Tan tradicionales como invisibles

Sí, son clandestinas, pero como antes, se siguen haciendo (también en San José) y aunque menos que antaño, no son pocos los aficionados.
No es casualidad, en un país donde la Legislación vigente sobre Protección Animal data de 1918, por lo que mucho interés en el tema nunca hubo.
Para los gustosos un hobby… para el público en general, un espectáculo cruel. El animal lucha hasta morir o sobrevive para volver y matar. El hombre alimenta su amor propio en cada victoria ‘prestada’.

ALEJANDRA FUENTES

El ave y el hombre comparten el desfío por el honor.

No precisamos preguntar mucho para dar con un ‘gallero’ de ley. Tampoco caminar demasiado. Roberto Díaz, alias ‘Gallego’, nos introdujo en su mundo de gallos y su reciente pasado de riñas.
«No había en mi familia alguien que criara aves. Cuando tenía 10 años me pidieron que alimentara y cuidara unos gallos porque su dueño (Francisco García) había quedado internado en el Hospital y así empezó todo. Estuve como dos meses cuidando unos 40 gallos; yo no conocía nada del animal pero me gustó (…) Cuando el hombre se compuso, volvió a su casa y en recompensa me regaló un casal. Mejor dicho, yo lo elegí. Me llevé una gallina y un gallo (…) A mi familia les llamó la atención pero aceptaron el regalo sin problemas; creyeron que iba a ser una cosa pasajera pero me entusiasmé».
De ese casal sacó pollos y los machos se convirtieron más tarde en gallos de riña, que cuidadosamente preparó para la ocasión: «El Pototo» Frones fue quien me enseñó a cuidar y así preparé un gallo. Lo peleé y gané (…) Esas competencias tenían lugar en lo del finado Reboiras, en calle 18 de Julio y Rivera. Allí se hicieron riñas durante años, todos los domingos».
Empezó cuidando sus gallos. Más adelante, crió los de otros y tuvo también quien se los cuidara a él. «Tuve por años un compañero, Humberto «Beto» Goldoni, que me cuidaba mis animales y con él ganamos muchas peleas. También me ayudó el «Bebe» Dutruel».
Díaz no distingue entre los gallos, pero reconoce que tuvo «muchos preferidos»: «Uno al que le decía el ‘Casasblancas’. Era un gallo colorado con las alas y la cola blanca. Ese participó de doce peleas y ganó once. Una la empató (…) Esa última competencia peleó con un gallo blanco, ganador de cuatro peleas, que era tuerto. Y el mío también. Empatamos pero el mío ganó por ‘tabla’».
Díaz recuerda que existieron personas destacadas en el pueblo que ‘intercedían’ ante la Policía para que el ‘espectáculo’ se pudiese hacer. «Se juntaba una Comisión para pedir permiso y las autoridades aceptaban, siempre con la condición de que no hubiese problemas».
Hace tres años que Díaz abandonó las galleras: «No voy más a las riñas, tampoco cuido más gallos. Sí tengo uno overo que me trajo mi hijo porque sabe que me encantan, pero lo tengo nomás. Y algún pollo saco y vendo, pero ya no más peleas».
Anduvimos recorriendo su patio. Mirando pollos, gallinas caballos y por supuesto, los codiciados gallos. «Estos son mansitos (dice señalándolos a la distancia). Jamás van a picar a la persona. Yo los agarro,  los largo y quedan paraditos ahí. Y cuanto más de raza pura son, más mansitos se hacen.
El gallo ‘ordinario’ o ‘cruzado’ es más arisco (…) Sin embargo entre ellos, se encarnizan a muerte (…) Después de los nueve meses de vida el gallo empieza a pelear».
Al igual que otros animales utilizados para combate, el gallo que se acostumbra a ganar, lo hace más fácilmente. «El gallo que una vez perdió es difícil que gane. Generalmente empata o vuelve a perder», señala el entendido.
«El gallo no necesita que lo chumben. Instantáneamente queda peleando, porque su raza es para eso. Se pelean hasta cuando son pollitos. Es su naturaleza».
Claro que hay razas especiales para lucha, que, en su mayoría, provienen de Inglaterra. En Uruguay, las más comunes son: Calcuta, Shamo, Old English, Canaria, Combatiente Español, Aseel, Combatiente San Fernando y Malaya. «Cuando participaba en las riñas, tenía casi todos los gallos de raza Calcuta cruza con Aseel (…) En este ámbito es fácil que un amigo te preste una gallina, o te venda alguno. También traje varios de Brasil y Argentina. El último que traje fue hace ocho años, un turismo que fuimos a Córdoba. Lo conseguí en Carlos Paz (…) Yo a cada pueblo que voy averiguo quién tiene gallos».

