El consulado de Cerro Ñato

En el primer piso, una sala teatral.

En el primer piso, una sala teatral.

Una idea audaz que encontró apoyo

Será una especie de mezcla entre el Centro «Pompidou» de Francia y el boliche «El Resorte» de Juceca. Una  interesante suma puesta al servicio de quienes se integren a trabajar para tener un espacio cultural de puertas abiertas, pero bien abiertas.
El BPS cedió en comodato al Mec y grupos  culturales locales, su edificio de calle Colón, para instalar el «Consulado de Cerro Ñato». Como contrapartida, los artistas involucrados en el proyecto deberán presentar unas 40 funciones anuales en la Colonia de Vacaciones de Raigón.
Allí funcionará además, el Centro Mec
de la ciudad.

EL PATIO.Luego de cuatro jornadas de limpieza, aún queda trabajo.

EL PATIO.Luego de cuatro jornadas de limpieza, aún queda trabajo.

ALEJANDRA FUENTES

Fue de a poquito que se consolidó el proyecto de instalar ‘el Consulado de Cerro Ñato’. Comenzó a tomar forma cuando se pensó qué hacer en la 46ª Semana de la Juventud y dónde reunirse.
Se consiguió permiso para usufructuar el antiguo edificio del Banco de Previsión Social de calle Colón, cerrado desde hacía más de 6 años. Su Directorio aprobó la idea que, también avaló el Ministerio de Educación y Cultura. Luego se sumó el Ides (Instituto de Investigación y Desarrollo) que respaldará el proyecto hasta que se consolide como una institución, con personería jurídica.
Carlos Barceló es uno de los creadores del proyecto y explica que el ‘Consulado…’ será una «Casa abierta y alternativa de la Cultura. Un espacio donde se puede completar aspectos de la oferta cultural  tradicional. «Porque hoy es fácil ver donde estudiar danzas folclóricas pero no Cine o Dirección de actores, Dirección de coros de Murgas o Composición para rock. Hay un montón de disciplinas en las que en San José no hay lugar para formarse. Uno de los objetivos es generar un espacio relativamente estable, porque esto depende de la respuesta de los grupos que quieran participar».
Lograr el espacio no fue fácil. En esta gestión intervinieron varios grupos e instituciones culturales maragatos: bandas de rock, grupos de teatro independiente, conjuntos de Carnaval, estudiantes especializados en algún área artística y muchos otros que conforman el «Consulado…» y que hicieron saber al BPS la necesidad de un lugar para capacitarse, ensayar y luego mostrarse.
La afirmativa del BPS implica cumplir algunas condiciones: «…una de ellas es utilizar el inmueble sin fines de lucro» «otra es la pertenencia, para que haya continuidad en el trabajo y puedan surgir nuevas posibilidades». Los que lo deseen, se acercan al Consulado con su propuesta. Se estudiará de qué manera se integra a las actividades generales.
Para que este Espacio funcione, hay que dotarlo de una actividad permanente que posibilite pagar la luz, el agua, teléfono y otros gastos «… No tenemos fines de lucro ni se le cargará el costo a los que se formen y ensayen en ese lugar. Tampoco al profesor, que cobrará sus clases y los alumnos le pagarán a él (…) El objetivo primero no es pagar los costos del local, sino hacer los cursos y por supuesto después sí, entre todos, contribuir al funcionamiento del Consulado (…) Quienes se sumen deberán aceptar las condiciones».
Recorrimos el edificio que es ideal. Salas amplias, bien iluminadas, un patio interior encantador, otro enorme (no exagero) hacia el fondo «donde antes de limpiarlo hay que salir a cazar todos los animales que viven en él» (agregó Carlitos)… y hasta una suerte de boletería al llegar al primer piso.
En la planta baja se piensa instalar las aulas, una oficina y dos sitios permanentes para exposiciones. Una temática y otra muestra de artistas locales. En el primer piso se proyecta una sala teatral, que también servirá para conciertos y otras actividades.
Tiempo atrás en San José se inauguró un céntrico Espacio Cultural. Sin embargo, parece no cubrir la demanda de todos. «Quizás no sea tan abierto» agrega Carlitos «quizás tenga muchas posibilidades y es lindo que así sea, pero no puede ir un grupo de teatro a pedir el lugar para ensayar, o tener la seguridad de que en determinada fecha puede presentar ahí lo que hace o, por lo menos, guardar sus cosas. En el ‘Consulado’ sí… acá no se lo invita a hacer algo e irse sino a participar en la toma de decisiones sobre el rumbo a seguir».
Por el momento al ‘Consulado’ se sumaron Aebu, la productora Intermedios, Sociedad Anónima, el grupo de teatro «Prohibido», un grupo de estudiantes interesados en el área audiovisual y cabe la posibilidad de que se sumen varios directores de murga e integrantes de varias comparsas.
¿No es un ‘curro de Sociedad Anónima? A lo que contestó Carlitos: «para curro convendría hacerlo de otra manera  y en otro lugar» «aquí la idea es similar a la Semana de la Juventud, que fue la primera actividad que encaró el Consulado. Hay que sumar para mejorar y ser uno más. Que el Consulado se transforme en algo de todos, con participación y compromiso. Sólo así sobrevivirá en el tiempo».
Sobre la fusión entre el Museo Nacional de Arte de Francia y el boliche «El Resorte» para crear el Consulado explicó: «Algo que pretenderá todo lo formal que se necesite para llevar adelante las actividades, pero que al mismo tiempo sea un lugar de encuentro de los viajes y sueños ‘volados’ de aquellos que quieran hacer algo y que muchas veces se encuentran en la diaria con imposibilidades materiales (…) Por falta de espacio en San José se perdió varios talentos porque fue difícil traer un profesor, pagar un alquiler y demás. Ahora no hay que esperar más para tener un espacio donde mostrar lo que hacemos (…) Será posible hacerlo cada vez mejor si somos más los que hacemos fuerza para ello».
‘Consulado de Cerro Ñato’ no sólo porque ahí irá todo el gauchaje «… Como en el boliche «El Resorte» cae cualquier forastero y cuando entran  no se le pregunta mucho de dónde viene ni a dónde va, sino que se le sirve una copa y se lo invita a compartir».

