“Lindo haberlo vivido, pa’ poderlo contar”

Eduardo Palumbo llegó a San José en el año 1965, a trabajar en la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) invitado por su director, Juan Carlos Muszwick. Estuvo hasta marzo de 1966.
Después quedó vinculado al departamento porque el presidente del Club Atlético Universal le pidió que se encargara de  la preparación física y la dirección técnica del cuadro. Viajaba desde Montevideo tres veces por semana. Trabajaba en la capital del país en el Departamento de Obra Comunal, con el Profesor Leonardo Clausen.
A fines de 1966, deja Universal porque tenía programado irse a trabajar en verano a la Administración del Campamento Artigas. A mediados de diciembre, Clausen (su amigo y mentor) le pregunta si quería ir a trabajar a la Colonia de Vacaciones de Asignaciones Familiares en San José…

Eduardo Palumbo.

ESTELA SELLANES

En la Colonia le pagaban $1.500 cada 10 días. El 26 de diciembre de 1966 vino la primera avanzada a conocer el lugar. Había tres o cuatro líderes de Montevideo.
El 9 de enero de 1967 llega el primer grupo al campamento. El grupo pionero estaba integrado por 48 niños. La Colonia aún no estaba terminada ni estaban prontos el comedor, ni la piscina. Sólo había dos cabañas con cuchetas, el resto no tenía camas y no había luz.
El 26 de febrero se inaugura oficialmente la Colonia. Era la primera de toda América Latina. Ese verano se trabajó con campamento de varones y hubo dos o tres campamentos de niñas.
Cuando se termina la temporada, Eduardo vuelve a Montevideo.
La única institución que había en Uruguay con experiencia de trabajo con niños era la ACJ, entonces Asignaciones firma un convenio. El directorio de la ACJ delega en Leonardo Clausen la dirección de programa de la Colonia.
A fines del 67 se organiza un campamento para jóvenes beneficiarios de Asignaciones Familiares, con el propósito de formar líderes.
La temporada del 68 se inicia con líderes de Montevideo y San José. Entre ellos estaban Carlos Calisto, José Alfonso, Sergio y Omar Betarte, Walter Benítez, Roberto Costa, Wiliam García, Loche Barceló, Raúl Roldán y Marianela Fernández.
Clausen se va a dirigir la Escuela Martirené y como director de la Colonia queda Juan Carlos Muszwick. En el año 1970, Muszwick se va a Montevideo, Asignaciones Familiares se separa de la ACJ y Eduardo Palumbo queda como Director de Programa (luego Jefe de Programa).

Trabajo con las escuelas
En el año 69 se habían comenzado a realizar algunas experiencias con algunas escuelas de San José. A una escuela de Playa Pascual se le había volado el techo y como solución los niños se instalaron en la Colonia; estuvieron 20 días. Como la Colonia estaba pensada para trabajar en verano y en invierno quedaba desierta, se pensó en firmar un convenio con Primaria. Así, durante el invierno llegaban escuelas de todos los departamentos. Se intercalaban las escuelas en diferentes grupos que se formaban por edades. En la mañana tenían clase con la maestra, pero no en el aula, sino recorriendo, por ejemplo, la planta potabilizadora, el tambo (había niños que nunca habían visto ordeñar una vaca), o a la naciente del arroyo Carreta Quemada. Durante la tarde se realizaban las actividades propias de campamento.
En el año 1971 se implementó un Plan de Salud Bucal, en el que la odontóloga Alma Corujo trabajaba con los niños. A cada uno se le revisaba y arreglaba la dentadura.
A los niños se les daba todo, desde toalla, zapatillas, pasta de dientes, vestimenta, botas de lluvia, alpargatas, sábanas, etc.
En la Colonia había tambo, criadero de cerdos, de aves y una quinta con riego. La Colonia se autoabastecía; una parte de la leche se enviaba a Conaprole y se abastecía de verduras y pollos a los sanatorios de Asignaciones Familiares.
Los campamentos en principio eran de 10 días, después pasaron a ser de 5. Había líderes que trabajaban sólo en verano, pero había quienes estaban todo el año. En un momento se vio la necesidad de formar nuevos líderes, jóvenes.