En ‘cuido’
Para las riñas se utilizan gallos de un año, hasta los seis aproximadamente. «Uno de los buenos que tuve peleó nueve veces y tenía seis años en pelea. Pero de vida, algunos llegaron a los catorce años y se murieron de viejos».
En época de entrenamiento o ‘cuido’, el gallo come solamente un puñado de maíz y agua. Además de vitaminas o calcio para fortalecerlos.
También reciben masajes en las patas para mejorar la musculatura, se pelan y se les corta la cresta para que no les moleste en las riñas.
El peso ideal de un gallo, según Díaz, es el término medio «cinco libras», adonde vayas a competir siempre tiene pareja. (Una libra equivale a 420 gramos).

La gallera
El lugar de combate es un círculo formado por una base de armazón de hierro, forrada de lona blanca, de un diámetro aproximado de 2 metros. Alrededor de ese círculo se montan sillas adelante y luego gradas, que pueden ser de madera o material. Por lo general, las paredes del recinto son de bloque y el techo de paja.
También hay peleas al aire libre, como las que evoca Díaz por ruta 2 (Rosario), en la estancia «El Trío».
Hoy el ‘dentre’ por cada gallo presentado es de unos $300, y el ganador se lleva $600. Si empataron se reparten el dinero y generalmente se llevan el gallo deshecho. Por supuesto que también se juega de afuera y se ‘cruzan’ apuestas.
El gallo herido es curado con salmuera y antibióticos. Los primeros días se le da pan con leche para que no haga fiebre.

Duelos
El gallo debe tener un determinado peso para pelear e igualar con su contrincante.
Antes de la riña se pesa el animal en una balanza especial, de onzas y libras «…es como los boxeadores», ilustró Díaz.
Una vez parejos, se largan a la gallera, calzados con las púas de acero.
Antes, el combate era de 50 minutos seguidos, con interrupciones cada 20 minutos para bañarlos. Hoy se bajó a 45.
El control de la riña actualmente se hace por reloj, antiguamente era mediante juez y dos ‘corredores’. «Cuando un gallo no peleaba el juez hacía entrar al corredor, para ponerlos de frente y que continuara el combate. Si el gallo no hacía por pelear ‘iba una, dos y a la tercera’ perdía (…) Ahora el sistema cambió y es por reloj. Cuando un gallo ‘no hace’, el juez ordena que le cuenten por reloj. Si durante un lapso de un minuto el gallo no pelea, pierde. Si el gallo reacciona, borra y se retoma la pelea. En el caso de que ninguno de los dos combatientes reaccione antes del minuto, esa pelea queda empatada.
Hasta la agonía, el gallo tiene intención de pelear. ‘Prende’ con el pico, se afirma y ‘tira’ con la pata, para herir con la púa. Si ve que su contrincante flaquea, intenta ‘liquidarlo’.
En el código de las riñas está prohibido chistar o gritar. «Se puede hablar pero no hay que asustar a los animales, distraerlos».
La gente grita ‘¡voy $100, $200…! pero no más (si de exclamaciones hablamos).
Cuando un gallo va ganado, se dice por ejemplo, ‘doy cien a diez’,  ‘cien a ochenta’ por el gallo que va ganando. Es decir, si gana el otro, yo pierdo cien, y si gana él, me tiene que dar ochenta…»