La planta baja,amplia y bien iluminada.

La planta baja,amplia y bien iluminada.

Más tierra para trabajar y vivir dignamente

COLONIA CARRIQUIRY

Por resolución del Directorio del Instituto Nacional de Colonización, el martes pasado  25 colonos de Colonia «Ing. Agr. Luis Carriquiry» (ruta 3 km.112) recibieron los títulos de adjudicación de 189 hectáreas que servirán como campo de apoyo, para recría de ganado seco y cultivo de grano.
Unos 15 ya están enviando animales al predio.
El acto se cumplió en lo que se conoce en la zona como campo «La Guitarra» o ex campo de Canessa. Allí se encuentra el predio adjudicado y las instalaciones que bien podrán aprovecharse.

COLONIA CARRIQUIRY

COLONIA CARRIQUIRY

ALEJANDRA FUENTES

Este establecimiento estuvo a punto de ser vendido a un inversor argentino, pero el Instituto de Colonización decidió comprarlo y destinarlo a familias rurales uruguayas.
La fracción adjudicada corresponde a la fracción 1B de «La Guitarra», que, en total, ocupa una superficie de 320 hectáreas, las que se dividieron en dos predios.
El de 189hás. se otorgó a 25 colonos como campo de apoyo, e incluye un galpón de uso común, tubo y embarcadero. Servirá como campo de recría de ganado seco, cultivo de grano, reserva para los tambos. También permitirá mejoras en la oferta de forraje, mediante la instalación de praderas y verdeos. Aumentará además -entre un 10 y 15%- el área de pastoreo directo de los predios.
El campo será administrado por la actual Comisión de la Colonia Carriquiry, quien en breve tramitará su personería jurídica.
Para el primer año se cuenta con el apoyo de Co-naprole, en lo relativo a la financiación de insumos y apoyo de asesores técnicos y agrónomos.
De la actividad participaron el Presidente de la República en ejercicio, Rodolfo Nin Novoa; el Ministro de Ganadería, Ernesto Aggazzi y el presidente del INC, Gonzalo Gaggero. Entre los anfitriones estuvieron el Gerente de la Regional (INC), ingeniero Carlos Repetto; la doctora Leticia Fajardo y la ingeniera agrónoma Nancy Montesdecoa. Además, los integrantes de la Comisión del Campo de Apoyo: Héctor Pérez, Cono Torterolo y Álvaro Soso. Como también, la Directora Departamental del MGAP, Silvia Eiraldi y el representante del programa «Uruguay Rural», doctor Heber Sellanes. Dentro del referido programa hay un grupo de queseros que integra la Colonia Carriquiry.
Gonzalo Gaggero (presidente del INC) reconoció que «189 hectáreas en una Colonia de 2.300 o 2.700 hectáreas no es mucho pero, es ‘toda una señal’. Esta tierra iba a ser de argentinos y nosotros resolvimos que había que comprarla. Lo hicimos al mismo precio que se la ofertaban a ellos y se la adjudicamos a un grupo de uruguayos para que sigan trabajando y produciendo». Señala que el actual es un Instituto distinto «con recursos». Que en este período «generó 45.000 hectáreas» y que pudo hacerlo porque hubo «voluntad política».
Para el próximo período, anunció que el Instituto adquirirá alrededor de 250.000 hectáreas más.

