Lecturas, mujeres y lavarropas

Cuando uno ya no estudia sino que lee, los temas, variados, generan un pensamiento disperso y, casi seguramente, bastante superficial. Por eso esto no es una reflexión sino una disculpa para esta gran mezcla que propongo a los lectores, en la que, sin embargo, hay alguna idea obsesiva.

Numeremos las 4 lecturas: 1) Las recomendaciones de la «Economía doméstica para bachillerato y magisterio», sección femenina de la Falange española de 1958, publicada en el anterior San José Hoy. Allí debían aprender las jóvenes dueñas de casa cómo contentar al esposo sin escatimarse humillaciones y cómo usar el lavarropas en beneficio de la paz hogareña. 2) De L’Osservatore Romano, periódico oficial de la Iglesia Católica, el artículo de Julia Galeotti sobre «La máquina de lavar y la emancipación de la mujer» cuyo título «Poné el detergente, bajá la tapa y relajate», puede verse como un comentario al anterior. (La Diaria (09/03/09). 3) La noticia sobre una niña brasileña de 9 años, violada y embarazada por su padrastro, a la que los médicos de Recife practicaron un aborto. (De la publicación anterior y toda la prensa.) 4) El especial estado de ánimo que produce la lectura de «El bastardo», la novela biográfica sobre Roberto de las Carreras en la que Carlos María Domínguez revela la intimidad de la «sociedad rioplatense de 1900, la hipocresía de buena parte de los hombres públicos y la intromisión del Estado en la vida privada de las personas».

1- El primero, alejado en la cotidianeidad de la España franquista, provocó nuestro humor y nuestra orgullosa sorpresa ante aquel increíble atraso; el reconocimiento de cuánto nos hemos superado las mujeres y de cómo la sociedad y sus normas morales han evolucionado. (Se podía leer también con asco o como el guión para una comedia costumbrista). En todo caso, tiempos pasados.

2- Luego de un domingo lleno de reclamos y festejos por el día internacional de la mujer, este lunes 9 de marzo encontramos una pregunta, formulada con sagacidad, que nutre nuestra segunda observación: «En el siglo XX, qué fue lo que tuvo más influencia en la emancipación de las mujeres occidentales?» Los ejemplos son: la pastilla anticonceptiva, la liberalización del aborto, trabajar fuera del hogar. Sin embargo, la convicción de la periodista que escribe en el periódico vaticano, es casi escandalosa por su nimiedad: El lavarropas, inventado por el teólogo alemán J. Ch. Schaffern en 1767, en sus versiones posteriores y más ágiles, habría sido un factor fundamental de emancipación femenina. (Siempre que no utilicemos el tiempo ganado en hacer lo que aconsejaba la sección femenina de la falange).

3 – En el país vecino una madre lleva a su hija al médico por dolores abdominales y descubre que está embarazada de mellizos. Autoriza el aborto aconsejado por los médicos que observan riesgo de vida en la niña y de acuerdo a las condiciones que establece la legislación brasileña. El arzobispo zonal, José Cardoso, presiona para impedirlo y luego excomulga a todos los adultos que tuvieron que ver con el aborto. A excepción del padrastro, violador durante varios años. La Conferencia Nacional de Obispos de Brasil y el Vaticano apoyaron la decisión del arzobispo. El Presidente Lula se horrorizó: «Como cristiano y católico, lamento profundamente que un obispo de la Iglesia Católica tenga una actitud tan conservadora» dijo, además de dar la razón a la medicina sobre la iglesia. El tan apoyado Arzobispo, le aconsejó al Presidente que buscara «la asesoría de algún teólogo para hablar con más propiedad sobre el tema». Otra vez la teología…

4 – Estas lecturas rápidas cayeron, justamente, en ese imaginario mental y afectivo que crea la lectura de un libro como «El bastardo», la vida de Roberto de las Carreras, «l’enfant terrible» del 1900. Lo terrible de esta extensa biografía novelada, es la lúcida pesquisa en las costumbres de aquella sociedad. Esencialmente condenatoria de la madre adúltera, Clara García de Zúñiga y Elía, pero no de la codicia del esposo, José María Zuviría, ni de la astucia con la que su padre, Ernesto de las Carreras, conquistara a su madre el mismo día de su boda con el otro de quien sería muy amigo hasta el fin de sus días. El rol del Estado, de la Iglesia y de los grandes juristas de la época (hoy todos reconocibles como nombres de calles de Montevideo), es muy similar al de este arzobispo actual de Recife. La condena actual al aborto pero no al violador, muestra hasta dónde la hipocresía sigue vigente enmarcada en la misión liberadora del lavarropas y del expreso deseo del Papa Benedicto XVI, por el que las mujeres deberán ser cada vez «más respetadas y valoradas». Aunque no dijo cómo.

 

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