1973
La temporada de 1973 comienza tranquila. Cuando estalla el Golpe de Estado la situación era normal en la Colonia. En la Comisión Interventora de Asignaciones Familiares estaban el Coronel Ibáñez, otro médico cuyo apellido no recuerdo Ballarini. Los campamentos continuaron funcionando. “Pero a fines de 1973 se empieza a dar el acoso moral y laboral”. “Almada, que era el administrador, fue uno de los más acosados”
En enero de 1974, al comienzo de la temporada, Eduardo Palumbo llega a la Colonia y se encuentra con que Almada se había enfermado y tuvo que hacerse cargo de todo hasta que llegó un inspector de Asignaciones Familiares.
A mitad de la temporada nombran como interventora de la Colonia de Vacaciones a Susana Papariello de Sánchez.
Después de la temporada seguía el campamento co-educacional para chicos que posteriormente iban a hacer el curso de líderes en las vacaciones de julio. Previo al campamento la interventora le informa a Palumbo que iba a ser trasladado, pero como no tenían quién dirigiera las actividades, se iría después del campamento. «Ahí empezaron los primeros roces».
Cuando termina el campamento, a Palumbo le piden la nómina de los profesores para el curso de líderes. Eran secretarios de la ACJ y profesores del Instituto Magisterial Superior, gente como Reina Reyes y Élida Tuana. Palumbo recuerda que iba Héctor Perera de San José.
Cuando presenta la lista, le informan que el curso no se iba a hacer «porque los profesores eran todos comunistas». «Profesores que algunos serían de izquierda, pero la mayoría no».
«Yo sigo estando en la Colonia; seguimos teniendo algunos roces con la comisión interventora… Decían que los juegos que se hacían era para enseñar acciones guerrilleras… Y eran juegos de campamentos, que nosotros los habíamos aprendido desde los 6 años en el Campamento Artigas, juegos como la toma de la bandera, la búsqueda del tesoro y la cacería del zorro… Yo no me callaba, porque no podía callarme la boca…»
Cuando a Palumbo le piden la lista de líderes para el futuro campamento, la interventora vuelve con la lista y cada nombre aparecía acompañado con las letras de a qué partido pertenecía la persona. «Yo nunca le había preguntado a los líderes de qué partido político eran, sino que a mí me interesaba que trabajaran bien con los niños… Eso había salido de adentro de un grupito de la Colonia de Vacaciones, porque de otra manera no podían conocerlo».
A fines de octubre la interventora le plantea que se iba a hacer un campamento en Navidad. Palumbo responde que en Navidad, que era un fecha especial, no se podía hacer campamento, los líderes no iban a aceptar y los niños no iban a pasar una Navidad alejados de sus familias. «Ella me plantea que si no venían líderes iban a traer soldados… Yo le contesté que yo no dirigía a militares… Ahí ya fue la ruptura total. A mí me avisan que me dan un mes para retirarme de la Colonia y que en ese mes iban a resolver a dónde me mandaban».
Palumbo vivía en la Colonia. El 1 de noviembre de 1974 lo trasladan a la Caja de Asignaciones Familiares con el grado de Aspirante a Auxiliar Administrativo; de jefe pasó al último escalafón, sin explicación ninguna.

