El Cementerio: reflejo de la ciudad

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"... es un lugar de respeto".

Pasadas las seis de la tarde del lluvioso 31 de octubre, estacionó su auto frente a casa. Grabador y cámara en mano salí presurosa a su encuentro.
El día antes lo había invitado a recorrer el Cementerio. Accedió con gusto.

ALEJANDRA FUENTES

Realmente pensé que no iba a venir. La lluvia era constante y los relámpagos iluminaban el cielo gris. Pero me equivoqué. A la hora pactada estaba frente a casa, dispuesto a colaborar con SAN JOSÉ HOY.
«Lo que yo quiero Santiago, es humanizar el Cementerio», le dije ni bien subí al auto. «Quiero acercarlo a la gente porque es parte de nosotros». Él me entendió claramente y agregó: «Es un lugar de respeto».
 En San José el progreso integró al cementerio a un barrio que lleva su nombre. Como bien agregó Santiago «fue absorbido por la urbanización».
Por calle Brasil, prácticamente no tiene vecinos. Sólo la cancha de Universal y luego un baldío enorme. Allí se ha vuelto costumbre que los gurises encuentren cachorros abandonados y algún que otro tributo (copas, velas…) que los supersticiosos dejan frente a la puerta del fondo de la necrópolis.
Pero nosotros entramos por la puerta principal y recorrimos el largo corredor hasta la mitad, donde la gran cruz sirve de valiosa referencia.
Para Santiago es un testimonio de su proficuo trabajo como empresario fúnebre. Para mí, un lugar que despierta interés en cada visita.
Haciendo caso omiso a la lluvia, Santiago iba y venía mostrándome panteones y diversos estilos arquitectónicos. Yo protegía la cámara bajo el paraguas al tiempo que lo seguía atentamente.
«Hay cementerios en todas partes del mundo. Cada grupo poblado tiene uno, de distinto carácter, que se adecua a la religión, costumbres, usos y hábitos de la gente, a las posibilidades económicas y también de lugar (…) El primer camposanto en San José se ubicó pegado a la Basílica Catedral, donde hoy funciona un comercio de tienda. Debido a la imposibilidad de sepultar a un masón en el cementerio católico de nuestra ciudad, hubo que trasladarlo a Montevideo. Fue así que el gobierno de la época aprovechó la oportunidad para emitir un Decreto y crear los cementerios nacionales de carácter público y plurireligiosos».
Santiago estima que esto sucedió a fines del siglo XIX.
Generalmente los cementerios son cercados por muros. Los entendidos en la materia consideran que una obra así es cara y no posee mayor utilidad. Es por eso que en las partes perimetrales de los muros se colocan nichos y así se aprovecha material y espacio. «Todas las paredes del cementerio local tienen nichos en su parte interior», detalló.
El valor patrimonial, explicó Santiago, consiste fundamentalmente en «las construcciones que se han realizado dentro del predio».
Atendiendo a ello, en Montevideo ya se instauró el Necroturismo, una alternativa que fue bienvenida por gustosos de la Arquitectura, el Arte y la Historia.
En San José hay panteones que datan de 1900 y son una verdadera reliquia. El material con el que se realizaron provino fundamentalmente de Italia. Hay obras artísticas muy importantes en las que en muchas, Santiago y su familia tuvieron mucho que ver. «Entiendo que de alguna manera embellecimos la ciudad, en el sentido de que el cementerio está integrado a San José».
Fue así que me enteré que existen panteones sociales «que tienen una trayectoria e inquietud de servicio hacia la colectividad digna de resaltar», explicó el empresario.
Visitamos el panteón de la Sociedad Italiana, uno de la Asociación Española y otro de la Sociedad Francesa; «todas ellas eran mutualistas y servían de lugar de encuentro a las colectividades». En esos lugares se encuentran reconocidos vecinos de la ciudad, colaboradores incansables que, de esta forma, también han sido homenajeados.
Además están los panteones familiares, generalmente construidos por las familias que poseían mayor poderío económico en otras épocas. Hoy, la realidad es otra. Los demás, eran sepultados en nichos y muchos en tierra, dependiendo de temas religiosos o económicos.
Estos panteones están hechos con paredes de ladrillo, terminados con balai o revestidos por mármol o granito. Entre ellos, me llamó poderosamente la atención uno prolijamente decorado, que al frente, tiene una escalerita y en el descanso unas plantas hermosas. «Es el panteón de la familia de Giacomo Bernasconi. Un hombre que trabajó en la Sociedad Italiana y aunque ha sido una persona que pasó desapercibida, su labor merece ser reconocida», indicó Santiago.