MINISTRO ERNESTO AGGAZZI

«No más asignación de predios
con tarjetita política»

Contento por ver los suelos «llenos de agua» y el trigo «tirando lindo» Agazzi afirmó que el día que todo el Uruguay sea como la zona de Carraquiry «tendremos un país más desarrollado. Está lleno de trabajo, de forraje almacenado. A la entrada había un cartel que decía Bienvenidos, con unas estrellitas que para mí, simbolizan la alegría. Así quiero ver a mi Uruguay».
Acerca de la gestión del INC considera que el Instituto cumplió los roles esenciales del programa del actual gobierno, de recuperarlo institucionalmente, ya que estuvo a punto de ser cerrado por la Administración anterior. Que también se logró modernizar su gestión, eliminar el «clientelismo político»  y la asignación de fracciones «con tarjetitas políticas». Agregó que sin estar en el programa previsto se comenzó a repensar la forma colónica «aquel Instituto que se creó en el 48 y que su espíritu era darle un pedacito de tierra para cada uno. Este establecimiento asignado a los que ya son colonos de la Colonia Carriquiry, son avances hacia la próxima administración  del Instituto, que llevará adelante una nueva manera de gestionar las tierras públicas (…) En este país hay mucha tierra para seguir colonizando».
Entendió conveniente el apoyar a los hombres que ya son de la «cultura de tierra’, que ya saben trabajar «… me parece de lo más inteligente y considero que esto está en buenas manos».
Destacó la tarea de Carlos Daniel Camy (desde el propio Directorio del INC) y la de Heber Sellanes, Diputado en aquel momento, para salvar al Instituto que el Presidente de la República (segundo período de Jujio M. Sanguinetti) quería cerrar «… entonces ver hoy que el INC hace estas cosas me alegra como uruguayo. Porque esto demuestra que se pueden hacer así».
Mirando a los niños vestidos con botas y bombachas de gaucho que presenciaban el acto bien cerca suyo, el Ministro recordó que esas tierras que se adjudican significan un «compromiso» de los productores que la reciben. Confía en que harán buen uso de ella y que colaborarán para que sus hijos se queden en el campo. «… esta tierra es de ustedes, de la sociedad, cuidenlá para estos gurises» concluyó.

PRESIDENTE INTERINO, RODOLFO NIN

Política de tierras para
distribuir equidad

Rodolfo Nin
Rodolfo Nin

Respecto a esta adjudicación de terrenos por el INC cuando bien podrían haberse vendido a extranjeros, el presidente interino expresó que «hay distintas formas de trabajar contra la extranjerización de la tierra. En estos años el INC ha comprado 42.000 hectáreas de campo, que consiguió entre lo que tenía el Estado dedicado a otros fines más la compra que ha hecho. Así también se ha ido distribuyendo entre los productores que de otra manera no tendrían posibilidad de desarrollarse». Hacia el futuro, entiende que hay que encarar dos líneas de acción. Una consiste en seguir «adquiriendo más tierras para promitentes colonos» y la otra es «lograr la consolidación de los colonos ya existentes, con el propósito de agrandar más sus áreas».
Agregó que cuando se habla de 45.000 hectáreas se pregunta  ¿es mucho o poco? respecto a la superficie del país, la agrícola,  la cantidad de los productores… y respecto a lo que hicieron otros gobiernos. Yo les digo que tengo un motivo más para tener la conciencia tranquila de que hicimos mucho en esta materia. Porque encontramos que esta es una de las tantas maneras de distribuir equidad. De igualar en lo que concierne a posibilidades para la gente».
Héctor Pérez fue el colono que recibió los títulos de adjudicación y agradeció a los presentes, especialmente a los que colaboraron día a día con el proyecto. Señaló que todos son productores pequeños, y que las fracciones que poseen promedian las 40 hectáreas y que muchos poseen sólo una. «De esta forma vamos a poder aumentar la producción».
El resultado para estos productores no será sólo económico sino social. Así lo manifestaron: «permitirá que muchos jóvenes de la zona queden trabajando en los campos de sus padres, con firmes esperanzas hacia el futuro».

