Ramón “Pichón” Sánchez: “Yo no voto con el bolsillo”

El liceo fue centro cultural, espacio gremial y objeto de varias polémicas. También un lugar donde la dictadura dejó marcada su impronta, con absoluta nitidez.
Ramón Sánchez es carpintero, tornero por más señas y uno de los pocos que hacen élices de madera para los molinos de viento. Eso y muchas otras cosas, entre las que rescatamos hoy, su condición de funcionario del liceo desde hace como 40 años. Otro testigo, otro testimonio.

Pichón Sánchez

Pichón Sánchez

-¿Cuando entraste al liceo?
-El 1º de setiembre hizo 38 años. Antes me había contratado la Comisión de Apal.
-¿Qué recuerdos tenés de cómo era el Liceo antes del golpe de estado?
-Varios recuerdos lindos, pero que se le pierden a uno después de tanto tiempo.
-¿Ustedes entraron cuando Artidoro (González) formó un equipo para hacer el mantenimiento del Liceo?
-Sí. Propuso gente que fuera de oficio. Tres carpinteros, un herrero… Carpintero, pintor y lo que fuera; se hacía lo que viniera. Recuerdo que levantábamos paredes para hacer la estufa, como si fuéramos albañiles. Otras veces íbamos a Montevideo a buscar bancas destrozadas en los depósitos de Secundaria y las traíamos para repararlas. Las dejábamos impecables; hasta les poníamos una tabla de cármica arriba.
-Los muchachos ¿cuidaban más?
-Sí. Pero cuando rompían o las rayaban, Artidoro los buscaba, hasta por la letra los agarraba cuando escribían en las puertas de los salones nuevos. Llamaba a los padres y se las cobraba: «Esto vale tanto».
-Se vino la dictadura…
-Me acuerdo de la huelga. Primero vinieron tres inspectores, uno de ellos, Ugartamendía, que se cambiaba todos los días de traje y nos invitaba con bizcochos; macanudo. Después lo echaron a él. Era buen tipo; terminó haciendo un informe favorable a Artidoro.
-¿Qué te acordás del día en que echaron al Tito y los demás?
-Cuando empezó todo, me acuerdo que voy de mañana al Taller del Tito y los habían echado a todos. Yo trabajaba de tarde y al Director que habían puesto lo conocía nada más que de nombre porque él estaba en el Nocturno, Humberto Costa Iturralde. Me encontró esa tarde barriendo una galería y me preguntó: «¿Usted es funcionario aquí?» «Y si estoy barriendo será porque soy funcionario». Se pegó media vuelta y se fue. No me dijo nada más. Después yo le decía cualquier cosa. Tengo una foja muy alta de las cosas que le decía.
-¿Por ejemplo?
-No. No me animo aquí a repetirlas. Cualquier cosa; pero siempre cuando estábamos mano a mano.
-Andaba armado.
-Un día fui a buscar aserrín al galpón, allá, donde había una reja de hierro. Me siguió y me mostraba el revólver y le contesté. «Puede ser que te agarre ese revólver  y te lo meta en el ano contra natura que tenés». A mí me suspendieron tres meses y me tuvo que reintegrar él mismo. Me llevó a la dirección y le dije cualquier cantidad de cosas. «Vaya, vaya» me dijo.
-Época brava…
-Me acuerdo de las barridas. Echaron o van a echar a fulano… Después estuvo el Secretario aquél que vino de Montevideo, que pensábamos que era bruto alcahuete, el que trajo a Cabrera. Uno rubio, alto, que parecía yanqui; Sismondi. ¡Qué miedo le teníamos! Porque debía ser flor de alcahuete.
Después del 85 no hubo más problemas y hay compañerismo.
-Las direcciones de la dictadura ¿cómo te fue con ellas?
-Con la Chicha (Ruth Odriozzola) no hubo problemas, por ejemplo para mí. La Chacha (Hilda Cortinas) era muy especial. Yo me le escapaba a vender cosas de tornería, entonces me dio para hacer los trámites al Banco. Discusiones sí, porque era muy miliquera, la vieja.
Una vez había que ir a buscar leña a lo de Battaglino. La Chacha le había dicho a Chipi que iba a venir un camión del Ejército a traerla. El Chipi vio el camión, se escondió, y la Chacha me mandó a mí que estaba parado al lado del monumento a Espínola. Me vio la Chacha y me mandó a mí. Entre medio de los milicos con los fusiles. En la esquina estaba el Chipi que me gritaba: «¡Sánchez, hay viático!» me gritaba desde la Plaza de Deportes.
Margara y Rosa eran bravas porque alcahueteaban lindo. Un día Artidoro le dijo a una de ellas: «Usted no me traiga más chismes porque la voy a sancionar».
-Vos pensás como el Chipi sobre el sueldo…
-Sí. Porque antes los sueldos eran una miseria. Ahora, la salud y la educación mejoraron mucho; te revolvés bastante bien. Pero yo no voto con el bolsillo. Este pueblo vos sabés como es, que siempre fue blanco; pero mirá que algunos pintan la casa pero echan el voto para otro lado. Hacen como el tero. Ponen el numerito y votan otra cosa.
-¿Quién te convenció?
-A mí nadie. Yo no sé si vos sabés que yo estuve en Los Carreteros, a los 17 años. Y ahí empecé a ver y oír mucha cosa.
-No sabía que eras guitarrero.
-Ah. Sabés poco. Desde que arrancó el Frente lo voto, desde el principio. Retobado fui siempre. Cuanto más viejo más retobado. Después siempre con la barra del Tito, toda gente de izquierda. Que me enseñó mucho de lo que sé de carpintería y que siempre fue muy derecho para trabajar.
-¿Te das alguna vuelta por el liceo?
-Yo estoy de licencia médica hace como tres años. Y una o dos veces por mes paso por el Liceo a ver la gente, que es muy compañera.

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