Los golpes de timón

El buen desempeño del timonel podía ser decisivo para la navegabilidad de los antiguos barcos. Así lo relatan las novelas y las películas de aventuras. Por extensión, el “golpe de timón” se transformó de imagen marinera en metáfora todo terreno.

MIRTANA LÓPEZ

Esa es la representación que nos parece más útil para ejemplificar las propuestas del Partido Nacional de la última semana antes del balotaje cuando han desaparecido las denuncias esotéricas que caracterizaron la primera parte de la campaña. Se han retomado algunas ideas que ya se manejaban antes de octubre y se les ha dado forma como para impactar en la gente con proyectos bien definidos y opuestos a los actuales. “Vamos a esperar cómo responde la gente a los últimos movimientos que hemos hecho en la campaña. Estamos tratando de volcar el voto de los indecisos hacia Lacalle, pero cómo va a ser la respuesta lo dirán las urnas” dijo Ana Lía Pineyrúa. Es decir que caracterizó como “últimos movimientos” de campaña, lo que sin embargo se presenta como las propuestas de fondo o de largo alcance del futuro gobierno cuya orientación comparte.
En el plano económico se propone la eliminación inmediata del IASS a los jubilados, desmontar el IRPF por considerarlo un impuesto al trabajo y “en caso que la situación fiscal lo permitiera, se eliminará el IMESI”. “Sería una bandeja de ofertas que estará acotada en dos: desaparición del impuesto a las jubilaciones y del IRPF”, dijo Luis Alberto Lacalle. También plantea, de ser posible, reducir en dos puntos el IVA.
Sólo un comentario de alguien que entiende la economía de forma muy primitiva: Se propone hacer desaparecer los impuestos que afectan a quienes reciben mejores jubilaciones o salarios. Porque el mínimo no imponible está ahora en 14 mil pesos de ingresos. Por lo tanto el IRPF no se aplica a sueldos menores. (En gobiernos democráticos anteriores sí se aplicaba el IRP indiscriminado a todos los sueldos y pasividades, aunque estuvieran por debajo del salario mínimo nacional según Ley de 1982). Por su parte, las jubilaciones menores –que mejoraron aunque todavía estén muy bajas – no reciben descuentos. Sí se aplica un buen descuento a la jubilación de más de 100 mil pesos que para poder vivir no puede dejar de percibir el señor Lacalle.
En el plano de la seguridad ciudadana, las ideas son muchas: “políticas firmes y recursos suficientes, dignificación y protección del personal policial, profesionalización de la Policía, atención especial de menores infractores con la creación del Instituto del Adolescente infractor, mejora radical del sistema carcelario, aumento de la seguridad en el medio rural y combate frontal al narcotráfico junto a medidas concretas como “la creación de la Guardia Nacional Republicana, aumento de penas a reincidentes y la baja de la edad de imputabilidad a los 16 años.”
Sobre las primeras, esperemos; dejemos el beneficio de la duda a la promesa. Porque, de pronto, la línea de administración cambiará con respecto a la realizada en su gobierno anterior. Pero no es posible no reflexionar hasta con temor sobre la propia conceptualización de las siguientes. Porque las tres tienen una clara orientación filosófica: la mano muy dura.
La creación de la Guardia Nacional Republicana, el aumento de penas a reincidentes y la baja de imputabilidad a 16 años, son afines a los últimos titulares lacallistas: “la gente clama por represión”, “no hay que temer a la palabra represión”, “la autoridad hay que ejercerla”. También es cierto que a fines de julio de 1993 , cuando ya no podía usar esa mano dura con los responsables del caso Berríos y se hacían evidentes sus dificultades para ejercer su autoridad de Presidente sobre los militares, dijo una de sus frases más soberbias, vacuas y gratuitas: “Aquí el que manda soy yo”. Uno de tantos ejemplos de cómo Luis Alberto Lacalle intenta resolver conflictos con el ejercicio de una autoridad que aunque en aquél caso le había sido otorgada por la ciudadanía, él mismo deslegitimaba en su solitaria arrogancia.
Al igual que los que reclama alguna diva argentina, estos anuncios se hacen a sabiendas de que a la gente está acuciada por los problemas de mayor inseguridad con cada vez mayor difusión y cuyo voto puede ser una inmediata respuesta al temor más que a la racionalidad. Pero el “golpe de timón” en la campaña electoral parece ser mucho más que eso. Se parece demasiado a una política de gobierno ya superada.

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