Un intendente para todos

Siempre hemos resaltado la indiferencia municipal de que es víctima Rincón de la Bolsa, y hemos expuesto innumerables ejemplos que justifican nuestro reclamo. También hemos hablado del vínculo distante que mantenemos con los maragatos.

SANTIAGO BRUN

Es indudable que nuestra dependencia laboral y económica de Montevideo, diluye los posibles lazos hacia el oeste, que el espíritu centralista de los capitalinos departamentales termina de truncar. Así se crea esta situación que nos deja como los ojos, que estando muy cercanos no somos capaces de vernos mutuamente; parecemos habitantes de antípodas irreconciliables. Aún compartiendo la misma división político-geográfica, nuestra relación no difiere de la que podamos tener con compatriotas de cualquier punto del país.

Esto trae como consecuencia que a la bastardía que nos ha sometido el chiruchismo, se agregue que quienes debieran representarnos, bregando por nuestros derechos ciudadanos y transmitiendo inquietudes, olviden el encargo que aceptaron cuando nos convencieron de darles el voto. Basta leer actas de la Junta Departamental, para notar el trato ignominioso por omisión, cuando se dedican extensos discursos reclamando la reposición de una lamparita en una esquina capitalina, mientras barrios enteros de esta ciudad adoptaron el espíritu bíblico de andar iluminados por una estrella. 768 palabras denuncian el riesgo que, para los transeúntes, conlleva un pozo en la prolija capital, pero no hay un punto que haga referencia a la situación selénica de calles por las que transitan rinconenses, que votaron esperanzados de que su karma fuera más justo. Ni qué hablar del inexplicable (aún inexplicado) trueque del fantasma de un Centro Cívico por un sólido edificio bancario, tan inconsulto como turbio para los ciudadanos, que seguramente merecían otro respeto. Afortunadamente, dos ediles con dignidad se negaron a permanecer cómplices, los que casualmente son quienes han mantenido más estrecho vínculo con sus votantes, demostrando vocación por el puesto que ocupan.
Claro que esto es una crítica, pero no es gratuita. Es necesario hacer un llamado de atención ahora, cuando los partidos tejen sus redes con miras a las próximas elecciones municipales. Los rumores (¿infidencias?) que nos llegan, dicen que se manejan nombres para las candidaturas de excelentes personas, tan excelentes vecinos maragatos como excelentes desconocidos para gran parte del departamento. ¿Es que los dirigentes (mayoritariamente capitalinos) sueñan con un voto por disciplina partidaria? Ya habrán notado que ni de los asiduos militantes lo pueden esperar. ¿Creen que podamos votar «a la carte», basándonos en un currículo prolijamente armado como pie de foto? Sería menospreciar demasiado el discernimiento de nuestros vecinos.
Parece impostergable que las dirigencias políticas dejen de confundir el ikebana departamental que tienen delante, con el departamento verdadero. La zona de influencia capitalina sólo posee el 40% de los votos departamentales, que están muy repartidos. Rincón de la Bolsa y Libertad aportaron el 37% de los votos frentistas. ¿Cuál puede ser la suerte de un candidato que no consiga el apoyo de estos votantes? ¿No dejaron ningún aprendizaje algunos desastrosos experimentos pasados? ¿Qué sucede con aquellos que han demostrado capacidad para la actividad pública y cuentan con un reconocimiento más generalizado?

El potencial productivo y social de Rincón de la Bolsa, que ha sufrido el aplastamiento chiruchista, requiere que se habilite su expansión. Para ello, es imprescindible un cambio administrativo que parta desde un buen gobierno departamental que lo sustente. Pero quien analice las características tan peculiares de la zona, podrá concluir con nosotros que sólo se logrará con una mayor autonomía económico administrativa (que no otorga una alcaldía aunque ya sea un paso), y permita planificar in situ y por quienes las experimentan cotidianamente, las soluciones a sus confusas problemáticas.
Cuando realizamos la crítica sintética a la gestión de los curules, somos conscientes de que existen dificultades para atender a la distancia los problemas de una ciudad que ya ha desbordado las previsiones poblacionales y de exigencias de servicios. Además, recordamos que las experiencias de tener ediles-embajadores tampoco resultó, dadas las distancias, horarios, ocupaciones y, ¿por qué no decirlo?, la arraigada tradición maragata que aún no ha reconocido el nivel alcanzado por esta región, desestimando nuestros reclamos.

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