Épocas duras
Vivió momentos difíciles, al punto que dejó de ser saludado por compañeros de la Colonia. El temor era moneda corriente. «Fue una etapa embromada, pero que sirvió porque ahí tú conocías quién realmente era tu amigo. Quién se quedó en la Colonia porque necesitaba trabajar y quién se quedó y colaboró con el régimen de la dictadura».
Trabajó en la Caja de Asignaciones Familiares hasta 1979 cuando le vino un traslado para la Sub-agencia de Bella Unión. La Comisión Interventora de Asignaciones había cambiado, cuando eso estaba el Coronel Galarza, Gigovre (que después fue Ministro de Salud Pública) y Ballarini.
Dos días antes de salir de licencia, le avisan de su traslado. Cuando se entera, Palumbo se retira porque se siente el enfermo e informa que a Bella Unión no iba.
Cuando le piden que se reintegre a la Caja, a los tres días le anuncian que tenía que ir a Montevideo a una entrevista con el Capitán Miralles. La dirección que le dieron fue Duvimioso Terra casi 18 de Julio.
«Era una casa vieja, grande, que no tenía ningún cartel en la puerta… Cuando golpeé salió un tipo rapado, informé que yo era Palumbo, de San José. Me hicieron pasar y estuve como 45 minutos sentado esperando en una pieza… Al rato me anuncian que había llegado el Capitán Miralles, me hicieron pasar a otra pieza ¡que asustaba! Contra la pared había una ametralladora, un rifle, un sable; sobre el escritorio estaban los libros que había sacado la Dictadura sobre la sedición y una pistola… Yo pensaba ‘de acá no sé si salgo’… El Capitán Miralles me dijo que el Coronel Galarza le había informado que mi traslado a Bella Unión se hacía».
Palumbo tenía su familia, tenía hijos; su señora (Susana Bauzá) trabajaba como maestra en una escuela de San José. Después la trasladan a Libertad, cuando en realidad había dado concurso y tenía derecho a elegir cargo en la Escuela 45.
En la reunión con Miralles, Palumbo pide explicaciones; pregunta cuáles eran las denuncias por las que lo trasladaban. Le responden que porque “era comunista”, “un agitador en San José” y que “le había dado una vivienda a un ex-preso político en la Cooperativa de Viviendas”.
Wiliam García había estado preso. Cuando lo soltaron necesitaba vivienda. Se presentó a la Cooperativa de Viviendas por Ayuda Mutua, en Ucovita, donde Palumbo era presidente. Él no era quién decidía sino los 61 socios.
Palumbo dijo que a Bella Unión no iba… La decisión le costó el puesto. Se quedó sin trabajo.
Se fue dos años a trabajar con su hermano en una barraca que tenía en Maldonado. Cuando se rompió la tablita la barraca se fundió y Palumbo volvió a San José. Tuvo que rebuscarse la vida haciendo de todo.
Recuerda que en esa época, gente que apenas conocía se acercaba a informarle sobre trabajos que había disponibles. Un empresario de San José, que conocía al Coronel Galarza, le ofreció que lo acompañaba a hablar con él. Una persona que le dio trabajo a muchos maestros destituidos…

La etapa de Fucvam

Palumbo ingresa a la Dirección Nacional de Fucvam en 1982. Estuvo hasta 1988. Sus viajes a Montevideo eran frecuentes. Era común que llegara a San José a la 1 de la mañana en Agencia Central, después de las reuniones. Como no tenía teléfono en su casa, su familia pasaba nerviosa porque pensaba que le podía pasar algo e incluso no volver. La ansiedad era terrible.
«En las reuniones de Fucvam se ponía un compañero en la esquina, otro en la puerta y si te pegaban tres timbrazos había que salir disparando por la azotea… Igual eso nunca pasó».
Uno de los que participaba en ese entonces en Fucvam, con 22 años, era Fernando Nopistch.
En determinado momento empiezan a trabajar en la idea de organizar una recolección de firmas para que se hiciera un plebiscito porque a las Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua las querían pasar como propiedad horizontal (eso implicaba que el usuario figuraba como dueño de la vivienda, por tanto, si se atrasaba en el pago de cuotas, el Banco Hipotecario le podía rematar).
El Comisario de Inteligencia de San José era un militar oriundo de Treinta y Tres. A fines del 83 y principios del 84, los dirigentes de Fucvam eran casi todos los días citados a Inteligencia, todo porque la recolección de firmas implicaba tener contacto con los diferentes partidos políticos. Se hacían reuniones a escondidas, con el Partido Nacional, con el Partido Colorado, la Unión Cívica, con la Comisión de Arquitectos…
El 26 de febrero del 84 se iba a hacer una jornada de recolección de firmas. Era un domingo. El sábado de mañana fueron citados por el Comisario, que les informó que el Ministerio del Interior había declarado inconstitucional la recolección de firmas.
«En toda esa etapa el que siempre estuvo colaborando con nosotros como abogado fue el ‘Turco’ Sfeir»…
«Pasamos toda la noche escuchando CX 30, porque estaban los directivos de Fucvam. El comisario nos había dicho que a las 7 de la mañana teníamos que estar en Jefatura para informarle qué hacíamos… Nos acompañó Sfeir… A él le gustaba enfrentarse a la autoridad. Persona más democrática que él, no había… Cuando el Comisario dice que el Ministerio había declarado inconstitucional la recolección de firmas, cuando nombra la palabra ‘inconstitucional’, el Turco le empieza a dar una lección sobre constitucionalidad; le dijo que los que habían violado la Constitución eran ellos… Y termina abrazando al comisario y diciéndole que le prestara las camionetas a los muchachos para que salieran a recolectar las firmas…»
Había voluntarios de todos los partidos políticos que se habían anotado para colaborar con la recolección. Estaba todo tan perfectamente organizado que se llegó hasta Ecilda Paullier, Libertad y Playa Pascual.
La organización recolectó 400 mil firmas en un día.