Códigos y lenguajes electorales

MIRTANA LÓPEZ

Vaya tema, en este momento.
Para los próximos 5 años nos estamos jugando una conducción de gobierno que busque favorecer a las clases más poderosas (perdón, olvidé que no hay más clases sociales), o una orientación que continúe mejorando la situación de los más pobres y comience a quitar  favores a los más privilegiados. (Léase “quitar favores”, no otra cosa.) Éste es el dilema para unos. Para otros, el FA no debe seguir gobernando porque Mujica no puede hacerlo. No puede ser Presidente quien tiene su pasado, se viste, habla y vive como lo hace él. Argumentos muy personalizados, como se observa, que evitan el punto central que consiste en que si el FA ha podido gobernar bien, podrá seguir haciéndolo aunque su primera figura  parezca no cumplir con varios requisitos formales. Que no son tan diferentes  a los que no cumplía Artigas sentado en una cabeza de vaca cuando dictaba su pensamiento.
El lenguaje es reflejo y creador de la realidad. Veamos algo de esto historiando, sin pretensiones de sistema, algunos de los episodios entramados en este sucederse de exabruptos que podrían compararse a un guión de ópera, un malambo o una pelea de boxeo.
En lo que podría ser la introducción – es decir inmediatamente después de las Internas -, un Lacalle triunfador prometió y propuso no hablar del pasado: sólo hacia el futuro debe mirar quien va a regir los destinos del país. Con ese tono mayor determinaba también el que corresponde a un estadista al uso y dejaba a Mujica casi fuera de la cancha.
Comenzó entonces esta competencia de malambo, en la que cada bailarín muestra sus habilidades por turno. En su primera exhibición, Lacalle utilizó dos figuras inolvidables: exhortó a los inversores extranjeros a esperar a diciembre para saber quién estará gobernando el país antes de arriesgar sus dineros y muy poco después utilizó la ya famosa imagen de la “motosierra” que usará en su gobierno contra el gasto público. Los analistas objetivos dicen que “Lacalle se equivocó” otros menos objetivos pensamos que le salió del alma.
Con estos dos presentes Mujica podría haber continuado su participación sin salirse del libreto, malambeando sobre aquellos dos tópicos. Sin embargo, por otros motivos y en medio de otra rabieta, calificó a Larrañaga de “perro faldero”, con lo que si bien quiso ir a la esencia de lo definido al referirse a alguien que ha perdido su individualidad detrás de otro, sin duda, perdió el rumbo del lenguaje.
Cada lector imagine ahora a qué momento del malambo hemos llegado, porque lo que sí es sabido y muy comentado en toda la prensa es que estamos en el punto más alto del período en el que cada cosa que se haga en el ámbito de las campañas electorales es analizado como acierto u error, favorable o no a los intereses del candidato. Cuando Mujica, a La Nación de Buenos Aires, le dijo que la justicia puede tener hedor a venganza y lo acompañó de la “puteada” más completa que pueda decirse, está cometiendo dos errores, según los analistas objetivos, pero de derecha. El primero, porque manifiesta duda y descreimiento en la justicia, nada menos que alguien que podrá ser Presidente. Posteriormente ha quedado claro que Mujica quiso declarar más como un filósofo que como un político (cosa inconveniente en plena campaña electoral). El segundo, el lenguaje utilizado, tildado por el mismo Luis Alberto Lacalle de soez, grosero e impropio de un candidato a Presidente; tema sobre el que, sofisticada y astutamente, manifestó su voluntad de no seguir hablando.
Y debió no seguir hablando porque habría tenido varios asaltos de triunfo. Sin embargo, le otorgó el round a Mujica. Porque Luis Alberto, en su propio ataque de incontinencia, hizo unas declaraciones en las que calificó de “sucucho” y “cueva” la casa en la que vive su contrincante. Ahora sí perdió por goleada o por knock out. Porque nuevamente, en su función primigenia, el lenguaje refleja la realidad. Y esta realidad indiscutible es que Lacalle disfruta de ser aristócrata como cualquiera de nosotros lo haría de un premio merecido. Y a los uruguayos, a la gran mayoría que ni siquiera llega a pagar IRPF que tan injusto es para este selecto jubilado, no nos gusta mofarnos de la pobreza ajena. Ni siquiera cuando es la de una dignidad elegida que, por cierto, podría pensar un poco más en la riqueza del idioma español y en las cuestiones estéticas que no son tan prescindibles porque el lenguaje también crea la realidad.
Por favor, Pepe Mujica, no te salgas del libreto, que ganamos.

La Carpintería del Tito

El taller de Tito

El taller de Tito

 

El taller, que está en Ituzaingó casi Batlle y Ordoñez, por aquellos años disfrutaba de «guardia permanente». «Dos veces se me aparecieron en la carpintería. Una vez estaba el Dentista (Luis) Malespina conversando conmigo. Saltó el gancho de la puerta y entraron a prepo y a los gritos» recuerda Tito.

