El hallazgo de Rodrigo Zorrilla

Hemos escrito, hace años, haciendo una estimación de la evolución de la pintura en el siglo XX, que ésta parecía canalizarse formalmente o técnicamente por dos grandes vertientes que «grosso modo» se manifestaban en dos modalidades extremas: el geometrismo y el informalismo. Y como un vasto entramado intermedio, todo el resto de la figuración y la no figuración.

El autor...

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...y las obras

...y las obras

También dijimos que el geometrismo tenía su máxima expresión técnica en el constructivismo y que el informalismo aparecía casi «espontáneamente» con la obra de Jackson Pollock; habría que explicar más en detalle estas dos afirmaciones. Pero, más aún, una tercera: la de que quien llena de contenido estético al constructivismo es Joaquín Torres García.
Sin exagerar, nos damos cuenta que la explicación y fundamentación de lo que decimos en estos dos párrafos daría para un extenso debate que podría requerir de tomos enteros.
No se asuste; no lo vamos a empezar aquí.
Pero sí se hace obligatorio aclarar que ni Jackson Pollock ni Torres García florecieron en un hongo. Como siempre ocurre, en ellos eclosiona la toma de conciencia de un segmento histórico: son un producto, una consecuencia, una toma de conciencia de todo el desarrollo de la pintura anterior.
Si bien se conviene en aceptar (sólo por establecer una «fecha» de inicio) que el constructivismo tiene sus raíces echadas en la obra de Paul Cezanne; puede rastrearse el planteo del informalismo en las de William Turner y Claude Monet, y aún siendo más osados, hay una sugerencia de lo informal en aquel consejo que Leonardo Da Vinci daba a sus alumnos de inspirarse en las manchas de humedad de las paredes. Del mismo modo puede apreciarse la humana necesidad de orden en las geometrizaciones que todos los pueblos han expresado a lo largo de la Historia.
Lo dicho viene a cuento para ubicar en su contexto y en su jerarquía  la obra que hoy se ofrece a nuestro público en el Espacio Cultural.
Imaginamos a Rodrigo Zorrilla antes que nada como un creador serio en el sentido que su obra es expresión sensible de un proceso meticuloso de elaboración intelectual y técnica. Parece incorporar al acervo informalista un hilo conductor de orden estético; la original realización de un motivo milenario: el retrato.
Porque lo acostumbrado es ver una representación imitativa de rasgos del modelo y se ha llegado a hablar de «penetración sicológica» cuando algunos de esos rasgos son acentuados en uno u otro sentido. Siempre media una alusión al parecido o la evocación que esa figura insinúa del modelo.
Lo que nos parece destacable del aporte de Zorrilla es su intento de retratar partiendo de su interioridad hacia la interioridad del retratado. Quizás aún, tampoco es novedoso esto en el arte: ¿Cómo, por ejemplo podemos imaginar un retrato de Cristo, o de Colón, o de Artigas, o de Espartaco, si no es a través del «viaje» de interior a interior del aludido y el creador?
La peculiaridad de la obra de Zorrilla reside en hacerlo valiéndose de la herramienta del informalismo. Que por añadidura nos despierta reflexiones de tinte filosófico acerca de un tema que ha determinado el pensamiento de la Humanidad desde sus comienzos como tal: la muerte o el sentido de la vida.
¿No es mucho más elocuente, profundo y expresivo este retrato de Quiroga, que nos ofrece el pintor, que las fotografías que de él conocemos? ¿Quién dijo que un retrato es un parecido de rasgos y no en cambio una traducción de vivencias concretadas en un gesto, un chorro de pintura?
Esas manchas, superpuestas, interactivas, dinámicas, aleatorias… Esos trazos insinuados, indefinidos, afirmativos, premeditados… En el contexto del marco limitador, de un plano que condiciona, de una referencia nominal ¿no se parecen a la vida? ¿No es nuestra vida otra cosa que una sucesión de etapas que se modifican e inter-influyen? ¿No iniciamos el camino en una mancha de esperma? ¿Y no aplicamos la última mancha cuando hemos agotado los límites del cuadro? Y, por fin, ¿no pretendemos que al menos ese cuadro figure junto al resto, en la gran exposición de la sociedad y la historia?

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One Response to El hallazgo de Rodrigo Zorrilla

  1. tesalia says:

    este zorrilla esta acomodado en Carrasco , asi cualquiera es artista , pura politica

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