Las imágenes del retroceso

"Su" Gimenez

"Su" Gimenez

"Cuqui" Lacalle

"Cuqui" Lacalle

Las 200.000 rapiñas de García Pintos

“Los chorros llegaron al gobierno”. Así se expresó Daniel García Pintos aquí en San José, en conferencia de prensa. ¿A qué se refería? Aunque el proceso de su pensamiento no es fácil de seguir para otra mentalidad -¿que se mantenga sana?-, haré el esfuerzo de reproducir sus secuencias. Este político estaba hablando del delito y de la inseguridad y mezclando en la cosa el tema de los jóvenes. De pronto, siguió con una esotérica afirmación: Si se denunciaron 100.000 rapiñas en 2008, en Uruguay hay 200.000 robos por año. Es su conclusión matemática ya que -según él-, la mitad de la gente no radica la denuncia porque ya sabe que la policía no podrá hacer nada. Por lo tanto, no es que se pueda estimar sino que “hay 200 mil robos por año en Uruguay”. Esta fiesta del delito, según él, fue prevista por los “chorros” cuando se alegraron de que ganara el Frente Amplio porque sabían que nadie los iba a perseguir. Entonces, en otra soberbia inducción, concluyó que “los chorros llegaron al gobierno”. Este es su lenguaje. Pero su discurso se completa visualmente y el verdadero mensaje se compuso con la presencia de dos militares retirados de alto rango en su estrado. Rodeado por los militares Raúl Mermot y Ramón Trabal, dejó bien claro su enfoque: si con el Frente Amplio ganaron los chorros, con el gobierno cívico militar (dictadura, digamos) se defendió la honestidad.

La eficiencia de Pedro

No nos extraña entonces que García Pintos no esté apoyando en su interna a quien parecía su natural candidato. Pedro Bordaberry prometió hace unos días sobre este tema al que la sociedad está tan sensible, que en 24 meses las cifras de los delitos serán bajadas a la mitad. Quizá deban sacar las cuentas juntos porque no sabemos si es la mitad de 100 o la de 200 mil delitos la que deberá bajar. Es decir, ¿serán 50 o serán 100 mil robos menos en 24 meses? No es changa la diferencia para Pedro y su equipo de magos.

La oratoria de Lacalle

El ex presidente, tiene otra presentación. Se produce más modernamente. Campechano pero no tanto como antes (porque hay que dejar solo a Mujica con sus chabacanerías), neoliberal con De Posadas pero arrimando al wilsonismo y sus planteamientos sociales, emergente de la historia de la derecha del Partido Nacional que hay que mostrar como la del país todo para pescar los votos útiles colorados, explotando todas las calenturas que el IRPF esté causando en votantes de izquierda un tanto débiles al consumo, Lacalle está demostrando una capacidad oratoria asombrosa,  que, a veces, también asombra por sus patinadas. La que cometieron en el texto escrito de su programa que pregona la tolerancia cero con los jóvenes que cometieran infracciones y que el candidato corrige oralmente como “error de borrador”. O cuando afirma que a los textos de la Historia reciente que comenzaron a usarse en esta administración, “yo, los tiro”. Feas premoniciones detrás de esas “patinadas”. ¿Va a tirar textos de Barrán, Caetano, Rilla, Demassi? ¿Los tira y los quema? ¿Recuerda Lacalle, en la historia de la humanidad, quiénes hicieron requisas de libros o los mandaron a la hoguera? ¿Recuerda quiénes le quemaron los libros a Don Quijote?

Susana, Hola

Otra figura televisiva agita fantasmas. Pertenece a la TV. En apariencia no es política y es inocente de cualquier pensamiento ideologizado. Ella, únicamente, ha estado dedicada al entretenimiento. Por eso muchas zonas tenebrosas de su pasado y de su presente empresarial, quedan olvidadas cuando Susana llora por la muerte de un perrito. O cuando Susana grita su amor a un/a televidente que, además, está al teléfono, deshecho/a en lágrimas. O cuando dialoga con Gasalla con inteligencia, comprensión y sentido del humor. Pero, en estos días, a propósito del asesinato de uno de sus ayudantes  más queridos, se ha transformado en el juez inimputable de una sociedad argentina insegura. Y de la uruguaya. Porque su exigencia de “muerte a los culpables” cruzó el charco para sumarse a todas las “tolerancias cero” que andan por ahí. En especial, al coro que enumera delitos en los informativos diarios.

El poder de los fantasmas

En otras campañas políticas, agitando famosos fantasmas, los dueños del poder mediático supieron apoyar a quienes iban a mantener sus prerrogativas. El escándalo de una inseguridad que nos hacen compartir a todos, parece ser hoy la mejor forma de atemorizar a los votantes. Y las promesas de soluciones rápidas, cortantes, expeditivas, la mejor forma de conquistar voluntades.
La historia reciente, la que no quieren dar a conocer a los jóvenes y niños uruguayos, puede ayudarnos mucho a desenrollar esta madeja.

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