Códigos y lenguajes electorales

MIRTANA LÓPEZ

Vaya tema, en este momento.
Para los próximos 5 años nos estamos jugando una conducción de gobierno que busque favorecer a las clases más poderosas (perdón, olvidé que no hay más clases sociales), o una orientación que continúe mejorando la situación de los más pobres y comience a quitar  favores a los más privilegiados. (Léase “quitar favores”, no otra cosa.) Éste es el dilema para unos. Para otros, el FA no debe seguir gobernando porque Mujica no puede hacerlo. No puede ser Presidente quien tiene su pasado, se viste, habla y vive como lo hace él. Argumentos muy personalizados, como se observa, que evitan el punto central que consiste en que si el FA ha podido gobernar bien, podrá seguir haciéndolo aunque su primera figura  parezca no cumplir con varios requisitos formales. Que no son tan diferentes  a los que no cumplía Artigas sentado en una cabeza de vaca cuando dictaba su pensamiento.
El lenguaje es reflejo y creador de la realidad. Veamos algo de esto historiando, sin pretensiones de sistema, algunos de los episodios entramados en este sucederse de exabruptos que podrían compararse a un guión de ópera, un malambo o una pelea de boxeo.
En lo que podría ser la introducción – es decir inmediatamente después de las Internas -, un Lacalle triunfador prometió y propuso no hablar del pasado: sólo hacia el futuro debe mirar quien va a regir los destinos del país. Con ese tono mayor determinaba también el que corresponde a un estadista al uso y dejaba a Mujica casi fuera de la cancha.
Comenzó entonces esta competencia de malambo, en la que cada bailarín muestra sus habilidades por turno. En su primera exhibición, Lacalle utilizó dos figuras inolvidables: exhortó a los inversores extranjeros a esperar a diciembre para saber quién estará gobernando el país antes de arriesgar sus dineros y muy poco después utilizó la ya famosa imagen de la “motosierra” que usará en su gobierno contra el gasto público. Los analistas objetivos dicen que “Lacalle se equivocó” otros menos objetivos pensamos que le salió del alma.
Con estos dos presentes Mujica podría haber continuado su participación sin salirse del libreto, malambeando sobre aquellos dos tópicos. Sin embargo, por otros motivos y en medio de otra rabieta, calificó a Larrañaga de “perro faldero”, con lo que si bien quiso ir a la esencia de lo definido al referirse a alguien que ha perdido su individualidad detrás de otro, sin duda, perdió el rumbo del lenguaje.
Cada lector imagine ahora a qué momento del malambo hemos llegado, porque lo que sí es sabido y muy comentado en toda la prensa es que estamos en el punto más alto del período en el que cada cosa que se haga en el ámbito de las campañas electorales es analizado como acierto u error, favorable o no a los intereses del candidato. Cuando Mujica, a La Nación de Buenos Aires, le dijo que la justicia puede tener hedor a venganza y lo acompañó de la “puteada” más completa que pueda decirse, está cometiendo dos errores, según los analistas objetivos, pero de derecha. El primero, porque manifiesta duda y descreimiento en la justicia, nada menos que alguien que podrá ser Presidente. Posteriormente ha quedado claro que Mujica quiso declarar más como un filósofo que como un político (cosa inconveniente en plena campaña electoral). El segundo, el lenguaje utilizado, tildado por el mismo Luis Alberto Lacalle de soez, grosero e impropio de un candidato a Presidente; tema sobre el que, sofisticada y astutamente, manifestó su voluntad de no seguir hablando.
Y debió no seguir hablando porque habría tenido varios asaltos de triunfo. Sin embargo, le otorgó el round a Mujica. Porque Luis Alberto, en su propio ataque de incontinencia, hizo unas declaraciones en las que calificó de “sucucho” y “cueva” la casa en la que vive su contrincante. Ahora sí perdió por goleada o por knock out. Porque nuevamente, en su función primigenia, el lenguaje refleja la realidad. Y esta realidad indiscutible es que Lacalle disfruta de ser aristócrata como cualquiera de nosotros lo haría de un premio merecido. Y a los uruguayos, a la gran mayoría que ni siquiera llega a pagar IRPF que tan injusto es para este selecto jubilado, no nos gusta mofarnos de la pobreza ajena. Ni siquiera cuando es la de una dignidad elegida que, por cierto, podría pensar un poco más en la riqueza del idioma español y en las cuestiones estéticas que no son tan prescindibles porque el lenguaje también crea la realidad.
Por favor, Pepe Mujica, no te salgas del libreto, que ganamos.

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