Al calabozo
En junio se realizaba el segundo encuentro de cooperativas del interior, en San José, organizado por Ucovita. Estaba programado para el 16 de junio, día en que llegaba a Montevideo Wilson Ferreira Aldunate después de su exilio… A Palumbo le tocó hacer el discurso final. «Como ya estaba la efervescencia de que se acababa la dictadura, la muchachada cantaba ‘se va a acabar, se va a acabar, la dictadura es militar’ y ‘el que no salta es un botón’».
El 19 de junio llega hasta la casa de Palumbo un funcionario de Inteligencia a decirle que el Comisario quería hablar con él. Palumbo le contesta que iría de tarde.
«Cuando llega Susana, le digo ‘si yo a las 6 de la tarde no llego a salir, andá a buscar a Sfeir».
Cuando el comisario lo interroga, pretendía que le dijera quién había organizado el encuentro de cooperativas del interior, que nombrara quiénes integraban la Dirección Nacional de Fucvam y quiénes eran los invitados.
“Después me pasan para un sección abajo, me siguen interrogando y como a las 11 de la noche me suben al escritorio y me hacen firmar mi declaración (…) Cuando firmo, me dicen que quedaba detenido. Pedí para hacer una llamada para avisarle a mi señora. Me pasan al calabozo, no había colchón, no había nada… Después mi señora me llevó un termo con café… los cigarrillos nunca aparecieron”.
“De acá llaman a Montevideo a la Dirección Nacional. Yo me vengo a enterar al otro día, cuando me sueltan, que dos compañeros, Fernando Nopistch y José Tognola se habían venido de madrugada a la Jefatura y habían pateado la puerta…  Cuando me sueltan y me encuentro con ellos me contaron que habían venido porque según ellos, yo, además de ser un directivo de Fucvam, era un amigo… y ‘cuando los amigos están en la mala, nosotros tenemos que estar presentes’. Mientras tanto, Gustavo González, que era presidente de la Federación, por la CX 30 estaba denunciando que a mí me habían llevado detenido…”
Palumbo continuó tres años más en la Federación, en democracia y luego se retiró.

Hilvanando recuerdos
«En todo el interín de la dictadura sucedieron cosas que eran impensables… En el famoso Año de la Orientalidad, yo estaba en Asignaciones, y a todo teníamos que ponerle el sello del Año de la Orientalidad; a veces, a propósito, lo poníamos al revés… para buscarle la vuelta, cada uno buscaba una inventiva.
(…) Nos pasábamos la voz y nos juntábamos con alguna gente en la Iglesia, y ahí te pasaban un cassette de Wilson, y después venías y lo escuchabas bajito en tu casa.
(… ) En una fecha patria, todos los funcionarios públicos teníamos que ir a la oficina, el gerente leía una proclama y se izaba la bandera en la «Plaza 33». Me acuerdo que cuando se estaba izando la bandera… yo no sé si no fue algo divino… se corta la cuerda y la bandera sale volando… Ahí el Coronel Monesiglio empieza a hacer un discurso fuera de lo pactado, que después nos enteramos le costó 30 días de arresto de rigor.
Me acuerdo de juntarnos cuando se formó la Comisión de los Destituidos, en lo de Mario Sóñora, y cuando nos íbamos de noche nos teníamos que cuidar de que no nos estuvieran siguiendo.
Difícil era no poder confiar en los demás.
A la Caja llegaban disposiciones de que no podíamos estar más de 3 funcionarios juntos charlando, porque podíamos estar conspirando.
Gente que considerabas amiga, un día se daba vuelta y te clavaba el puñal por la espalda, o gente que no tenía por qué, te ayudaba…
Pero los principios a mí no me los van a sacar nunca…
Hay gente que murió en la dictadura, otros que pasaron muy mal adentro, presos, otros que pasamos muy mal afuera… pero es lindo haberlo vivido para poderlo contar a nuestros hijos y a otros jóvenes».

