¿Una cuestión de cariño?

El transcurso del tiempo trae cambios: inexorables, indeseables o  imprescindibles… Todo tipo de cambios. También dicen que «el tiempo lo soluciona todo», pero que cuando no se hace lo necesario, suele resolverlo «de la peor forma posible».

DAVID RABINOVICH

La afirmación: «el tiempo lo soluciona todo… de la peor forma posible» puede provenir de un espíritu conservador o simplemente pesimista. También pueden ser lecciones de la vida. Es indiscutible que hay una renovación natural de las sociedades, recambios generacionales que conllevan cambios culturales. Otros cambios obedecen más directamente a la lógica de las relaciones de poder y éstas a la historia de cada sociedad. La historia del poder es la de las múltiples formas de apropiación. La apropiación ha sido siempre un despojo.
No todos los cambios son buenos, sólo por ser cambios, ni toda renovación es progreso.
La sociedad uruguaya acompañó las grandes tendencias de la época y aunque algunos cambios y algunas crisis puedan haber sido amortiguadas por las características propias de nuestra realidad, la inseguridad, la falta de «valores», el individualismo, el deterioro educativo (¿y cultural?) parecen ser señas de identidad de una serie de cambios «neoliberales», por intentar identificarlos de alguna manera.
Las nuevas formas del viejo liberalismo han crecido empolladas por el autoritarismo sin disimulos en la dictadura y con ropajes democráticos en años más recientes.
Donde el impacto de esta modernidad, de los cambios y las renovaciones que instalaron botas y bayonetas ha sido más brutalmente visible, también ha crecido la resistencia, la oposición visceral aunque desideologizada al autócrata y su entorno.
Voltear el régimen mediante mecanismos electorales es un proceso largo, pero posible. San José va camino de convertirse en excelente ejemplo.
Pero la construcción de una alternativa de cambios es otro proceso, que tiene un punto de inflexión con alguna batalla electoral que pierde el «oficialismo».
¿Estamos a las puertas de esa batalla que en San José será en Mayo? Es probable. Es muy posible que el gobierno local cambie de manos.
Tenemos un departamento fracturado, aislado (en todo lo posible) del resto del país, donde algunas leyes nacionales simplemente no se aplican. Tenemos una sociedad donde hay dificultades para establecer relaciones de confianza, cooperación y solidaridad. Los proyectos colectivos enfrentan un sinnúmero de dificultades. El paternalismo autoritario, el sistema de premios y castigos que instaló la dictadura y su continuación local se convirtió en parte de nuestra cultura.
No se puede construir algo realmente diferente con los viejos métodos y transando con la cultura heredada. Hacer política no es sólo juntar votos. Hay que construir conciencia y organización en la sociedad. Eso es más difícil, porque son cambios profundos en el seno de la comunidad.
Si la renovación reivindicara los peores métodos de la política tradicional, algo estaría fallando. Las raíces de las viejas luchas están en ideas, principios y sueños que siguen vigentes.
La renovación debe usar esos cimientos -que son realmente firmes- para construir el futuro. Si nos desarraigamos, por la vía de aceptar el pragmatismo como dogma incuestionable y norma de conducta, corremos el riesgo de perder la brújula.
Agarrar el atajo fácil, puede ser el camino a la restauración autoritaria, quizá en beneficio de otro grupo de personas, pero no será un camino de cambios revolucionarios. La revolución no está en los medios, sino en los fines. Sin maneras nuevas de vivir, de actuar, de pensar y de soñar, en el futuro nos espera lo peor de nuestro pasado.
Perdonen los jóvenes el lenguaje envejecido, el gesto adusto. Cada uno defiende la alegría y la esperanza como mejor sabe (o puede).
Decía Martí que «trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras». Desde aquellas se levantan todo un «montón de viejos» que nunca se borraron, ni siquiera cuando el manto oscuro de las dictaduras cubrió las doloridas repúblicas de América. Entonces, algunos éramos jóvenes. Después vinieron otras batallas que peleamos desde las mismas trincheras. Desde las ideas de siempre, en las trincheras de siempre, nos encuentra un amanecer distinto al que imaginamos, pero comienza un nuevo día.
«Esto recién empieza…» hay mucho más que diferencias entre dinosaurios y renovadores. Y no me parece, por cierto, sólo un problema de cariño o enamoramiento.

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