasen un prespuesto,, cuanto s
    ale aprox.un apero completo,Villar,gracias

  10. talabarteria chuy rocha uruguay says:

    Amo los caballos el olor de la suela mi oficio .pena que nadie de bolilla a todo esto de la talabarteria .un abrazo colega

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