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14 Responses to “Lindo haberlo vivido, pa’ poderlo contar”

  1. Daniel says:

    Maestro, que otra cosa me queda por decir, Maestro, en todos sus símbolos, y sentidoa; gracias por marcar en mi vida, una forma de ser, ser BIEN, en función y sirviendo a los demás, eso fue mi inicio de vida, y nunca mas se borro, estamos para servir, si no servimos para servir, para que servimos?
    Gracias Eduardo, todo lo que aprendí, y viví en la Colonia, marco mi forma de vida, y mi relacionamiento con los demás, de nuevo, GRACIAS, y perdón por no poder estar cuando me necesitaste.
    Abrazo muy grande
    Daniel

  2. Graciela says:

    Eduardo conmovedor su relato, esperemos nunca mas estas cosas en este pais

  3. jorge Marin says:

    Me gust’o que lo contaras. Claro que ante la injusticia, no hay consuelo que valga. No hay consuelo.

  4. Giselle Curbelo says:

    Compañero: Tengo que decirle que me emocioné mucho leyendo ésta nota, por varias cosas, primero por haber participado como niña acampante en la Colonia de la cual tengo mis mejores recuerdos, segundo porque vengo de una familia militante y los recuerdos de los más veteranos (con todo cariño) son muy especiales y siempre trato de escucharlos y hacer que mi hijo también los escuche, y por último porque formo parte de una cooperativa de vivienda desde mi último año de escuela, primero con mi madre y después con mi compañero de vida a quein conocí formando parte de una comisión de jóvenes. Quiero enviarle una abrazo muy cariñoso y agradecerle por el tiempo dedicado a los demás y también decirle que a lo mejor algo de razón tenían los milicos porque seguramente en los juegos de la colonia se aprendía a trabajar en equipo, a ser solidarios, y eso que hoy forma parte de nuestros principios más firmes fue lo que nos orientó para luchar contra la dictadura. Un abrazo. Giselle

  5. Anónimo says:

    Mi respeto y admiracion Eduardo !!!!

  6. Raul Pavon says:

    Mi respeto y admiracion Eduardo!!!

  7. daniel says:

    Magnifica nota, Eduardo realmente fuiste un maestro y referente. Si se pudieran seguir acumulando datos y vivencia, se podría hacer una gran crónica de “los anónimos” que padecimos en dictadura.
    Un abrazo.

  8. IBIS M. GIL says:

    Más que un maestro, un ” SEÑOR ” todos los que lo conocimos sabemos de lo que estoy hablando. Mis hijos y mis nietos saben que represento para mi y para mi familia. GRACIAS

  9. Milka Suarez says:

    Buenicima nota Eduardo…!!! No la habia leido…exelente…cuantas Vivencias, cuanto Servicio y Trabajo ahi… Muy Bueno Felicitaciones…(Facha y Milka)

  10. Anónimo says:

    Fuimos niños entonces, ajenos a las vivencias de uds. enfrentándose a aquella desalmada epoca, pero recibiendo de lideres y maestros de verdadera vocación, las riquezas que marcaron nuestras vidas, como la solidaridad, el compañerismo, y por supuesto aprender a compartir. Un saludo grande.

  11. Anónimo says:

    Como se dice :Lejos pero con el corazon muy seca ,de ese San Jose querido en donde pase mi infancia en donde mis recuerdos son y estan
    De donde el monumento de la plaza 33 brilla et ilumina todos esos recuerdos pase y presentes
    Gracias a San Jose HOY

  12. Carlos C. says:

    Muy estimado Eduardo: tu relato – signado por las vivencias y emociones de esa época- me han “movido” muchas similares en mi interior. Como bien dices, fue una época en la que “el enemigo” en común (para la mayoría, no digo todos ya que muuuuchos/as apoyaron)- en común era la dictadura. Y de ahí salían cosas creativas, como la de “dar vueltas el sello”, etc. etc, etc. Lo triste fue vivir con el miedo y la desconfianza en el alma ya que “la sospecha” era la moneda corriente. La juventud de hoy NO SABE (ojalá NUNCA les toque) de “esos” tiempos. Va también mi reconocimiento a tooooda la gente de UCOVITA que en tiempos taaan difíciles supieron juntarse hombro con hombro y HACER Y CONSTRUIR como demostración de que “si se quiere se puede” (casi siempre). Hoy “nos falta” identificar el “enemigo en común”…Lo individual se lleva por delante al colectivo, paradojas…

  13. Marcelo says:

    Viejo, un orgullo llevar tu nombre, y una tremenda emoción leer (no te voy a negar, con lágrimas en los ojos) los comentarios de otros lectores.
    Salú

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