Actualmente el cementerio no cuenta con parcelas disponibles para la construcción de nuevos panteones, pero Santiago indicaba que la demanda siempre existe.
Afirma que cada cementerio es el «reflejo exacto» de la sociedad a la que pertenece. De la capacidad económica y social de sus habitantes.
Si bien el dolor iguala, las diferencias se notan. Los panteones no sólo se construyen por un factor de capacidad, sino además por un tema de «presencia social». Sin embargo, en nuestra necrópolis predominan los nichos, prolijamente distribuidos y muchos remozados últimamente.
Hacia el fondo se ubica el área donde se sepulta en tierra (servicio por el que la IMSJ no cobra). Además de razones económicas y creencias, hay una reglamentación vigente que establece que algunos fallecidos por enfermedades infecto-contagiosas sean sepultados en tierra.
Hay dos sectores. Hacia la derecha los adultos y a la izquierda los niños. A este último Santiago se refiere como al «cuadro de los angelitos». En ese lugar se percibe un cariño especial, expresado por una variedad de flores naturales y plantas que surgen de la tierra.
El brillo de unos lacitos de amor sin duda llamará la atención de otros visitantes.
En el ala derecha, destinada a los adultos, el panorama varía. Hay quienes honran a sus muertos, mientras que a otros apenas se los recuerda por un número.
Cientos de placas simbolizan el amor de los maragatos, el recuerdo constante y respetuoso de amigos y familiares. Mensajes de amor eterno, de amistades inquebrantables, como la que expresa una placa en la que se grabó la frase «tus amigos del Parque».
A última hora, una madre y una hermana preparaban los floreros al tiempo que un hombre ayudaba desechando las flores viejas. «Venimos hoy porque mañana (1 de noviembre) sería el cumpleaños de mi hijo», dijo la señora. La charla surgió espontáneamente: «a mí no me desagrada el cementerio. Es más, tengo un lindo recuerdo de cuando venía con mi padre y me contaba aquí historias de mis familiares. Yo aquí aprendí más de los míos», dijo su hija.
Recordé entonces que algo similar me sucedía a mí cuando venía regularmente con uno de mis tíos. También, una frase que me repetía mi madre: «hay que tenerle miedo a los vivos, no a los muertos».
La obra actual de la necrópolis maragata comprende la construcción de nuevos nichos, para lo que serán demolidos varios otros (muy antiguos). Además, un cuadro de tierra se transformará en un área de nichos para la venta.
Santiago destaca que el nuestro es un cementerio «muy bien atendido en cuanto a su limpieza, y también en lo que concierne a mantenimiento. Actualmente se están reconstruyendo las azoteas de todos los nichos (…) El deterioro se nota puntualmente en panteones o nichos de los que ya nadie se hace cargo, porque hay familias sin herederos». Aclaró además, que todos los sepulcros son de carácter municipal, «lo que tiene la familia es el derecho de uso, que se otorga por 99 años».
Considera que cada visitante al cementerio «aporta lo que lleva dentro de sí, o lo que cree de ese lugar». «Ese aporte no se reflejará nunca en lo material pero sí se percibe en cada espíritu», dijo.
A las siete menos cuarto, una serie de campanadas nos alertaron del cierre del cementerio. Diez minutos más tarde se repetían como último aviso.
La lluvia continuaba pero nunca nos apresuramos.

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Cuando el amor es más fuerte.

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Una verdadera obra arquitectónica.

adelanto de tapa

A veces, un simple detalle significa mucho.

La palabra Cementerio proviene del griego (koimeterion) y significa dormitorio. Antes se lo denominaba necrópolis, «ciudad de los muertos», pero más tarde, los cristianos, apoyados en su esperanza de resurrección, lo denominaron Cementerio, en alusión a que allí sus muertos «descansan en paz» a la espera de la resurrección de la carne y la vida perdurable.

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2 Responses to El Cementerio: reflejo de la ciudad

  1. isabel says:

    me encantó la nota! Está hecha con repeto, con conocimiento y con mucho amor… Felicitaciones!!!!!

  2. jose maria says:

    muy buena la nota , por estos pagos ( Dublin , Irlanda ) tambien existe el Necroturismo , hay buses que llevan a la gente a los imponentes mausoleos de los heroes nacionales que estan en un cementerio y no es una plaza publica , gracias Rabinovich por el esfuerzo de hacer un periodismo sin tanto “batifondo”

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