Clandestinas pero…
Para el común de la gente, lejos de ser un espectáculo, es un acto cruel. Ataque tras ataque, sangre y muerte.
Sin embargo Díaz destaca que para él es «lo más natural»; «a mí no me da lástima, pero entiendo y respeto que para otros sea terrible».
Clandestinas pero corrientes. Díaz aclara que nunca tuvo problemas con la Policía: «Nunca me molestaron», ni en San José ni en ningún otro lugar. Ni en pequeñas luchas organizadas de apuro en San José, como en las más grandes riñas que se vieron años atrás en Santa Lucía, organizadas por un señor de apellido Orsi. «De las peleas participaban y participan doctores, comisarios, generales del Ejército, abogados… y muchos que nadie imagina, tienen gallos. No los cuidan ellos, pero pagan para que se los entrenen y los van a ver pelear (…) Me acuerdo de un tal Barbieri, comerciante de repuestos en Montevideo, traía gallos de todo el mundo. Llegó a tener 300 y competía por mucha plata (…) Una vez, mi compañero Goldoni llegó a jugar $500, que ahora serían $50.000 y ganó contra un gallo que habían traído de Brasil».
Antes era espectador el que quería, ahora es por invitación. Dicen que la entrada es abierta, aunque claro está que el círculo de habitués es conocido y nuestra presencia llamaría la atención. Más cuando se trata de un pueblo chico.
No sabe el que no quiere que el pasado fin de semana hubo riñas hacia el este del departamento, a unos 45 kilómetros de la ciudad. Según los comentarios, hubo una decena de peleas.
También en San José, hacia el sur de la ciudad, a menos de 10 kilómetros, se organiza un próximo duelo este fin de semana.
Entre el público, ayer y hoy predominan los hombres.

Si me lo permiten, ‘hobby’
Su dedicación durante 55 años al trabajo de talabartero no es noticia, ni sus 52 años bien reconocidos como criador de aves. Tampoco su afición por las carreras de trote y los gallos.
Díaz sonríe y reconoce que el último es un «deporte raro». No obstante, tiene un discípulo que con apenas 23 años sigue sus pasos «… él está aprendiendo y uno lo ayuda».
Su consejo para el novato es que aprenda a tener paciencia, «un gallo no se apronta de un día para otro, lleva meses».
Sobre quién se agranda cuando se gana una pelea, Díaz afirma que «los dos». Para el criador sin duda será una satisfacción… ¡Qué picardía no poderle preguntar al gallo!

«… Yo entiendo que el gallo se hizo para pelear, como el galgo para correr, y el toro para torear. Lo llevan en la sangre… cada uno para lo que es».

TODO PARA EL COMBATE. Púas de acero forradas de cuero que se atan a las patas del gallo con cinta o hilo. También, picos de acero inoxidable.

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One Response to Tan tradicionales como invisibles

  1. Luis Eduardo. says:

    Felicitaciones a la Periodista por la brillante nota sobre los gallos de riña.El enfoque objetivo y ameno ´sobre ´´mundos desconocidos´´para la mayoría de los ciudadanos,en los que pasión y entrega diaria acompañan durante toda la vida a gente común de nuestro pueblo,hace que gracias a
    la lavor períodística se abran estos umbrales muchas veces vedados por mitos socio culturales
    los que urge sortear en honor y respeto a la diversidad cultural que nos identifica.
    Aflora en esta nota,gracias a la profesionalidad
    periodísca ,con todos sus colores ,un mundo al que podemos entender o no,pero que debemos sin dudas respetar y valorar por la entrega y filosofía manifiesta en si misma. felicitaciones de nuevo

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