Es Newton. Es Marx. Es Adam Smith

 PEDRO BORDABERRY       

     Cuentan los biógrafos de Jorge Luis Borges que un día el escritor, ya mayor y ciego, fue al baño en la mitad de un acto cultural. El baño estaba situado en el primer piso y otro novelista esperó para acompañarlo mientras bajaba por las escaleras. Mientras descendían el novelista notó que Borges bajaba demasiado rápido y, temiendo que se cayera, le preguntó «¿No deberíamos ir más despacio?».
Borges con su ironía habitual contestó «Pero no soy yo, es Newton».
Es que efectivamente la ley de gravitación o gravedad descubierta por Isaac Newton provoca que las cosas caigan al piso o aceleren la bajada de una persona por la escalera.
«¿No debería la campaña electoral ocuparse de propuestas y dejar atrás ataques personales?», me preguntó en tono de queja un correligionario el otro día en Cardona. «Es que no soy yo, son Marx y Smith», le contesté.
Creo que no comprendió.
La segunda mitad del siglo pasado estuvo dominada por la Guerra Fría. Ese enfrentamiento entre Este y Oeste, Estados Unidos y la Unión Soviética, izquierda y derecha, partidarios de Adam Smith y Karl Marx.
A finales del siglo pasado y principios de este esa pelea parece haberse terminado. Estados Unidos y Gran Bretaña, hasta hace poco defensores a ultranza del capitalismo, estatizaron bancos, empresas constructoras de vivienda, automotrices, en la mayor intervención estatal que se recuerde. ¿Capitalismo y libre mercado? No.
Antes de eso, la Unión Soviética desapareció, el muro de Berlín fue derribado, se unificaron las dos Alemanias, China reconoció la propiedad privada. Se acabó el paradigma de la revolución comunista.
En el Uruguay una generación entera nació, vivió dentro de ese esquema de confrontación. Todo era de barricada, de uno contra el otro, de ellos contra nosotros, nosotros contra ellos, los que se decían buenos contra los que consideraban malos.
Ese mundo, por suerte, se terminó. Hoy los enfrentamientos son de otro tipo. Las tensiones son étnicas, religiosas, de fanáticos. Por suerte estas tensiones modernas no llegaron al Uruguay pese a que en el continente algunos se esfuerzan por traerlas como lo hace Chávez cuando va a Irán o alaba a Hezbollah.
En el Uruguay tenemos todo para mirar hacia adelante. Pero esta campaña electoral parece querer volver una y otra vez sobre el pasado, sobre los enfrentamientos. De propuestas nada.
«¡Perro faldero!» grita uno. «Vivís en un sucucho» contesta el otro. «No inviertan si gana aquél» acusa uno. «Llega la motosierra» responde el otro.
Todo de un nivel de intercambio bajísimo que evita hablar de los problemas que tiene la gente y cómo solucionarlos.
De ahí la pregunta del correligionario de Cardona del otro día y mi respuesta. Es que tanto el Dr. Lacalle como el Senador Mujica son fruto de ese mundo que enfrentó a Adam Smith con Karl Marx y los lleva a insultarse y atacarse todos los días.
También el desconcierto que nos provoca a los que no vivimos en ese mundo de enfrentamientos y queremos hablar de los desafíos del porvenir y no las peleas del ayer.
El propio Borges en su análisis del Martín Fierro (pág. 16) decía que «en su corta experiencia de narrador había comprobado que saber cómo habla un personaje es saber quién es, que descubrir una entonación, una voz, una sintaxis particular, es haber descubierto un destino».
En mi corta experiencia en la política he descubierto lo mismo.

 

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