-¡Saque los documentos!
-«No, porque los tengo en el bolsillo de atrás y no hace mucho en Montevideo le metieron tiros a uno porque hizo el gesto de sacar los documentos del bolsillo de atrás».
-¡Déme los documentos!
-«Yo me di vuelta y los saqué».
«Teníamos colgadas las cabezas de tarariras y pescados…Entonces se subió a una silla, le dijo al otro que lo alumbrara mejor y se puso a revisar para ver si teníamos algo escondido».
-¿Usted que guarda aquí? ¿Qué hay ahí?
-«Nada. Son recuerdos Puede haber aserrín que vuela al cortar la madera».
«Pasó a la pieza, porque yo vivía allí mismo. Le pregunté al otro que lo conocía de la calle: ¿Qué pasa aquí?
-¡Cállese la boca!
«Revolvió todo, tiró la ropa, levantó el colchón…»  
-¡No hay nada mi capitán!
-«Revisaron el otro galpón donde trabajaban los hermanos Lacava. Llaman a Luis que estaba quietito en la cocina y yo tenía mucho miedo por él, que en ese momento era el Secretario del Partido Socialista. Pensé que a Luis lo llevaban al cuartel; pero no, no pasó nada. Se fueron. Fue al poquito tiempo de que nos habían echado»
«En esos días pasaban con los bancarios en camiones. Había gente que aplaudía a las fuerzas conjuntas. Me acuerdo que Fermín Nantes, se lo llevaban y me gritó: «¡Tito!» Era un dolor. Porque llevaban gente buena que pensaba distinto».
«Aparecieron otra vez también, pero era de día; un oficial gordo».
-«¿Qué hacen aquí?»
-Denunciaron que aquí había armas.
-«No, mire, hay una vecina que ya ha denunciado a otros. Pero aquí apenas hemos hecho un autito de carrera para los niños que hay que desarmarlo para sacarlo porque el zaguán es muy angosto. Y somos gente de trabajo, acá».
-Bueno lo tengo que llevar al Consejo del niño, porque tiene que hacer unos trabajos. ¿Tipo trabajo forzado? le pregunto desconcertado.
-«No, no. (y se ríe un poco) Les di presupuesto; Hice los trabajos y los pagaron. Estaba este señor (Joaquim) de Almeida al que echaron. Durante la Dictadura también hice trabajos en el albergue que está del Parque para adelante.
Ahí vi cada injusticia con los gurises… Pero yo no podía decir nada porque te daban un culatazo en la cabeza
Perdí muchos clientes. Sobre todo el principio fue bravo. Decían que eras comunista. No «frenteamplista» porque causaba más miedo el comunismo. Pero mucha otra gente me llamaba para hacerles trabajos y así fuimos pasando. Varias veces comimos en la casa de algunas profesoras, Mirtana, Faruelo… Te emociona eso todavía. Hasta que se acabó la dictadura y cuando volvimos nos encontramos con la gente que había puesto los milicos verdes a dedo. Fue una lucha grande, pero aguantamos, qué íbamos a hacer. Muchos de ellos, que nos vendieron, después vinieron a saludarnos. A dos de ellos no les di pelota. A uno de servicio y a uno de la administración que nunca más lo saludé.»

Un recuerdo
solidario
En medio de mucha miseria humana había gente, y la memoria es ingrata, que merece un recuerdo.
«El Dr. Barreiro tuvo una conducta muy especial. Llegó a San José y a los pocos días vino con una canoa medio vieja y un motor. Conseguimos una canoa buena y de primera le dimos al motorcito y marchó. Después empecé a hacerle trabajos y toda la vida, hasta muy poco antes de morir. Un campamento entero, todos los muebles de la casa, una canoa forrada en fibra de vidrio. A él también lo detuvieron. Fue un hombre extraordinario»

El respeto por «El baqueano»

Tito

Tito

En la larga conversación, un tranquilo domingo por la tarde, los recuerdos discurren por sus propios cauces y reaparecen episodios hoy casi olvidados.

