Santiago en estrecha alianza con la Música

Joven y apasionado al extremo "...me cuesta concetrarme en otra cosa cuando estoy pensando en Música".

Es un adolescente con una sensibilidad especial. La pasión por la Música puede más que otros intereses a los que Santiago (sin poder evitarlo) deja en segundo plano.
Sus fans más leales son los abuelos. Los ‘veteranos’ de la familia que lo apoyaron desde el primer momento.
Cuatro distinciones nacionales y competidor finalista en el exterior. Nada mal para un chico de 16 años que hace tiempo, cumplió su sueño de convertirse en concertista de piano.

ALEJANDRA FUENTES

En la familia de Santiago Mesa Fernández no había músicos. Mucho menos, un piano. «En casa sólo había un teclado y era de mi hermano. Yo se lo pedía para jugar, me encantaba».
Así fue que se adentró en el mundo de blancas,  negras y corcheas. En épocas donde por las noches escuchaba bajito la radio del Sodre, oculta bajo la almohada para no molestar. También así aprendió mucho sobre compositores y repertorios. Otro momento de gloria era poner una y mil veces el disco de sus padres «tenía como quince pistas y una de ellas era de piano, un vals de Chopin (Opus 64 Nº2). Yo lo ponía y sobre la mesa hacía como que tocaba el piano, pero yo no tenía conocimiento de nada».
Llegó el momento de decir en casa que había ganas de estudiar piano «no encontré profesores particulares y la prueba de admisión en el Conservatorio de Música era a partir de los 11 años. Esperé a cumplir esa edad y me presenté a la prueba. Allí les hablé del repertorio que conocía, de Chopin, Beethoven… y pude entrar. Piano fue lo que más me interesó y avancé bastante en ese aspecto».
Su primera profesora fue Laura Morales. En la actualidad, la docente que lo guía  es Adriana Perera.
Como todo apasionado, sintió desde el inicio que ese instrumento era lo que le gustaba «… yo me sentaba ante un piano y la hora se pasaba volando. A veces estudio ocho horas diarias y no me canso. La música es parte de mí, me olvido hasta de comer». Sin embargo, afirma que tiene tiempo para su barra de amigos y al hablar de chicas se apresura a aclararnos que está «soltero… pero siempre hay tiempo para las muchachas» (aunque nos confesó que algunas son más complicadas que el piano).
El no tener un piano en casa lo llevó a recorrer parte de la ciudad para ensayar en pianos de conocidos y amigos. Agotó todos los recursos. Desde casas que están solas y donde aún queda un piano de la familia a casas donde se enteró que había un piano que nadie usaba. Pero su primer lugar de ensayo fue el Hogar de Ancianos «En una de esas casas esperaba que viniera la empleada a limpiar y mientras ella hacía su trabajo yo practicaba en el piano (…) Gracias a mucha gente he podido practicar y por eso estoy muy agradecido».
Costó pero lo logró. Con la ayuda de uno de sus abuelos consiguió en el 2006 comprarse su piano; pero en una primera etapa lo ubicó en la casa de una tía.abuela «Pasaba mucho tiempo allí, hasta me quedaba a dormir, pero en casa eso los inquietaba».
Santiago reconoce que ese ímpetu por aprender música lo ha llevado en ocasiones a descuidar el liceo, pero la pasión es más fuerte «no sé como explicarte mucho de lo que siento» le dijo a SAN JOSÉ HOY que, ante cada gesto o palabra percibía que ese sentimiento no era exagerado sino real, muy real.
Recién este año consiguió instalar el piano en el living de su casa, en un rincón privilegiado, cerca de la ventana.
«A mi familia le costó pero finalmente aceptó que lo que me gusta es el piano; que yo quiero dedicarme a la música. Lo aceptaron más cuando comencé a ganar competencias, pero yo sabía que era lo mío desde el primer instante».
El proceso fue duro. Santiago lloró muchas veces de bronca por ser (como se reconoce) un incomprendido. Él sabe el precio que se paga por ser diferente al resto, y por –pese a su edad- saber lo que quiere desde hace tiempo.
