Entre el equilibrio y la democracia

El equilibrista.

Esta campaña de balotage, donde debe definirse quien será el presidente de los uruguayos en el próximo período de gobierno, ha traído algunas novedades interesantes en materia de teorías políticas.

DAVID RABINOVICH

El equilibrio
La población, en las urnas, definió el 25 de octubre sus preferencias. La izquierda obtuvo casi la mitad de los votos y mayoría en ambas cámaras. La idea de que el pueblo decidió esperar y meditar durante 30 días más, para decidir a qué persona ponía en la presidencia, supone asignar a la suma de votos individuales una suerte de voluntad colectiva consciente.
El argumento de que el 52% no votó a Mujica, es tan válido como el que el 70% no votó a Lacalle. ¡Qué sistema democrático más extraño sería uno en el que resultara ganador una persona, o un partido, que tuvo al 70% de la población en contra!
La teoría del equilibrio contrasta fuertemente con cualquier teoría que sustente alguna forma de democracia. El Frente Amplio obtuvo 1:093.869 votos contra 657.327 de los blancos. Son 436.542 de distancia, cuatro veces la población de un departamento como San José.
En un país donde un partido saca un 66% más de votos que su contrincante más cercano, es difícil argumentar que el candidato perdedor puede ser democráticamente electo en segunda vuelta, por la vía de que se junten todos en contra del ganador. Además, en el caso que nos ocupa, en ese ‘todos’ debería incluirse actores que se suponen que están fuera del sistema político, como las cámaras empresariales, la iglesia católica y los grandes medios de comunicación.
Es una situación curiosa la de escuchar hasta el cansancio críticas a ciudadanos -dirigentes sindicales- que expresaron sus preferencias y ni asomo de usar razonamientos parecidos para las manifestaciones, muchas veces mal disfrazadas, de quienes representan grandes intereses.

La coparticipación
Otro reclamo de la derecha es la creación de «ámbitos de diálogo», porque alertan sobre la confrontación que vendrá de la mano de la presidencia de José Mujica. En realidad el Frente ha propiciado un sinnúmero de instancias para la negociación, sólo que no acepta resignar por completo su visión política y trata de cumplir, de forma muy prudente por cierto, con los compromisos que asumió antes de las elecciones. El diálogo y la negociación tienen –para el interés de las minorías- los naturales límites que imponen las mayorías democráticamente.
Durante demasiado tiempo estuvieron sin llenar decenas de cargos, reservados a ciudadanos blancos y colorados en variados espacios públicos. El nivel de participación de la oposición pudo ser mayor y mejor, pero todo parece indicar que se apostó al fracaso de un gobierno en manos de la izquierda. Se anunció que sería el caos, hoy se ofrece el continuismo.
De todas formas hay que analizar la participación que se le dio a la oposición, cuando ese papel lo desempeñaba el Frente Amplio. ¿Qué coparticipación tuvo en el gobierno de Batlle? Blancos y colorados, con exclusión total del Frente Amplio, asumieron la responsabilidad de gobernar.
Esta actitud debe ser considerada en el marco de los resultados de 1999: FA 40,1%, PC 32,8% y PN 22,3%. En la segunda vuelta, que para eso se reformó la Constitución, los partidos tradicionales se juntaron para instalar al Dr. Jorge Batlle en la presidencia.
Así las cosas, los discursos que apelan a la democracia, a la concordia y a tantos otros valores tan importantes, deben ser tomadas con sumo cuidado. Todos estamos contentos y de acuerdo, con el uso de las urnas y nadie quiere volver a las armas, ni a las botas.
Las sociedades modernas, inmersas en conflictos que son parte de la realidad, pueden buscar resolverlos de la mejor forma posible, o buscar el mejor cambio de sistema que puedan inventar. Esto genera conflictos que pueden, o no, ser civilizados y resueltos por la democracia.
Debe sopesarse las apelaciones al «talante democrático» que hace cada uno, sin olvidar los intereses que se defienden.
Habrá un 30 de noviembre en 2009, el país seguirá andando, el desafío de construir prosperidad y justicia social nos convoca.
Una sociedad para «vivir bien» necesariamente debe incluirnos a todas y todos. Sin embargo en la sociedad más desigual, injusta y hasta opresiva, habrá quienes puedan «vivir mejor» que otros. Cuando el objetivo más importante es, más allá de los discursos, crear las condiciones para que sea socialmente válida la competencia por vivir mejor a cualquier costo, cuando se defiende las diferencias como parte de los derechos más esenciales y sólo quedan vagas referencias a la igualdad de oportunidades como contrapeso, estamos en el terreno de los discursos y de las políticas de derecha.

1971

Un repaso de los resultados electorales de 1971 puede aclarar mejor cómo ha ido mutando el concepto de democracia en Uruguay.
Enancado en los votos del pachequismo, autoritario y populista, Bordaberry fue mayoría dentro del Partido Colorado que presentó cinco fórmulas presidenciales que acumulaban sus votos. Juan María resultó presidente con el 22,82% de los votos, Wilson perdió aunque obtuvo 26.42%.
Ferreira sacó más de 60.000 votos de ventaja sobre Bordaberry, pero los colorados ganaron por 12.802 a los blancos.

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