«El susto fue cuando hubo un temporal enorme, las aguas llegaron de 25 a calle Artigas, estaba cortada la ruta.
A la una y media de la mañana llaman y era la Policía (año 72, todavía estaba trabajando en el liceo) pero el ambiente estaba complicado.»
– No pasa nada Tito. Hay un ómnibus detenido en la Ruta 3 porque se fue a la banquina y lo tapa el agua.
«Precisaban el bote para sacar a la gente, lo cargamos y agarran derecho para el Parque. Ahí no más había un griterío bárbaro, estaba el ómnibus pegado al puentecito y estaban todos arriba del techo. Bajamos el bote, tomé la guía de los alambres del teléfono. Me parecía  imposible. Bájense, les dije a los cuatro policías que pretendían ir conmigo. Eran del «British» los chiquilines. El bote de los Bomberos había enganchado el motor en los alambrados y no lo podían sacar.
Cargué 11 de primera. El agua tapaba las ventanillas del ómnibus. Al volver las luces de los autos me encandilaban. ¡Por favor apaguen todas las luces! les grité. En el río, por más tormenta que haya, uno ve en la noche. Ahí los bomberos hicieron otro viaje. Yo con otro, terminamos. Pero me quedaba el chofer que se ve que se creía el capitán del barco y no se quería bajar.
Cuando sacamos a todos me iban a dejar en la carretera, pero les dije a los milicos: Me tienen que llevar a casa con el bote Y lo hicieron.
Al otro día fuimos (con Danilo González) al barrio de la OSE a llevar leche y pan a los chiquilines. Les dejamos el bote para que pudieran pasar. El agua venía bajando, ya al ómnibus se les veían las ventanillas.
Al otro día salió en «Los Principios» que gracias a la Policía y a los bomberos se habían salvado 42 personas.
El señor del año para ese periódico fue Milton Píanzzola, el Intendente, que no había hecho nada.

La República «Ariel»

En setiembre de 1999, San José Hoy publicó este relato motivado en recuerdos muy concretos de la acción docente de la Maestra Fina Massaia. Hoy, 10 años después, Ademu San José lo integró al hermoso homenaje que le hicieran los maestros en su día, con motivo de los 100 años de su nacimiento.
Creemos que es oportuno transcribirlo, porque relata una experiencia educativa vital en quien fuera directora del IFD, iniciadora de la Cooperativa 19 de marzo y – recuerdo especial para estos días- alma mater de la Semana de la Juventud.