Hubo quienes lo apoyaron desde el principio: sus abuelos. Julio Mesa (que quiere que toque Concierto Nº5 Emperador para piano y orquesta de Beethoven), Helga Geribón (ama el sonido del piano), Milka Lamenza (a quien le gusta mucho la música), y su esposo Julio Fernández… «él murió poco después de la última competencia en la que participé. Pasaba las tardes en su casa. Abuela cocinaba y yo desparramaba en su cocina mis partituras (…) La muerte de mi abuelo fue lo más duro para mí. A él le gustaba el tango y trabajaba en una carpintería. Yo iba a verlo pero no me dejaba tocar nada por miedo a que me lastimara las manos (…) Mi primera competencia en el 2006, fue el mismo día del cumple de mi abuela Milka. Ese día, más tarde fuimos al hospital a ver a mi abuelo. Le dije que había ganado y se puso feliz. También le mostré el diploma. A las dos semanas falleció, pero lo recuerdo siempre».
Santiago reconoce ser extremadamente exigente «no paro, a veces me exijo mucho más que mi profesora. Ella me lleva hasta ahí pero yo siempre quiero más…no lo puedo controlar».  Además de interpretar, este joven  compone música para otros instrumentos: «con un amigo, Sebastián Martínez (baterista) hemos hecho piezas para piano y batería. Suena raro pero se pueden hacer muchas cosas en este sentido. El producto musical que se logra es muy bueno».
Además de apasionado, es extremadamente perfeccionista «esa papelera que ves allí, está llena de partituras, porque si no me gustan las tiro y vuelvo a crear».
Santiago no para. Da conciertos en Montevideo, San José, Salto, Paysandú, Colonia… está continuamente creando, casi obsesionado con la próxima pieza que tocará «tengo insomnio… y aunque parezca loco es cuando me siento más inspirado para escribir».
En lo nacional admira a Homero Francesc «un excelente pianista que actualmente vive en Suiza».
Espera seguir estudiando  música y perfeccionándose aquí y, si es posible, en un futuro en el exterior «… me gustaría entrar en Dirección de Orquesta» señaló.
Por el momento lo que sabe es que le espera un 2010 muy agitado, donde el liceo no puede quedar relegado y donde, seguramente, surgirán nuevos proyectos musicales.
Ya está acostumbrado a recibir halagos después de cada concierto «siempre me llamó la atención que me esperen para decirme  lo que expreso con la música. Un día me dijeron ‘tu música me eleva’… esa me sorprendió. Otra que no esperaba fue la de una señora ‘tus manos en el piano son como palomas’. Eso a uno lo deja contento, feliz».
Señala que hay obras que marcaron ciertas etapas de su vida «al tocarlas evoco cosas y por supuesto también me emociono (…) Hay obras para cada momento y, mismo en la composición uno refleja como está en ese momento».
Lo que va más allá es lo que más le llega al músico, quien se reconoce como una persona «sensible». Además, Santiago cree en la energía de las pirámides y por eso, en el living de su casa –nos mostraba- hay varias.
La charla se extendió más de una hora. Tiempo suficiente para conocer a otro adolescente maragato que tiene aspiraciones y que, sin duda, forma parte de nuestro presente y futuro en la Música.

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One Response to Santiago en estrecha alianza con la Música

  1. Tania says:

    Lo vì y escuché por 1ª vez el 29/0510 en Carmelo; no podìa creer lo que veìa y escuchaba. Tuve que secar mis lágrimas de emoción todo el tiempo que duró el concierto. No he visto alguien tan joven tocar con tanta pasión, Cuando él acaricia el piano, no es él, alguien de otros tiempos entra en su cuerpo, su alma y su corazón y lo transforma en ese genio que disfrutamos. La ACTITUD, sus manos deslizando suavemente en el teclado, todo estremece. Mis más siceras felicitaciones a este pequeño gran intérprete de la música de todos los tiempos.

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