Taller «Piedra Libre» en la capital

Sesenta milanesas, doscientos bizcochos y doce litros de refresco fue el equipaje del taller «Piedra Libre» para su viaje de fin de curso a Montevideo.
Tampoco les faltó papel y lápiz a los espíritus más inquietos, para plasmar ‘in situ’ las primeras impresiones, imágenes y vivencias.

ALEJANDRA FUENTES

Prontos para visitar el Museo Torres García.

El sábado pasado unos veinte chiquilines participantes del taller de pintura que se dicta en el barrio Roberto Mariano, a cargo de los artistas Marcelo Alpuy y Mariano Albistur, viajaron a Montevideo con sus profesores. También los acompañó la artista Margarita Gamba.
Para que este paseo fuese posible colaboró mucha gente. El barrio, los padres, comerciantes y artistas que disfrutaron dando una mano. También los gurises, que, con su generosidad, ayudaron a que ningún compañero se privase de otro helado o golosina.
Partieron temprano en el ómnibus de Mateauda y entre cánticos de «chofer, chofer, apure ese motor» llegaron radiantes a la capital.
La idea de los ‘profes’ fue compartir un día divertido con ellos y que además, conocieran museos y espacios vinculados al Arte.
Entienden que estimular los intereses de estos chicos, es una buena forma de motivarlos a seguir creciendo en el Arte. Ayudarlos a descubrir lo que les gusta y a acceder a lo que hasta ahora, algunos no habían tenido acceso.
Fue así que recorrieron Ciudad Vieja, la Iglesia Matriz y los museos Gurvich y Torres García. También hubo tiempo para hablar con las estatuas vivientes y con picardía, hacerse acreedores de un buen número de caramelos.
Llegó la hora del almuerzo compartido y el profe Marcelo (especialista en frituras) repartió las tortugas con milanesas, lechuga y tomate.
Más tarde, la playa los cautivó. Hubo que andar haciendo malabares para que, sólo desde la orilla, calmaran el calor de la tarde.
El Museo de Artes Visuales del Parque Rodó fue la última parada. Algunos ya cansados prefirieron no ir, pero la curiosidad pudo más y varios se sumaron a la visita. Justamente en ese momento, un grupo de Danzas Contemporáneas brindaba un espectáculo muy interesante.
Varios de los ‘inquietos’ quedaron ‘como en misa’. Con los ojos bien abiertos, se acomodaron en primera fila y absortos presenciaron cada baile.
De lejos, los docentes observaban sendos espectáculos.
El viento y la lluvia los sorprendió allí y hubo que volver antes de lo previsto. Quedó pendiente la visita al zoológico y a los juegos del Parque Rodó. Pero los chicos, apenas se acordaron.
Volvieron felices. La charla animada, el bol con las milanesas que quedaban y muchos bizcochos sirvieron de merienda, al tiempo que el canto no se hizo esperar.

En el Museo Gurvich, aprendiendo más.

Imposible explicar lo que se divirtieron. Había que verles las caritas a chicos y grandes. El viaje no terminó al llegar a San José; a iniciativa del profe Marcelo continuó en el barrio… Quedaban ganas y bizcochos, muchos bizcochos.

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