6º AÑO CON FINA MASSAIA

MIRTANA LÓPEZ

Transcurridos los primeros tiempos, quizá dos o tres meses del comienzo de clases, los alumnos de Sexto año de la Escuela 46 (¡del año 55!), dejamos de relacionarnos únicamente como compañeros escolares. Como culminación de un proceso de estudio y discusión del funcionamiento de la República, pasamos a gobernarnos y a gobernar el turno matutino. Quizá haya sido el día 19 de junio de ese año que, como Secretaria General del Consejo de Gobierno me tocara leer el acta de fundación y funcionamiento de ese pequeño país que surgía y que iba a tener término a fin de año.
Para esa fecha habíamos elegido el Poder Ejecutivo, integrado, por razones prácticas, por cinco compañeros con sus suplentes. Como se verá estábamos en tiempos de Colegiado, lo que hacía más difícil llevar adelante la experiencia docente.
Teníamos los nueve Ministros de la época con sus tareas asignadas. No era de asombrarse cómo la dignísima Ministra de Economía salía un minuto antes de la campanilla, tomaba de la Dirección el canasto de los bizcochos y salía al patio a realizar prácticamente la tarea de finanzas. El de Ganadería y Agricultura, en mi recuerdo actual, cuidaba del gran cantero con malvones que habíamos hecho al final del patio. A las reuniones del Poder Ejecutivo las escuchábamos todos. Únicamente para destacar la capacidad de la Maestra, cuento que, en los primeros tiempos, mis Actas eran muy breves, pero después, transcurrido un tiempo que hoy me resulta imposible de precisar, no cabían en el pizarrón del patio que era donde semanalmente debía estamparlas, en colaboración con mi compañera suplente, cuya hermosa letra hacía presentable el relato.
Fácil fue decidir cuáles eran las tareas del Ministro de Salud, que debía salir al patio del recreo con su botiquín y que muchas veces fue llamado por otras maestras de clases menores para que colaborara con algún raspón. Más sutil debió ser el trabajo de la Maestra para hacernos entender el Ministerio de Relaciones Exteriores: en general estas dos compañeras eran motivo de nuestra «sana envidia» porque debían salir mucho de clase ya que atendían el relacionamiento con otras clases Claro que también enviaban cartas por Correo a todas las embajadas y explicaban a una delegación de maestros de otra escuela que vino a informarse del funcionamiento de la experiencia. No casualmente fue el Ministerio del Interior el que presentó más crisis de funcionamiento. Sus integrantes llegaron a presentar renuncia ante el Consejo de Gobierno porque «todos les decían los loros de la Maestra». Claro, su tarea era vigilar los recreos. Y aunque no se les incentivara el trasmitir información a la Maestra o a la Dirección, ellos se sentían incómodos. Si no recuerdo mal la forma de solucionar el tema fue la de hacerlos redactar un compendio de normas de comportamiento y buena conducta para darlas a conocer clase por clase. De su cumplimiento fueron naturalmente relevados por los propios maestros de todas las clases.
El Ministerio de Cultura no sólo planificaba actos culturales (que eran casi los mismos de la Escuela pero dándoles participación). El Ministerio de Cultura se preocupaba por nuestras costumbres, nuestro lenguaje y también por el comportamiento de Luis Alberto. –su comportamiento, su higiene, su aprendizaje-, eran tema de discusión de la democracia republicana y parte de sus preocupaciones socio culturales. Hoy, el concepto de cultura que nos trasmitía Fina en esta «educación-acción»,  nos parece admirable.
¿Cómo llegamos a organizarnos de esta forma? No retengo exactamente las motivaciones. Sí recuerdo la figura alta y un poco irreal de la Maestra, su mirada azul y sus manos guiadoras, cuando nos leía algún trozo de Rodó, suavemente recostada contra el marco del salón. No me sorprende entonces que llamáramos «Ariel» a nuestra República., ni que su escudo realizado por nosotros y seleccionado por concurso, tuviera, «sobre el fondo blanco de la pureza, tres franjas: el marrón y el verde de nuestros campos y el rojo de nuestro entusiasmo» como constaba en el Acta Nº3, que se grabó en mi memoria.
Además de escudo, tuvimos un Boletín informativo que llegaba a nuestras casas, realizado a mimeógrafo. Y tuvimos, aunque mi lamentable oído musical no puede dar testimonio, nuestro himno, que no era marcial, sino inventado sobre un ritmo de vidalita. ¿No es acaso lo más hermoso imaginar un himno-vidalita para escolares uruguayos?
Sobre los otros poderes del Estado, puedo testimoniar que el Poder Judicial lo integraba ella misma, la Secretaria de la Escuela y un compañero. Y que, frente a la carencia de más «elegibles», el Poder Legislativo fue recreado en vivo y en directo en el viaje a Montevideo con visita al Salón de los Pasos Perdidos. (De cualquier forma aquello funcionaba casi como una democracia directa).
Dos experiencias más, sorprenden esta liberación de recuerdos.
Es la primera, la lectura, comentarios y trabajos realizados sobre un texto de Francisco Espínola, en aquellos tiempos todavía inédito: «Las Ratas». Hoy, 40 años después, renovamos nuestra admiración por la docente capaz de lograr el milagro de la atención simpática de treinta niños, al tiempo que alejaba el terror o el rechazo de la intensidad de un relato del que rescató su esencia porque no se quedó con el dolor y transformó nuestra emoción en solidaridad con los marginados. Porque si fuimos llorosos lectores de la metáfora casi brutal de las ratas achicharradas por el chorro caliente de la caldera de la servidora del cuento de Paco, fuimos cada día más solidarios con nuestro Luis Alberto al que también diariamente queríamos más
Es la segunda, la elaboración, para la fiesta de Fin de Año, de una leyenda. Texto al que todos aportamos y del que naciera una representación bailada en la tierra del canto (creo que se llamó ‘Canteland’), con un hada que hacía renacer, en una naturaleza que aparecía como muerta en la primera escena, toda la vida; emociones y belleza de la música, la poesía y la danza.
Buen final de recuerdos para la culminación de la escuela, para comenzar la vida y recordar a la Maestra Josefina Massaia.

La Carpintería del Tito

el taller de tito

el taller de tito

El taller, que está en Ituzaingó casi Batlle y Ordoñez, por aquellos años disfrutaba de «guardia permanente». «Dos veces se me aparecieron en la carpintería. Una vez estaba el Dentista (Luis) Malespina conversando conmigo. Saltó el gancho de la puerta y entraron a prepo y a los gritos» recuerda Tito.

 

