La transmisión del mando

Hay un anuncio del gobierno de Tabaré Vázquez que puede pasar desapercibido fácilmente. Es el que tiene que ver con la transmisión del mando a realizarse, formalmente, el 1º de marzo. Porque el cambio de concepto de lo que debe ser una transición -hablando con criterio histórico de la institucionalidad uruguaya- está muy claro. Como «profunda, transparente, generosa, seria y responsable» la califica el actual mandatario. A primera vista, parece una exagerada acumulación de adjetivos para un hecho que fue decidido por la ciudadanía y que, por lo tanto, es inexorable en nuestra democracia.

MIRTANA LÓPEZ

Preparativos. Se anunció la reunión del día 22 del llamado comando político del FA y se dio información por parte del actual Director de la OPP, Martín Dibarboure, según el que la idea es «familiarizarse con información de corte administrativo y de gestión» durante los setenta días previos al inicio de las actividades del nuevo gobierno. Por eso los designados por Mujica ya están realizando contactos concretos con quienes aún ejercen los cargos para adentrarse en la necesaria información. Que son y deben ser, contactos institucionales para dejar establecida «la herencia» de información lo más clara posible. Estos pasos pre- previos -podríamos llamarles- deberán culminar el 29 de diciembre en el que se iniciará la transición. Es decir el período de itercambio. Una vez alcanzada la información, ésta deberá hacerse pública a través de los medios tecnológicos actuales. Es decir: De acceso para cualquier ciudadano. No es poca cosa, aunque más no sea el intento.
¡Qué necesaria es esa información! ¡Qué sana la medida de hacer del acto formal de trasmisión de mando del 1º de marzo, un proceso de tres meses de trabajo conjunto en el que quienes abandonan los cargos informen a los nuevos con objetivos que deberán ser positivos para el estado uruguayo.
Cinco adjetivos.  Podríamos analizar cada uno de esos adjetivos, que no redundan sino que complementan una esencialidad. Profunda porque, como todo tema, los administrativos o los de avance de una gestión -que a veces implica la vida social, otras la vida económica, otras el honor, de una persona- pueden traspasarse bajo muchas formas. Profundidad: puedo dejar a mi sucesor los datos mínimos, -filiaciones, tema del «expediente», últimas fechas de movimientos-. Puedo clasificarlo entre aquellos que son prioritarios sin decir porqué. Puedo dejarlo encajonado, con muchos otros encima, sin clasificar y sin informarlo, de tal forma que quien se inicie en esa responsabilidad en el próximo período administrativo, deba pasar un muy buen tiempo estudiando detenidamente para enterarse. Si la información es profunda, ese estudio será más ágil y rápido. Pero además, debe ser transparente. Porque hay muchas formas de velar la información. Por ejemplo, complicando la información del camino administrativo que ha seguido, dónde se encuentra o separando parte de esa información en dos expedientes. O… Las pequeñas trampas pueden ser miles, cotidianas. También deberá ser generosa en el sentido de no caer en el meramente «que se rompan el alma como me tuve que romper yo cuando empecé». Generosa y seria porque las formas de «guardar» o archivar, por más profesionales que lleguen a ser, siempre tienen algo de personal. Y ese dato hay que trasmitirlo de buena fe. Por cierto que deberán ser responsables de lo que cada dependencia tiene entre manos: que nunca puede ser una información deshumanizada.
Dos recuerdos. Son muchos los relatos que sobre experiencias de «oscuridad administrativa» podría hacer. Pero hoy recuerdo dos, en especial. Cuando el actual Codicen asumió, había más de 300 expedientes dentro de un enorme placard. Quienes llegábamos no teníamos información sobre qué era aquello a no ser los comentarios de algún funcionario más o menos preocupado que los nominaba como los «desaparecidos». Ni qué decir del gran cajón lleno de expedientes que desembarcó a un año de iniciada la gestión proveniente de la casa particular de un Consejero anterior.
Informar sin secretismos. Estas hermosas intenciones, cuya difícil transformación en correcciones y cambios ejecutivos se está planificando e instrumentando, tienen como complemento una resolución imprescindible para que sea un cambio enorme desde el punto de vista de su aplicabilidad. Ese cambio es la Información. Ese cambio es que el secreto de los movimientos de toda gestión no signifique una manera de engañar al interesado.
La información a la ciudadanía que puede ser general, pero que deberá ser también particular y concreta, para que cada tramitante se entere realmente de lo que está pasando con sus intereses; es la única forma de poner fin al secreto. Y el secreto administrativo ha sido la forma de cobijar impunidades funcionariales que si no son delitos son acostumbramientos a que todo siga más o menos.

Si esta tarea alcanza buenos frutos, podremos decirnos: Feliz año nuevo. Porque 2010 será de verdad un año nuevo.

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