-¡Saque los documentos!
-«No, porque los tengo en el bolsillo de atrás y no hace mucho en Montevideo le metieron tiros a uno porque hizo el gesto de sacar los documentos del bolsillo de atrás».
-¡Déme los documentos!
-«Yo me di vuelta y los saqué».
«Teníamos colgadas las cabezas de tarariras y pescados…Entonces se subió a una silla, le dijo al otro que lo alumbrara mejor y se puso a revisar para ver si teníamos algo escondido».
-¿Usted que guarda aquí? ¿Qué hay ahí?
-«Nada. Son recuerdos Puede haber aserrín que vuela al cortar la madera».
«Pasó a la pieza, porque yo vivía allí mismo. Le pregunté al otro que lo conocía de la calle: ¿Qué pasa aquí?
-¡Cállese la boca!
«Revolvió todo, tiró la ropa, levantó el colchón…»  
-¡No hay nada mi capitán!
-«Revisaron el otro galpón donde trabajaban los hermanos Lacava. Llaman a Luis que estaba quietito en la cocina y yo tenía mucho miedo por él, que en ese momento era el Secretario del Partido Socialista. Pensé que a Luis lo llevaban al cuartel; pero no, no pasó nada. Se fueron. Fue al poquito tiempo de que nos habían echado»
«En esos días pasaban con los bancarios en camiones. Había gente que aplaudía a las fuerzas conjuntas. Me acuerdo que Fermín Nantes, se lo llevaban y me gritó: «¡Tito!» Era un dolor. Porque llevaban gente buena que pensaba distinto».
«Aparecieron otra vez también, pero era de día; un oficial gordo».
-«¿Qué hacen aquí?»
-Denunciaron que aquí había armas.
-«No, mire, hay una vecina que ya ha denunciado a otros. Pero aquí apenas hemos hecho un autito de carrera para los niños que hay que desarmarlo para sacarlo porque el zaguán es muy angosto. Y somos gente de trabajo, acá».
-Bueno lo tengo que llevar al Consejo del niño, porque tiene que hacer unos trabajos. ¿Tipo trabajo forzado? le pregunto desconcertado.
-«No, no. (y se ríe un poco) Les di presupuesto; Hice los trabajos y los pagaron. Estaba este señor (Joaquim) de Almeida al que echaron. Durante la Dictadura también hice trabajos en el albergue que está del Parque para adelante.
Ahí vi cada injusticia con los gurises… Pero yo no podía decir nada porque te daban un culatazo en la cabeza
Perdí muchos clientes. Sobre todo el principio fue bravo. Decían que eras comunista. No «frenteamplista» porque causaba más miedo el comunismo. Pero mucha otra gente me llamaba para hacerles trabajos y así fuimos pasando. Varias veces comimos en la casa de algunas profesoras, Mirtana, Faruelo… Te emociona eso todavía. Hasta que se acabó la dictadura y cuando volvimos nos encontramos con la gente que había puesto los milicos verdes a dedo. Fue una lucha grande, pero aguantamos, qué íbamos a hacer. Muchos de ellos, que nos vendieron, después vinieron a saludarnos. A dos de ellos no les di pelota. A uno de servicio y a uno de la administración que nunca más lo saludé.»

Una recuerdo
solidario
En medio de mucha miseria humana había gente, y la memoria es ingrata, que merece un recuerdo.
«El Dr. Barreiro tuvo una conducta muy especial. Llegó a San José y a los pocos días vino con una canoa medio vieja y un motor. Conseguimos una canoa buena y de primera le dimos al motorcito y marchó. Después empecé a hacerle trabajos y toda la vida, hasta muy poco antes de morir. Un campamento entero, todos los muebles de la casa, una canoa forrada en fibra de vidrio. A él también lo detuvieron. Fue un hombre extraordinario» 

El respeto por «El baqueano»

Tito

Tito

 En la larga conversación, un tranquilo domingo por la tarde, los recuerdos discurren por sus propios cauces y reaparecen episodios hoy casi olvidados.

«El susto fue cuando hubo un temporal enorme, las aguas llegaron de 25 a calle Artigas, estaba cortada la ruta.
A la una y media de la mañana llaman y era la Policía (año 72, todavía estaba trabajando en el liceo) pero el ambiente estaba complicado.»
– No pasa nada Tito. Hay un ómnibus detenido en la Ruta 3 porque se fue a la banquina y lo tapa el agua.
«Precisaban el bote para sacar a la gente, lo cargamos y agarran derecho para el Parque. Ahí no más había un griterío bárbaro, estaba el ómnibus pegado al puentecito y estaban todos arriba del techo. Bajamos el bote, tomé la guía de los alambres del teléfono. Me parecía  imposible. Bájense, les dije a los cuatro policías que pretendían ir conmigo. Eran del «British» los chiquilines. El bote de los Bomberos había enganchado el motor en los alambrados y no lo podían sacar.
Cargué 11 de primera. El agua tapaba las ventanillas del ómnibus. Al volver las luces de los autos me encandilaban. ¡Por favor apaguen todas las luces! les grité. En el río, por más tormenta que haya, uno ve en la noche. Ahí los bomberos hicieron otro viaje. Yo con otro, terminamos. Pero me quedaba el chofer que se ve que se creía el capitán del barco y no se quería bajar.
Cuando sacamos a todos me iban a dejar en la carretera, pero les dije a los milicos: Me tienen que llevar a casa con el bote Y lo hicieron.
Al otro día fuimos (con Danilo González) al barrio de la OSE a llevar leche y pan a los chiquilines. Les dejamos el bote para que pudieran pasar. El agua venía bajando, ya al ómnibus se les veían las ventanillas.
Al otro día salió en «Los Principios» que gracias a la Policía y a los bomberos se habían salvado 42 personas.
El señor del año para ese periódico fue Milton Píanzzola, el Intendente, que no había hecho nada.